El peso mexicano cerró la jornada del 1 de julio de 2026 en 17.5485 unidades por dólar en el mercado interbancario y se cotizó el 2 de julio a 17.47 pesos por divisa estadounidense. El tipo de cambio FIX publicado por Banxico alcanzó 17.5368 para la venta, mientras que el valor aplicable a obligaciones en dólares quedó en 17.4693. Estos niveles reflejan una contención relativa tras el cruce de la barrera de 17.50 registrado el día anterior.
La estabilidad observada se produce en un entorno donde la moneda nacional mantiene un margen de maniobra favorable frente a la divisa estadounidense. Sin embargo, la cercanía a 17.50 exige examinar las fuerzas que sostienen este equilibrio y los riesgos que podrían alterarlo en los próximos meses.

Impacto sectorial y distribución de efectos
Los exportadores mexicanos que facturan en dólares ven reducida su competitividad cuando el peso se fortalece hacia 17.47. Las industrias automotriz y electrónica, que representan más del 35 % de las exportaciones no petroleras, enfrentan márgenes más estrechos y deben absorber parte de la apreciación mediante eficiencia operativa o renegociación de contratos. En contraste, las empresas importadoras de insumos intermedios obtienen un alivio en costos, especialmente en sectores como la construcción y la manufactura ligera.
Los hogares que reciben remesas en dólares experimentan una pérdida de poder adquisitivo equivalente a aproximadamente 1.8 % respecto a los niveles de mayo. Esta erosión es más perceptible en estados como Michoacán y Guanajuato, donde las remesas representan entre 8 % y 12 % del ingreso familiar promedio. Por su parte, los turistas estadounidenses que visitan México perciben precios ligeramente más bajos, lo que podría impulsar el gasto en servicios turísticos durante la temporada de verano.
Tres dinámicas estructurales que explican la contención
La primera dinámica radica en el diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos. Aunque la Reserva Federal ha reducido su tasa de referencia, el Banco de México mantiene un premio de 150 puntos base que continúa atrayendo flujos de cartera hacia instrumentos denominados en pesos. Esta entrada de capitales de corto plazo ha compensado la salida moderada de inversionistas institucionales que reasignan posiciones hacia activos de mayor rendimiento en Asia.
La segunda dinámica corresponde al superávit comercial no petrolero. Durante los primeros cinco meses de 2026, el saldo favorable en bienes manufacturados superó los 18 400 millones de dólares, impulsado principalmente por el nearshoring en sectores automotriz y de electrodomésticos. Este flujo de divisas genera una oferta estructural de dólares que limita la depreciación del peso incluso ante episodios de aversión al riesgo global.
La tercera dinámica se vincula con la acumulación de reservas internacionales de Banxico, que superan los 225 000 millones de dólares. Esta posición permite al banco central intervenir de manera discreta sin alterar significativamente la trayectoria de la tasa de interés, preservando la credibilidad de su política monetaria.
Perspectivas de distintos actores y puntos de fricción
Los analistas de bancos comerciales locales esperan que el tipo de cambio oscile entre 17.30 y 17.70 durante el tercer trimestre, siempre que no se materialicen sorpresas inflacionarias en Estados Unidos. En cambio, las cámaras empresariales exportadoras solicitan mayor flexibilidad cambiaria y advierten que una apreciación sostenida por debajo de 17.40 podría erosionar hasta 4 % de la rentabilidad del sector en 2027.
Desde la perspectiva del gobierno federal, el nivel actual del tipo de cambio reduce la presión sobre el servicio de la deuda externa, que representa 28 % del total de pasivos soberanos. No obstante, funcionarios de la Secretaría de Hacienda reconocen que un fortalecimiento excesivo del peso podría complicar el cumplimiento de metas de ingresos fiscales derivadas del petróleo, ya que estos se calculan en dólares.
Escenarios de riesgo y trayectorias probables
Un primer riesgo proviene de la posible reanudación de tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. Si se imponen nuevos aranceles, las cadenas de suministro que actualmente operan en México podrían enfrentar disrupciones y una salida de capitales de corto plazo que eleve el tipo de cambio hacia 18.20 en un lapso de cuatro a seis semanas.
Otro riesgo radica en la evolución de la inflación subyacente mexicana. Si los precios al consumidor superan 4.2 % anual en agosto, el Banco de México podría verse obligado a posponer recortes de tasa, reduciendo el atractivo relativo del peso y generando volatilidad adicional en el mercado cambiario.
En el escenario base, el tipo de cambio se mantendrá en un rango de 17.35-17.65 durante el segundo semestre de 2026, condicionado a que el crecimiento de Estados Unidos no supere 1.8 % y que los flujos de inversión extranjera directa continúen por encima de los 3 200 millones de dólares mensuales. Una desviación significativa de estos parámetros alteraría la trayectoria observada en las primeras semanas de julio.
