La selección de Corea del Sur regresó al país el 30 de junio de 2026 y fue recibida en el Aeropuerto Internacional de Incheon con abucheos, pancartas y consignas dirigidas contra el exentrenador Hong Myung-bo y la Asociación Coreana de Fútbol (KFA). La reacción de los aficionados refleja el profundo descontento por una participación que concluyó en la fase de grupos del Mundial 2026, considerado uno de los peores resultados recientes del equipo.
El vuelo procedente de México llegó alrededor de las 4 de la madrugada. Decenas de seguidores se concentraron desde horas antes con carteles que exigían cambios estructurales en la federación. Frases como “El fútbol coreano está muerto” y “Hong Myung-bo, devuelve los 2 mil millones de wones y vete” marcaron el tono de la protesta. El operativo policial incluyó aproximadamente 160 agentes para evitar incidentes, aunque no se registraron agresiones físicas.
El desempeño en la fase de grupos
Corea del Sur finalizó tercero del Grupo A con una victoria y dos derrotas. La eliminación quedó sellada tras la derrota por 1-0 ante Sudáfrica en Monterrey, partido en el que un empate habría bastado para avanzar a los dieciseisavos de final. Con la ampliación del torneo a 48 selecciones, el equipo ocupó el puesto 34 en la clasificación general, su peor posición histórica en una Copa del Mundo.
La prensa surcoreana denominó el encuentro contra Sudáfrica como el “desastre de Monterrey”. Este resultado, sumado a la temprana salida, generó cuestionamientos sobre la planificación deportiva y las decisiones tomadas por el cuerpo técnico y la dirigencia durante el ciclo de preparación.

Reacciones a la llegada de Hong Myung-bo y la dirigencia
Hong Myung-bo, ya exseleccionador, Park Hang-seo y jugadores como Lee Kang-in, Cho Hyun-woo y Hwang In-beom fueron los primeros en atravesar la sala de llegadas. El técnico caminó sin detenerse ante los manifestantes, limitándose a una breve mirada antes de abandonar el lugar escoltado por seguridad. Horas después confirmó su renuncia desde la concentración en Guadalajara.
Chung Mong-kyu, presidente de la KFA, arribó aproximadamente 40 minutos más tarde y también enfrentó gritos e insultos. Los aficionados responsabilizaron a la federación por la planeación del proyecto y exigieron una reestructuración completa del organismo. Esta presión se suma a la renuncia ya formalizada de Hong Myung-bo.
Ausencia de ceremonia oficial y contexto histórico
Por primera vez desde el Mundial de 2002, la selección regresó sin acto protocolario organizado por la KFA. La decisión fue interpretada por medios locales como reflejo del nivel de descontento acumulado. El resto del plantel, incluido el capitán Son Heung-min, regresará en vuelos escalonados durante los próximos días.
El episodio en Incheon evidencia tensiones estructurales que van más allá del resultado inmediato. La afición cuestiona tanto el rendimiento en el terreno como los procesos de selección de entrenadores y la asignación de recursos en el fútbol surcoreano, un deporte que históricamente ha representado un símbolo de orgullo nacional.
Las autoridades evitaron confrontaciones gracias al despliegue policial, pero el ambiente de protesta persistió durante varios minutos. La KFA deberá ahora iniciar el proceso de designación de un nuevo entrenador y evaluar cambios en su estructura directiva ante las demandas de renovación expresadas por los seguidores.
