Creada en 1995 por el médico Madan Kataria en un parque de Mumbai, la Yoga de la Risa combina risas voluntarias con ejercicios de respiración y dinámicas grupales. A diferencia del yoga tradicional, no exige posturas complejas ni humor previo: la risa intencional se transforma en genuina mediante contacto visual y repetición prolongada. Hoy se practica en miles de clubes distribuidos por Asia, Europa y América, con sesiones de 20 a 60 minutos en empresas, hospitales y escuelas.

El método se sostiene en que el cuerpo responde de forma similar a la risa auténtica o inducida cuando se mantiene con intensidad. Esta premisa ha impulsado su difusión a través de redes sociales y talleres de bienestar, atrayendo a personas sin experiencia previa. Sin embargo, revisiones científicas recientes muestran mejoras modestas en estado de ánimo y estrés, sobre todo en adultos mayores, aunque la calidad de los datos sigue siendo limitada y no reemplaza tratamientos clínicos.
Crecimiento impulsado por tendencias digitales
El auge actual responde a la demanda de actividades grupales accesibles y de bajo costo que aborden el bienestar emocional. Al no requerir chistes ni infraestructura especial, la práctica se adapta fácilmente a entornos virtuales y presenciales. Esta flexibilidad explica su presencia en más de cien países tres décadas después de su origen, aunque los investigadores insisten en la necesidad de estudios más rigurosos para validar efectos a largo plazo.
En suma, la Yoga de la Risa representa un ejemplo claro de cómo una técnica sencilla puede escalar globalmente cuando se alinea con las necesidades contemporáneas de salud mental colectiva, siempre que se mantenga una perspectiva equilibrada sobre su evidencia científica.
