Dólar cierra a 6,85 bolivianos el 6 de julio

En el cierre de operaciones del 6 de julio, el dólar estadounidense se cotizó en promedio a 6,85 bolivianos, lo que supone una disminución del 0,15% respecto al valor de 6,86 bolivianos registrado el día anterior, según datos de Dow Jones. Este movimiento se inscribe en una tendencia reciente de menor volatilidad en el mercado oficial, aunque el tipo de cambio sigue operando en un contexto de marcada dualidad con el segmento paralelo.

Evolución semanal y anual del tipo de cambio

Durante la última semana el dólar acumuló un avance del 1,65% frente al boliviano, mientras que en términos interanuales el incremento alcanza el 1,59%. La volatilidad actual se sitúa en 10,14%, por debajo del nivel de referencia del 16,02%, lo que apunta a una fase de relativa estabilidad en las operaciones formales. No obstante, esta calma contrasta con la dinámica observada en el mercado informal, donde las cotizaciones permanecen significativamente más elevadas.

La tendencia negativa observada en los últimos días responde en parte a la mayor oferta de divisas que el Banco Central de Bolivia ha comenzado a liberar de manera gradual como parte del proceso de unificación cambiaria anunciado para el primer semestre. Esta medida busca reducir la brecha entre el tipo oficial y el valor de mercado, aunque su impacto sigue siendo limitado en el corto plazo.

Perspectivas del mercado paralelo y reformas

El mercado paralelo mostró estabilidad temporal a inicios de 2026 con cotizaciones cercanas a 9,64 bolivianos, impulsadas por las expectativas generadas tras el anuncio de un financiamiento de 4.500 millones de dólares del BID para el período 2026-2028. El Gobierno boliviano mantiene como meta reducir el déficit fiscal al 7% este año, al tiempo que proyecta una inflación de hasta el 17%.

El Banco Central publica diariamente valores referenciales que oscilan alrededor de 9,21 bolivianos para la compra y 9,40 para la venta. Aunque el tipo oficial permanece fijado en 6,96 bolivianos, su relevancia en las transacciones comerciales continúa disminuyendo frente a los precios de mercado. Esta divergencia refleja la persistente presión sobre las reservas y la demanda insatisfecha de divisas en el sistema financiero.

Proyecciones de organismos internacionales

El FMI había advertido que la inflación podría superar el 15% si no se controla la emisión monetaria, aunque la institución optó por no publicar estimaciones detalladas a largo plazo debido al alto nivel de incertidumbre. Por su parte, el Banco Mundial anticipa una contracción del PIB del 1,1% para 2026, mientras que la CEPAL prevé un crecimiento marginal del 0,5%.

Estas proyecciones divergentes ilustran la complejidad del escenario actual. La combinación de déficit fiscal elevado, inflación en ascenso y contracción económica plantea desafíos estructurales que el proceso de unificación cambiaria busca mitigar, aunque los resultados dependerán de la consistencia en la ejecución de las reformas y de la evolución de los flujos externos de financiamiento.

Transición estructural tras la volatilidad de 2025

Tras la fuerte volatilidad experimentada en 2025, Bolivia enfrenta ahora una transición que exige ajustes simultáneos en la política monetaria, fiscal y cambiaria. La liberación progresiva de dólares en el sistema financiero y la difusión diaria de valores referenciales por parte del Banco Central constituyen pasos concretos en esa dirección, pero su efectividad dependerá de la capacidad de restaurar la confianza de los agentes económicos.

La brecha entre el tipo oficial y el paralelo sigue siendo el principal indicador de las tensiones acumuladas. Mientras persista esta diferencia, las operaciones comerciales continuarán desplazándose hacia valores de mercado, reduciendo progresivamente el peso del tipo de cambio oficial en la economía real. El desenlace de este proceso dependerá tanto de factores internos como de la evolución del financiamiento externo comprometido para los próximos años.

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