El dólar estadounidense cerró el 1 de julio a 59,27 pesos dominicanos, un alza del 1,03% frente al cierre previo de 58,67 pesos. En la última semana registró un avance del 2,35%, aunque en términos interanuales acumula una baja del 3,46%. La volatilidad actual del tipo de cambio alcanzó el 19,85%, muy por encima del nivel de referencia del 11,34%. Estos datos, reportados por Dow Jones, coinciden con un momento en que República Dominicana prepara su economía para 2026 bajo expectativas de crecimiento del PIB cercano al 4%.
El informe de UBS Financial Services destaca que la reducción de tasas de interés y un entorno internacional más estable impulsarán la demanda interna y la recuperación del turismo. Al mismo tiempo, el presupuesto suplementario aprobado eleva el gasto de capital en 0,4% del PIB para 2025, ampliando el déficit global al 3,5%. Para 2026 el Ministerio de Hacienda apunta a un déficit de 3,2% y un superávit primario de 0,5%.

Presiones sobre el tipo de cambio
La depreciación controlada que anticipa el Banco Central —66,35 pesos para septiembre de 2026 y 69,15 un año después— refleja un escenario donde la demanda de dólares por importaciones sigue siendo superior a la oferta de divisas generada por exportaciones de servicios y remesas. Esta brecha estructural no desaparece con el superávit primario proyectado, por lo que el tipo de cambio actuará como válvula de ajuste. La diferencia entre la volatilidad observada y la de referencia sugiere que cualquier choque externo puede amplificar los movimientos diarios más allá de lo que los modelos tradicionales prevén.
Efectos diferenciados en sectores productivos
Los importadores de bienes de capital y materias primas enfrentan costos crecientes que, en un primer momento, se trasladan a precios internos. Sin embargo, el sector turístico y las zonas francas exportadoras pueden beneficiarse de un peso más débil, siempre que la demanda externa no se contraiga. Las remesas, que representan cerca del 8% del PIB, pierden poder adquisitivo local cuando el dólar se fortalece, afectando directamente el consumo de los hogares receptores. Esta distribución asimétrica de ganancias y pérdidas genera tensiones políticas que el gobierno debe gestionar mediante transferencias focalizadas o subsidios temporales.
Tres lecturas estructurales
La primera lectura apunta a que la volatilidad elevada no es solo ruido de corto plazo, sino el resultado de una menor profundidad del mercado cambiario dominicano frente a flujos de capital más volátiles. Cuando la Reserva Federal modifique su ritmo de recortes, la prima de riesgo de República Dominicana puede ajustarse rápidamente y amplificar la depreciación más allá de la trayectoria lineal que hoy proyecta el Banco Central. La segunda lectura señala que el optimismo de UBS sobre el crecimiento del 4% depende de que los estímulos fiscales no generen presiones inflacionarias que obliguen al Banco Central a endurecer la política monetaria antes de lo previsto. La tercera lectura advierte que la estabilidad de la deuda pública en torno al 58% del PIB puede erosionarse si los eventos climáticos adversos —ya identificados como riesgo principal— obligan a un aumento inesperado del gasto de reconstrucción.
Perspectivas de los actores clave
El Banco Central prioriza la acumulación de reservas para defender la banda de depreciación controlada, mientras el sector exportador de servicios presiona por mayor flexibilidad cambiaria que mejore su competitividad. Los importadores y el comercio minorista, por su parte, prefieren estabilidad para planificar precios y márgenes. Los hogares de menores ingresos, dependientes de remesas, ven amenazada su capacidad de compra y exigen compensaciones que el presupuesto de 2026 aún no contempla de forma explícita. Esta divergencia de intereses explica por qué cualquier anuncio de intervención del Banco Central genera reacciones inmediatas en los mercados paralelos.
Riesgos y trayectoria probable
El escenario base de UBS contempla un déficit en cuenta corriente de entre 2% y 2,5% del PIB, financiado por inversión extranjera directa entre 3,5% y 4% del PIB. Sin embargo, una desaceleración del turismo por factores externos o una reducción de las remesas por cambios en la política migratoria de Estados Unidos podrían ensanchar esa brecha y acelerar la depreciación. Los eventos climáticos representan el riesgo de mayor impacto inmediato: un huracán de categoría alta no solo eleva el gasto público, sino que reduce temporalmente los ingresos por turismo y exportaciones agrícolas, presionando simultáneamente el tipo de cambio y las reservas internacionales. La probabilidad de que estos riesgos se materialicen de forma simultánea es baja, pero su costo fiscal y social sería elevado si coinciden con un ciclo electoral.
El tipo de cambio seguirá actuando como termómetro de la confianza en la combinación de políticas fiscales y monetarias. La trayectoria hacia 66-69 pesos en 2026-2027 parece consistente con los fundamentos actuales, siempre que no se produzcan choques externos de magnitud significativa. La capacidad de las autoridades para mantener la volatilidad dentro de rangos predecibles dependerá tanto de la acumulación de reservas como de la credibilidad de los compromisos fiscales anunciados.
