La recaudación tributaria mexicana registró una contracción real del 1.4% entre enero y mayo de 2026, rompiendo una secuencia de cinco años de crecimiento sostenido. Según cifras de la Secretaría de Hacienda, los ingresos tributarios alcanzaron 2 billones 477 mil 750 millones de pesos, una cifra que refleja el impacto combinado de la desaceleración económica y cambios en la gestión de devoluciones fiscales. El Impuesto Sobre la Renta, principal fuente de recursos, cayó 5.8% hasta 1.345 billones de pesos, su peor desempeño para un periodo similar desde 2009.
Causas estructurales de la contracción
La desaceleración de la actividad económica durante 2026 redujo utilidades empresariales y estrechó la base gravable del ISR. Al mismo tiempo, el Servicio de Administración Tributaria mejoró la eficiencia de las devoluciones, especialmente entre grandes contribuyentes, lo que aceleró la salida de recursos del erario. Este doble efecto explica por qué el ISR no logró compensar el comportamiento más estable del IVA y el IEPS. El IVA creció 3.3% hasta 703 mil 351 millones de pesos, mientras que el IEPS avanzó 6.9% hasta 298 mil 798 millones, impulsado en parte por el componente de combustibles que registró un alza de 5.4% a pesar de los estímulos fiscales aplicados por el repunte petrolero derivado del conflicto en Irán.

Efectos en el sector empresarial y grandes contribuyentes
Las empresas que operan con márgenes ajustados enfrentan ahora un escenario de menor liquidez derivado de menores utilidades y devoluciones más rápidas. Esta situación presiona especialmente a sectores manufactureros y de servicios que dependen del crédito fiscal para mantener operaciones. La designación de Krystel Castillo al frente de la Administración General de Grandes Contribuyentes anticipa una fiscalización más rigurosa, con mayor uso de revisiones electrónicas y cruces de información. Empresas que históricamente recibían devoluciones en plazos amplios podrían enfrentar revisiones más frecuentes, elevando costos de cumplimiento y generando incertidumbre sobre flujos de caja futuros.
Perspectivas de contadores, gobierno y contribuyentes
Los contadores públicos, representados por el Colegio de Contadores Públicos de México, advierten que la presión fiscal se traducirá en mayor número de auditorías durante el segundo semestre. Desde la óptica gubernamental, la caída de ingresos obliga a completar el gasto público programado, lo que podría derivar en recortes o en un endeudamiento adicional si la tendencia persiste. Los contribuyentes, por su parte, perciben un riesgo de mayor carga administrativa precisamente cuando la rentabilidad ya muestra debilidad. Esta divergencia de intereses genera un ambiente de tensión donde el diálogo entre SAT y cámaras empresariales será determinante para evitar que la fiscalización se convierta en un factor adicional de desaceleración.
Tendencias futuras y riesgos identificados
Si la actividad económica no recupera ritmo en la segunda mitad del año, la brecha entre ingresos tributarios y necesidades de gasto podría ampliarse hasta 80 mil millones de pesos adicionales al cierre de 2026. Una respuesta basada exclusivamente en mayor fiscalización sin acompañamiento de estímulos al crecimiento podría generar un círculo vicioso: más revisiones reducen la inversión privada y, por tanto, la base de ISR futura. Otro riesgo radica en la posible erosión de la confianza empresarial si las devoluciones se perciben como herramienta de presión en lugar de mecanismo ordinario de cumplimiento. Por el contrario, una estrategia que combine fiscalización selectiva con simplificación de trámites podría estabilizar la recaudación sin sacrificar actividad económica.
El comportamiento del IEPS a combustibles también merece seguimiento: su crecimiento actual depende de precios internacionales del petróleo que podrían revertirse si el conflicto en Irán se modera. Una caída en este rubro restaría el colchón que hoy compensa parcialmente la debilidad del ISR. En términos agregados, la combinación de menor crecimiento económico, devoluciones más eficientes y mayor escrutinio fiscal configura un escenario donde la recaudación tributaria podría cerrar 2026 con una contracción anual cercana al 1%, la primera desde la crisis de 2009. Las decisiones que tome la nueva titular de Grandes Contribuyentes en los próximos meses determinarán si este ajuste se limita a un fenómeno coyuntural o se convierte en un cambio estructural en la relación entre el fisco y los contribuyentes mexicanos.
