La Tasa Representativa del Mercado se ubicó en 3.241,75 pesos el 10 de julio de 2026, un nivel que los modelos de equilibrio sitúan entre 400 y 640 pesos por debajo de su rango técnico. Esta brecha no es solo un dato estadístico: representa un desajuste que afecta decisiones de inversión, exportaciones y la propia política monetaria del Banco de la República.
La apreciación del peso ha sido la más rápida en una década. En los últimos doce meses la moneda ganó 24,4 por ciento frente al dólar, mientras que en lo corrido de 2026 el avance supera el 16 por ciento. Detrás de este movimiento hay una combinación de factores que van desde la venta masiva de divisas por parte del Ministerio de Hacienda hasta el diferencial de tasas que atrae capitales de corto plazo.

El peso de las ventas de divisas del Gobierno
Entre septiembre y diciembre de 2025 el Ministerio de Hacienda colocó cerca de 9.000 millones de dólares en el mercado local para financiar operaciones internas. Parte de esa liquidez provino de la colocación de 23 billones de pesos en bonos a Pimco. Esa inyección simultánea de divisas coincidió con un debilitamiento global del dólar y con la decisión del Banco de la República de subir la tasa al 12 por ciento, por encima de las expectativas del mercado.
El resultado es una abundancia temporal de dólares que deprime su precio. Bancolombia señala que, al aislar factores de liquidez y compararlos con exportaciones e inflación, la tasa actual se aparta de sus fundamentos de largo plazo. Los modelos de Grupo Cibest sitúan el valor teórico en 3.710 pesos, con un rango de equilibrio entre 3.710 y 3.880 pesos.
Tres factores que explican la sobreapreciación actual
El primero es el diferencial de tasas. Una tasa del 12 por ciento en Colombia, frente a niveles cercanos al 3 por ciento en economías desarrolladas, estimula operaciones de carry trade que presionan al alza al peso. El segundo es la mejora en la percepción de riesgo soberano tras el cambio de gobierno, reflejada en la reducción de los credit default swaps a cinco años. El tercero es el comportamiento de los términos de intercambio, impulsados por los precios del petróleo Brent, aunque esta relación ha perdido fuerza en semanas recientes.
Goldman Sachs ya ajustó sus proyecciones a la baja: espera 3.350 pesos en tres meses, 3.300 en seis meses y 3.200 en un año. Estas cifras están por debajo de su estimación previa de equilibrio en torno a 3.500 pesos. El banco reconoce que la moneda opera por encima de su valor fundamental y que la materialización del ajuste fiscal prometido será determinante para sostener la tendencia.
Perspectivas de exportadores y sectores productivos
Para los exportadores de bienes no tradicionales la apreciación reduce márgenes de forma inmediata. Sectores como el minero-energético y la construcción enfrentan un rezago que podría prolongarse si el tipo de cambio permanece por debajo de 3.400 pesos durante varios trimestres. La encuesta de Citi recoge un consenso de cierre de 2026 en 3.629 pesos, pero analistas como Daniel Velandia de Credicorp Capital advierten que una caída adicional de 100 a 150 pesos es posible en el corto plazo antes de que se estabilice la tendencia.
Por el contrario, importadores y consumidores de bienes dolarizados ven alivio en los precios. La reducción del costo de insumos importados puede moderar presiones inflacionarias en algunos rubros, aunque el índice de precios al consumidor acumula cuatro meses de alzas hasta junio de 2026.
El riesgo de una sobrerreacción fiscal
Felipe Campos, de Alianza Valores, plantea que una reforma fiscal que logre ahorrar 40 billones de pesos, combinada con anuncios petroleros, podría generar una sobrerreacción y llevar la TRM hasta 2.800 pesos. Ese escenario devolvería al dólar a niveles no vistos desde octubre de 2018. Sin embargo, el mismo analista reconoce que la probabilidad depende de que las medidas superen los trámites en el Congreso sin diluirse.
Mauricio Acevedo, de Corficolombiana, destaca que las altas tasas locales y la estrategia de carry trade para controlar la deuda siguen favoreciendo la entrada de capitales. Si el Banco de la República eleva la tasa otros 50 puntos básicos hasta 12,5 por ciento, el atractivo del peso se mantendría incluso ante una caída adicional del crudo.
Escenarios para 2027 y factores de normalización
Bancolombia proyecta que el dólar se moverá entre 3.400 y 3.650 pesos en los próximos meses mientras el sistema absorbe el exceso de liquidez. La convergencia estable por encima de 3.700 pesos se consolidaría en 2027, una vez desaparezcan los factores extraordinarios de oferta. Esa trayectoria dependerá de tres variables clave: el control de la inflación, el impacto del fenómeno de El Niño sobre la oferta energética y el ritmo de crecimiento de la construcción.
Si el ajuste fiscal anunciado no avanza o enfrenta bloqueos legislativos, parte del optimismo actual podría revertirse. Una reversión parcial de la apreciación devolvería presión sobre las importaciones y podría obligar al Banco de la República a mantener tasas altas por más tiempo, con efectos sobre el crédito y la actividad productiva.
El consenso apunta a una corrección gradual más que a un ajuste abrupto. La velocidad de esa normalización dependerá de la disciplina fiscal del nuevo Gobierno, de la evolución del índice de precios al consumidor y de las condiciones de seguridad que influyan en la inversión extranjera directa. Mientras tanto, el mercado sigue operando con una prima de riesgo que ya incorpora expectativas de mayor ingreso de divisas por reactivación de sectores como el petróleo y el carbón.
