La Federación Nacional de Cafeteros reportó un aumento del 43 % en la producción de junio de 2026 respecto al mismo mes del año anterior. Sin embargo, las exportaciones del primer semestre cayeron un 18 %. Este contraste no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una secuencia de factores climáticos, monetarios y de mercado que se han acumulado durante los últimos tres años en las zonas cafeteras de Colombia.
El cultivo del café ocupa 23 de los 32 departamentos del país y genera ingresos directos para aproximadamente 540 000 familias. Desde la década de 1920, el grano ha funcionado como ancla de la balanza comercial colombiana y como generador de divisas en periodos de crisis. La actual coyuntura obliga a examinar cómo las variaciones en el régimen de lluvias y la apreciación del peso alteran esa función histórica.
Clima y calendario productivo
El gerente de la FNC, Germán Bahamón, atribuyó la menor cosecha del primer semestre a los retrasos en la maduración causados por lluvias intensas. Este patrón coincide con observaciones de la entidad meteorológica nacional que registraron precipitaciones un 35 % superiores al promedio histórico en el Eje Cafetero entre febrero y mayo de 2026. Los cafetales de altitudes entre 1 200 y 1 600 metros sufrieron mayor impacto porque requieren un periodo seco más definido para completar el ciclo del fruto.
Experiencias previas confirman la sensibilidad del sector. Durante el fenómeno de La Niña 2010-2011, la producción cayó un 31 % en un solo año y las exportaciones se redujeron en 2,8 millones de sacos. Aunque el aumento registrado en junio de 2026 sugiere una recuperación parcial, la tendencia semestral sigue mostrando una contracción del 10 %. Esto indica que los efectos de las lluvias no se compensan completamente en el corto plazo.

Revaluación del peso y rentabilidad del productor
La apreciación del peso colombiano frente al dólar ha sido otro factor determinante. Entre enero y junio de 2026 la moneda local se fortaleció un 11 % en promedio, lo que reduce el ingreso en pesos que reciben los productores por cada saco exportado. Según cálculos de la FNC, cada 100 pesos de apreciación representan una pérdida aproximada de 45 000 pesos por hectárea al año para fincas medianas.
Este efecto se observa con claridad en el departamento de Risaralda, donde el precio interno del pergamino bajó de 1 850 000 pesos por carga en diciembre de 2025 a 1 620 000 pesos en junio de 2026. Los productores que mantienen deudas en dólares para financiar fertilizantes y renovación de cafetales enfrentan un margen de utilidad que se ha comprimido hasta el 8 %, nivel inferior al registrado durante la crisis de precios de 2019.
Dependencia de importaciones y consumo interno
El desajuste entre producción y demanda interna ha obligado a aumentar las importaciones. En los últimos doce meses ingresaron 1,57 millones de sacos, principalmente de Perú y Honduras, para cubrir un consumo local de 2,31 millones de sacos. Esta situación genera un debate sobre la autosuficiencia cafetera del país, que durante décadas exportó más del 90 % de su cosecha.
El encarecimiento relativo del café nacional frente al grano importado también afecta a las torrefactoras medianas. Varias de ellas han optado por mezclas con mayor proporción de café de origen externo, modificando el perfil de taza que tradicionalmente distinguía al arábigo suave colombiano en mercados de especialidad.
Impactos regionales y empleo rural
La reducción de exportaciones se concentra en los puertos de Buenaventura y Cartagena, donde el volumen movilizado en el primer semestre descendió 180 000 sacos respecto a 2025. Esta caída repercute directamente en el empleo portuario temporal y en los transportadores de carga que conectan las zonas de producción con la costa. En el municipio de Chinchiná, principal centro de acopio del Eje Cafetero, el número de jornales contratados para recolección disminuyó un 14 % durante la cosecha principal.
A nivel social, la menor rentabilidad acelera procesos de migración hacia ciudades intermedias. Datos del censo cafetero de 2023 ya mostraban que el 23 % de los hijos de productores entre 18 y 35 años habían abandonado la actividad. Si la actual combinación de clima adverso y tipo de cambio desfavorable se prolonga, ese porcentaje podría incrementarse en los próximos dos años.
Perspectivas de largo plazo
Colombia mantiene su posición como primer exportador mundial de arábigo suave, pero enfrenta competencia creciente de Centroamérica y Etiopía en segmentos de alta calidad. La necesidad de renovar cerca de 300 000 hectáreas con variedades resistentes a la roya y adaptadas a temperaturas más altas se vuelve más urgente ante la mayor variabilidad climática observada desde 2022.
Las políticas de diversificación productiva que promueve la FNC, como sistemas agroforestales y cultivos de sombra, ofrecen una vía para estabilizar ingresos. Sin embargo, su adopción requiere financiamiento a tasas accesibles y asistencia técnica sostenida, elementos que dependen de la disponibilidad de recursos públicos en un contexto de menores divisas cafeteras.
El comportamiento del sector en los próximos trimestres dependerá tanto de la normalización del régimen de lluvias como de la evolución del tipo de cambio. Mientras tanto, las familias cafeteras enfrentan un margen de maniobra reducido que pone a prueba la resiliencia de un cultivo que ha definido la identidad económica de Colombia durante más de un siglo.
