Contexto histórico del euro y proyecciones cambiarias en Colombia

El euro abrió el 17 de julio cotizando a 3.722,89 pesos colombianos, un alza del 3,94 por ciento frente al cierre previo. Esta variación se inscribe en un proceso más largo de oscilaciones del tipo de cambio que se remonta a la creación del euro en 1999 y a las sucesivas crisis que han afectado tanto a la zona euro como a las economías emergentes de América Latina.

Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, el peso colombiano experimentó periodos de apreciación asociados a altos precios de las materias primas y periodos de depreciación ligados a caídas en esos mismos precios o a tensiones políticas internas. La última década ha añadido nuevos elementos: la pandemia, el endurecimiento de la política monetaria estadounidense y la pérdida de valor global del dólar en 2025, que permitió al peso ganar 14 por ciento frente a esa divisa.

Raíces de la inestabilidad cambiaria

La volatilidad actual del euro frente al peso, situada en 29,94 por ciento, supera con creces la referencia histórica del 18,66 por ciento. Este incremento refleja la combinación de factores externos e internos. Por un lado, las decisiones de la Reserva Federal de reducir su tasa al rango de 3,50-3,75 por ciento han alterado los flujos de capital hacia economías emergentes. Por otro, el Banco de la República mantiene su tasa en 9,25 por ciento, creando un diferencial que favorece operaciones de carry trade.

El Grupo Cibest de Bancolombia proyecta que el dólar promediará 3.878 pesos durante 2026. Esa estimación se basa en la continuidad de la debilidad del dólar a nivel global, el flujo constante de remesas y la expectativa de que el salario mínimo colombiano siga ajustándose al alza, lo que podría presionar la inflación local y obligar al banco central a revisar su postura.

Impacto en el comercio y las remesas

Una cotización del euro por encima de 3.700 pesos encarece las importaciones procedentes de la zona euro, especialmente maquinaria y bienes de capital que muchas empresas colombianas adquieren para modernizar su producción. Al mismo tiempo, los exportadores que venden a Europa ven reducidos sus márgenes cuando convierten euros a pesos. El sector agroindustrial, que envía café, flores y frutas a países europeos, ha registrado márgenes más estrechos en los últimos dos años precisamente por esta dinámica.

Las remesas, que en 2025 superaron los 10.000 millones de dólares, proceden en buena parte de España e Italia. Cuando el euro se fortalece frente al peso, las familias receptoras obtienen mayor poder adquisitivo local. Sin embargo, esa misma fortaleza puede desincentivar el envío de nuevos recursos si los migrantes perciben que su dinero rinde menos en origen.

Política monetaria y riesgo fiscal

El diferencial de tasas entre la Reserva Federal y el Banco de la República sostiene estrategias de carry trade que han mantenido al peso relativamente estable en 2025. No obstante, el informe de Bancolombia advierte que la incertidumbre fiscal, agravada tras la rebaja en la calificación soberana de Colombia, podría revertir esos flujos. Un deterioro adicional de las cuentas públicas o un resultado electoral que genere dudas sobre la continuidad de las reformas podría empujar al dólar por encima de la proyección de 3.878 pesos.

El proceso electoral de 2026 añade otra capa de complejidad. Históricamente, los periodos preelectorales en Colombia han coincidido con mayor demanda de dólares como activo refugio. Si esa demanda se intensifica, el peso podría perder parte de las ganancias acumuladas en 2025 y obligar al banco central a intervenir o a elevar tasas, con el consecuente encarecimiento del crédito para hogares y empresas.

Efectos sobre la vida cotidiana y la biodiversidad monetaria

El peso colombiano circula en monedas que representan la riqueza natural del país: el oso de anteojos, la guacamaya bandera, la rana de cristal y la tortuga caguama. Estas piezas, especialmente las de 500 y 1.000 pesos fabricadas en bimetal para dificultar la falsificación, forman parte del día a día de millones de colombianos. Una depreciación prolongada del peso reduce el poder adquisitivo de los salarios y encarece la canasta básica, afectando con mayor intensidad a los hogares de menores ingresos que destinan la mayor parte de su gasto a alimentos y transporte.

El diseño de las monedas también tiene un valor simbólico que trasciende lo económico. Cuando la moneda se debilita, algunos analistas observan una menor circulación de las piezas de mayor denominación, ya que los ciudadanos prefieren billetes más fáciles de manejar en transacciones cotidianas. Esta preferencia puede acelerar el desgaste de los billetes y aumentar los costos de reposición para el Banco de la República.

Perspectivas a mediano plazo

Las proyecciones de Bancolombia para 2026 asumen que la debilidad estructural del dólar se mantendrá y que las remesas seguirán fluyendo. Sin embargo, cualquier escalada en las tensiones comerciales de Estados Unidos o una nueva rebaja en la calificación crediticia de Colombia podría alterar ese escenario. En ese caso, el tipo de cambio podría superar los 4.000 pesos por dólar, nivel que no se alcanza desde la crisis de 2022.

La estabilidad del peso dependerá, en última instancia, de la combinación entre disciplina fiscal interna y un entorno externo que no genere salidas masivas de capital. Mientras tanto, el euro seguirá reflejando tanto las decisiones del Banco Central Europeo como las condiciones particulares de la economía colombiana, en un juego de equilibrios que afecta directamente el costo de vida de la población.

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