Dólar a 24 pesos oculta presiones en Cuba

El dólar estadounidense abrió el 6 de julio cotizando a 24 pesos cubanos en el mercado oficial, sin variación respecto al cierre previo. Esta cifra se mantiene estable desde hace varias jornadas según datos de Dow Jones, con una volatilidad actual del 1,33 por ciento, muy por debajo del promedio histórico del 3,58 por ciento. Al mismo tiempo, el Gobierno proyecta un crecimiento del 1 por ciento para 2026, idéntica meta que no se cumplió en 2025 por la contracción del PIB.

La combinación de tipo de cambio fijo y meta de expansión modesta revela un esfuerzo por transmitir normalidad en un contexto que el ministro de Economía Joaquín Alonso describe como “economía de guerra”. La inflación prevista del 10 por ciento supone una reducción frente al 14,07 por ciento registrado al cierre de 2025, mientras el déficit fiscal se mantiene en torno a 74.500 millones de pesos cubanos.

La paridad oficial como señal de control

La ausencia de movimiento en el tipo de cambio no refleja ausencia de presión. Desde la unificación monetaria de 2021, el peso cubano ha perdido capacidad de compra frente a bienes importados y servicios dolarizados. El mercado informal sigue operando con brechas significativas que el reporte oficial no registra. Esta brecha alimenta la dolarización de facto que el propio Gobierno reconoce como uno de los problemas estructurales persistentes.

El sector turístico y los servicios médicos exportados aparecen como pilares para generar divisas. Sin embargo, ambos dependen de variables externas: recuperación de viajes internacionales y demanda de convenios médicos con terceros países. Cualquier interrupción en estos flujos compromete directamente el 1 por ciento de crecimiento proyectado.

El déficit fiscal como límite estructural

Los 3.100 millones de dólares equivalentes al déficit presupuestario representan una carga que Cuba ya arrastraba el año anterior. La promesa de atraer inversión extranjera con mayor transparencia choca con la realidad de escasez de productos básicos, apagones recurrentes y una migración que reduce la fuerza laboral disponible. Entre 2020 y 2024 la economía acumuló una contracción del 11 por ciento; el retroceso adicional del 1,1 por ciento en 2024 confirma que la recuperación post-pandemia se agotó.

La decisión de mantener la paridad en 24 pesos por dólar mientras se opera en “economía de guerra” genera tensiones entre quienes necesitan divisas para importar insumos y quienes reciben ingresos en pesos. Los productores estatales y las empresas mixtas enfrentan costos crecientes que no pueden trasladar plenamente a precios regulados.

Perspectivas contrapuestas entre actores internos

Para el Gobierno, la estabilidad cambiaria y la meta de inflación a la baja constituyen señales de que las reformas graduales están funcionando. Para los ciudadanos que dependen del mercado informal, la misma estabilidad oficial amplifica la sensación de que el peso pierde valor real cada mes. Los exportadores de servicios médicos ven con preocupación que cualquier deterioro de los convenios internacionales reduciría los ingresos en divisas que financian el presupuesto.

Los potenciales inversores extranjeros reciben señales contradictorias: facilidades prometidas por un lado y un contexto de racionamiento energético y escasez de divisas por otro. Esta contradicción explica por qué los anuncios de apertura no han generado todavía flujos significativos de capital productivo.

Riesgos de la narrativa de guerra

El marco de “economía de guerra” puede justificar controles adicionales sobre el uso de divisas y precios, pero también reduce los incentivos para reformas más profundas. Si el turismo no alcanza las cifras esperadas o los convenios médicos se revisan a la baja, el 1 por ciento de crecimiento se volverá inalcanzable sin nuevo endeudamiento o emisión monetaria. Ambos caminos agravarían la inflación y la dolarización que ya se busca contener.

La volatilidad reducida del tipo de cambio oficial puede revertirse rápidamente si aumenta la demanda de dólares para importaciones básicas o para atesoramiento privado. En ese escenario, la brecha con el mercado paralelo se ampliaría y la credibilidad de la paridad oficial se erosionaría en meses.

Escenarios para 2026 y más allá

Si el turismo crece conforme a las proyecciones y los servicios médicos mantienen sus contratos, Cuba podría registrar el 1 por ciento de expansión sin mayor deterioro macroeconómico. Sin embargo, un shock externo en los precios del combustible o una reducción de los convenios médicos empujaría el crecimiento hacia terreno negativo por tercer año consecutivo. El margen de maniobra fiscal es estrecho: el déficit ya representa una proporción elevada del PIB y no hay espacio evidente para estímulos adicionales.

La estabilidad actual del dólar oficial funciona como ancla nominal, pero su sostenibilidad depende de que los ingresos en divisas cubran tanto las importaciones esenciales como el servicio de la deuda implícita que representa el déficit. Cualquier desequilibrio entre esas dos variables obligaría a ajustes que el Gobierno ha evitado desde la unificación monetaria.

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