El Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) elaborado por el Inegi cerró junio en 43.8 puntos desestacionalizados, un avance de 0.4 puntos respecto al mes previo. Esta cifra marca el tercer incremento mensual del año, aunque el indicador sigue 1.8 puntos por debajo del nivel registrado doce meses antes y acumula dieciocho meses consecutivos de contracción anual. El repunte se produce después de que en mayo el ICC alcanzara su nivel más bajo en más de cuatro años, cuando cayó 0.9 puntos.
Componentes que explican la mejora mensual
La recuperación se concentró en la percepción de la situación presente. El rubro que mide la situación económica actual de los hogares avanzó 1.2 puntos, mientras que la disposición a comprar muebles y electrodomésticos ganó 1.1 puntos. La valoración de la economía nacional actual subió 0.7 puntos y las expectativas a un año para el país mejoraron 0.3 puntos. El único componente que retrocedió fue la expectativa sobre la situación económica personal dentro de doce meses, que cayó un punto.

Estos movimientos reflejan un alivio temporal vinculado a la desaceleración de la inflación hasta 3.55% en la primera quincena de junio y a la reducción parcial de la incertidumbre global tras avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Sin embargo, el análisis de Monex advierte que el deterioro estructural persiste y que la tendencia general del indicador sigue a la baja.
Impacto en hogares y sectores productivos
Para las familias mexicanas de ingresos medios y bajos, la ligera mejora en la percepción actual no se traduce automáticamente en mayor gasto. El enfriamiento del mercado laboral observado en los últimos trimestres reduce la certidumbre sobre ingresos futuros, lo que explica la caída en las expectativas personales a doce meses. Sectores como el comercio minorista de bienes duraderos pueden registrar un repunte marginal en pedidos durante el segundo semestre, pero los fabricantes de electrodomésticos ya anticipan que la demanda seguirá por debajo de los niveles de 2024.
Los bancos y las fintech que ofrecen crédito al consumo observan con atención estos datos. Un ICC por debajo de 45 puntos históricamente se asocia con mayor morosidad en tarjetas y préstamos personales. Aunque el repunte de junio reduce ligeramente la probabilidad de un deterioro acelerado, las instituciones mantienen políticas de originación más estrictas y han elevado las provisiones preventivas.
Tres lecturas estructurales
La primera lectura apunta a que la moderación en la intensidad del deterioro no equivale a una reversión de tendencia. El hecho de que el ICC haya tocado fondo en mayo y muestre ahora un avance modesto sugiere que el consumo privado podría estabilizarse en niveles bajos durante el resto de 2026, siempre que no se produzcan choques adicionales de empleo o inflación. Esta estabilización, sin embargo, ocurre en un piso más reducido que el observado entre 2022 y 2024.
La segunda lectura destaca el carácter transitorio de los factores que impulsaron el repunte. La desaceleración de la inflación y la distensión geopolítica entre Washington y Teherán ofrecen un respiro de corto plazo, pero ambos elementos pueden revertirse con rapidez. Un repunte de precios energéticos o un estancamiento en las negociaciones comerciales entre Estados Unidos, México y Canadá elevaría nuevamente la cautela de los hogares.
La tercera lectura se refiere a la transición del T-MEC hacia revisiones anuales. Este cambio institucional introduce un elemento de incertidumbre permanente que afecta las decisiones de inversión de las empresas exportadoras. Menor inversión se traduce, con rezago, en menor creación de empleos formales y, por tanto, en menor confianza del consumidor. Los datos de junio ya muestran que las expectativas de los hogares sobre su propia situación futura empeoraron, señal de que este riesgo comienza a internalizarse.
Perspectivas de analistas, gobierno y consumidores
Los equipos de análisis del sector financiero, representados por Monex, subrayan que la actividad económica mantiene un dinamismo reducido y que los riesgos laborales y comerciales dominarán el segundo semestre. Desde la perspectiva oficial, el gobierno destaca la recuperación mensual y la desaceleración de la inflación como señales de que las políticas macroeconómicas están surtiendo efecto. Los propios consumidores, en cambio, muestran una brecha clara entre la valoración del presente y la del futuro: perciben alivio inmediato, pero anticipan que las condiciones personales no mejorarán en el horizonte de un año.
Riesgos y escenarios hacia adelante
El principal riesgo inmediato es un deterioro adicional del empleo formal. Si la tasa de desocupación sube por encima de 3.5% o si el crecimiento del empleo asegurado en el IMSS se mantiene por debajo de 1% anual, la confianza volverá a caer con rapidez. Un segundo riesgo es el repunte de la inflación por choques de oferta, especialmente en alimentos y energéticos, que erosionaría el poder adquisitivo y anularía el efecto positivo observado en junio.
En un escenario base, el ICC podría oscilar entre 43 y 45 puntos durante el segundo semestre, sin recuperar los niveles de 2024. En un escenario adverso, donde se combine debilidad laboral con mayor incertidumbre comercial, el indicador podría bajar nuevamente hacia 42 puntos antes de finalizar el año. La probabilidad de este escenario adverso se ha elevado por la proximidad de las revisiones anuales del T-MEC.
La recuperación registrada en junio es real, pero estrecha. Refleja un respiro más que un cambio de ciclo. Los agentes económicos, desde los hogares hasta las empresas exportadoras, seguirán operando con elevada cautela mientras no se aclaren tanto el rumbo del empleo como el marco comercial con América del Norte.
