Al cosechar, el ajo en maceta entra en su etapa final

Después de seis a ocho meses de cultivo, el ajo sembrado en maceta llega a la cosecha y debe pasar por un periodo de secado de dos a cuatro semanas. Los bulbos se dejan en un sitio sombreado, seco y ventilado, con las raíces y el tallo intactos. Cuando el cuello está seco y la piel exterior cruje, se recortan ambas partes. La Real Sociedad de Horticultura (RHS) de Gran Bretaña señala que una maceta bien drenada, un sustrato suelto y al menos seis horas diarias de sol directo son suficientes para empezar, incluso sin experiencia previa.

Al plantar, el recipiente define el desarrollo

El proceso comienza con una maceta de al menos 25 centímetros de profundidad, porque las raíces crecen hacia abajo entre 15 y 20 centímetros. El ancho y el largo determinan cuántos dientes pueden sembrarse, siempre con una separación aproximada de 15 centímetros. Los orificios en la base son indispensables para impedir que el agua quede retenida.

La terracota es la opción más recomendable, ya que permite que parte de la humedad se evapore por las paredes y reduce el riesgo de pudrición. Las macetas de plástico también pueden funcionar en climas secos, siempre que tengan un drenaje eficaz.

La tierra de jardín no debe utilizarse directamente en el recipiente, porque puede compactarse, dificultar la formación del bulbo y favorecer la aparición de hongos. La extensión universitaria de la Universidad de Maryland recomienda combinar sustrato universal, composta madura y arena gruesa en partes iguales. La mezcla debe conservar humedad, pero mantenerse aireada y con un pH de entre 6,0 y 7,0.

Antes del otoño, la elección del diente evita fallas

El ajo de tiendas y supermercados suele recibir tratamientos para impedir que brote durante su almacenamiento. Además, la RHS advierte que plantarlo puede introducir enfermedades al huerto. Para la siembra se recomiendan dientes certificados, adquiridos en viveros o comercios especializados.

Los dientes se separan de la cabeza justo antes de plantarlos y conservan su piel delgada. Los ejemplares más grandes y firmes, ubicados en la parte exterior de la cabeza, son los más convenientes; los pequeños del interior pueden reservarse para cocinar. Cada diente se coloca con la punta hacia arriba y la base plana hacia abajo, a una profundidad de cinco a siete centímetros. El INIFAP señala que separar los dientes con demasiada anticipación puede hacer que pierdan humedad y capacidad de germinar.

En otoño, el frío activa la formación del bulbo

La época ideal de siembra es el otoño, entre octubre y noviembre, cuando comienzan a descender las temperaturas. El ajo necesita entre uno y dos meses de frío, con registros de entre 0 y 10 °C, para dividir el bulbo en dientes individuales. Sin esa exposición, la planta puede producir hojas sin formar una cabeza completa. Algunas variedades toleran la siembra a finales del invierno o al principio de la primavera, aunque la RHS indica que los bulbos suelen ser más pequeños.

Durante el crecimiento, el riego se realiza cada dos a cuatro días o cuando los primeros dos centímetros del sustrato estén secos al tacto. El agua debe dirigirse al sustrato, sin mojar el follaje, porque la humedad en las hojas favorece las enfermedades por hongos. El exceso de riego es el error más frecuente: el agua estancada puede pudrir el bulbo en pocos días.

Cuando las hojas inferiores comienzan a amarillear, el riego se reduce de forma drástica porque el bulbo está madurando. Si aparece un tallo floral enrollado, conocido como escapo, se corta después de que complete una vuelta. Según la Universidad de Maryland, dejarlo crecer desvía energía hacia la flor y puede reducir el tamaño final del bulbo.

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