La administración de Donald Trump se prepara para notificar formalmente que Estados Unidos no aceptará extender la vigencia del T-MEC por otros 16 años, según reveló Reuters el 30 de junio de 2026. Esta postura no implica la terminación inmediata del tratado, pero activa el mecanismo de revisión previsto en la cláusula de caducidad negociada durante el primer mandato de Trump. El acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá seguiría en vigor mientras se negocia su futuro, aunque la incertidumbre se extendería hasta 2036 si no se alcanza un consenso.
La decisión de Washington responde a la solicitud mexicana presentada por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y respaldada públicamente por la presidenta Claudia Sheinbaum. México ha firmado ya su posición a favor de la extensión automática, al igual que Canadá. Sin embargo, la negativa estadounidense obliga a las tres partes a iniciar un proceso formal de revisión que podría modificar reglas clave sobre comercio, inversión y cadenas de suministro.
El peso de la cláusula de caducidad
La cláusula de revisión cada seis años fue introducida por Estados Unidos en la renegociación del antiguo TLCAN. Su objetivo original era permitir ajustes periódicos ante desequilibrios comerciales. Hoy esa misma disposición se convierte en el principal instrumento de presión: si no hay acuerdo para prorrogar el tratado hasta 2042, el T-MEC expiraría el 1 de julio de 2036. Esta fecha límite obliga a México y Canadá a negociar bajo la amenaza de un posible vacío normativo que afectaría exportaciones por más de 1.2 billones de dólares anuales.

Motivos detrás de la postura estadounidense
Trump ha reiterado su inconformidad con el déficit comercial de bienes que Estados Unidos mantiene con México, el cual superó los 130 mil millones de dólares en 2025. Parte de este desbalance se atribuye al nearshoring acelerado tras los aranceles aplicados a China. Empresas que antes producían en Asia trasladaron operaciones a México para mantener acceso preferencial al mercado estadounidense. Desde la perspectiva de Washington, este fenómeno ha beneficiado desproporcionadamente a México sin que se hayan corregido las reglas de origen en sectores como el automotriz y el acero.
Además, la administración republicana ha expresado su intención de mantener o endurecer aranceles sobre productos estratégicos provenientes de México y Canadá. Esta estrategia busca proteger industrias domésticas y presionar a los socios comerciales para aceptar modificaciones en materia de contenido regional y protección laboral.
Impacto sectorial y riesgos para la inversión
Los sectores más expuestos a la incertidumbre son la industria automotriz, autopartes, acero, aluminio, manufacturas avanzadas y agricultura. Estas actividades requieren reglas estables para planificar inversiones de capital intensivo que suelen amortizarse en periodos superiores a diez años. Una revisión prolongada puede retrasar decisiones de expansión de plantas, contratación de personal y reconfiguración de cadenas de suministro transfronterizas.
Para México, el T-MEC representa más del 80 % de sus exportaciones totales. Cualquier modificación que eleve barreras no arancelarias o endurezca reglas de origen podría encarecer productos mexicanos y reducir la competitividad frente a proveedores asiáticos. Al mismo tiempo, la revisión ofrece una oportunidad para negociar mejoras en capítulos de comercio digital y energía, áreas que han cobrado relevancia desde la entrada en vigor del tratado en 2020.
Escenarios posibles y margen de negociación
Los representantes comerciales de los tres países sostendrán reuniones virtuales en julio de 2026. El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, ha programado una tercera ronda de conversaciones con México para la semana del 20 de julio. Si no se logra la prórroga automática, el proceso de revisión formal permitirá discutir ajustes puntuales sin que el tratado pierda vigencia inmediata.
Expertos como Greta Peisch, socia del despacho Wiley Rein, advierten que Estados Unidos buscará mantener abierta la puerta a cambios durante los próximos años. Esta táctica mantiene presión sobre México y Canadá, pero también expone a empresas estadounidenses a costos derivados de la inestabilidad regulatoria. El resultado más probable parece ser un acuerdo intermedio que extienda el tratado por periodos más cortos a cambio de concesiones sectoriales específicas.
La capacidad de México para defender la continuidad del T-MEC dependerá de su habilidad para demostrar los beneficios mutuos del acuerdo y proponer ajustes que aborden las preocupaciones estadounidenses sobre el déficit comercial sin sacrificar el acceso preferencial al mercado norteamericano.
