El Índice Compuesto Coincidente de Actividad Económica de Argentina (ICA-ARG) registró en mayo un avance marginal del 0,03% respecto de abril, mientras que la comparación interanual mostró una contracción del 0,8%. Siete meses consecutivos de variaciones mensuales positivas no alcanzan para superar el máximo relativo de 2025. La agricultura alcanzó un nuevo récord histórico con un salto mensual del 2,6% y un incremento interanual del 10,5%, impulsada por la cosecha de soja. En contraste, la industria retrocedió 0,1% mensual y la construcción cayó 0,7% en el mismo período.
Solo cuatro de los diez indicadores que integran el índice presentaron variaciones mensuales positivas. Las importaciones disminuyeron 1,2% mensual y las ventas minoristas crecieron apenas 0,3%, mientras el patentamiento de vehículos se contrajo 5,2%. La recaudación nacional subió 1,5% mensual y el empleo privado registrado se mantuvo prácticamente estable con una variación de -0,02%.

Impacto diferencial en sectores productivos
El repunte agrícola genera ingresos adicionales para productores y cooperativas del interior, pero no se traduce automáticamente en mayor actividad industrial. La industria automotriz y las exportaciones de manufacturas de origen industrial explican buena parte de la caída sectorial, lo que afecta directamente a cadenas de proveedores en Córdoba y Santa Fe. Las empresas de insumos intermedios enfrentan menor demanda interna y simultáneamente una reducción de importaciones de bienes de capital, lo que limita la renovación tecnológica y eleva costos de mantenimiento.
Los trabajadores del sector construcción experimentan la interrupción de un proceso incipiente de recuperación. La primera variación mensual negativa del año se concentra en obra privada, mientras que la obra pública mantiene niveles más estables. Esta dinámica amplía la brecha entre regiones con fuerte dependencia de la construcción y aquellas vinculadas al agroexportador.
Tres lecturas estructurales del dato
La primera lectura apunta a una recuperación que sigue dependiendo de factores climáticos y de precios internacionales de commodities. El récord de cosecha de soja compensó el atraso previo por lluvias, pero este impulso es estacional y no resuelve la debilidad de la demanda interna. La segunda lectura señala que la estabilidad del empleo registrado y la leve mejora de la recaudación por Ganancias reflejan un piso de actividad, aunque insuficiente para revertir la caída interanual del empleo privado de 1,7%.
La tercera lectura destaca el comportamiento de las importaciones. La reducción de compras de insumos y bienes de capital coincide con mayor producción energética doméstica, lo que alivia la balanza comercial en el corto plazo pero posterga inversiones productivas. Si esta tendencia persiste, la capacidad de respuesta de la industria ante un eventual repunte de demanda se verá limitada.
Perspectivas de distintos actores
El gobierno nacional interpreta la suba de la recaudación y la recuperación agrícola como señales de que el ciclo de ajuste comienza a dar resultados. Las bolsas de comercio de Rosario y Santa Fe, por su parte, destacan que las ventas minoristas muestran dos meses consecutivos de leve mejora, aunque advierten que el nivel sigue cercano al mínimo de 2024. Los empresarios industriales señalan que la caída de las exportaciones de MOI y el retroceso del patentamiento vehicular reflejan una demanda deprimida que no se revierte con medidas aisladas.
Los sindicatos del sector automotriz y metalúrgico observan con preocupación la pérdida de puestos de trabajo y la interrupción de la recuperación industrial. Los consumidores, mientras tanto, mantienen un comportamiento cauteloso: las ventas en supermercados mejoraron levemente, pero el resto del comercio minorista no logra consolidar el repunte.
Escenarios futuros y riesgos
Si la campaña agrícola mantiene su ritmo y los precios internacionales no sufren correcciones abruptas, el segundo semestre podría mostrar mayor tracción en el interior productivo. Sin embargo, la debilidad persistente de la industria y la construcción plantea el riesgo de que la recuperación se limite a un subconjunto de provincias y actividades. Una eventual desaceleración de la demanda china de soja o un aumento de la volatilidad cambiaria podría revertir rápidamente el impulso actual.
Otro riesgo radica en la evolución del empleo. La estabilidad observada en mayo puede transformarse en nueva caída si la industria no recupera terreno antes de fin de año. En ese caso, la presión sobre el consumo y la recaudación por IVA se intensificaría. La combinación de bajo crecimiento y deterioro del mercado laboral también podría complicar la ejecución presupuestaria en provincias que dependen de la coparticipación y de la actividad industrial local.
El escenario más probable para los próximos meses es una trayectoria de crecimiento muy moderado, con alta dispersión sectorial y territorial. La economía argentina parece haber dejado atrás la fase más aguda de contracción, pero el camino hacia una expansión sostenida sigue condicionado a factores externos y a la capacidad de la política económica para traducir el impulso agrícola en mayor inversión y empleo en el resto de la estructura productiva.
