El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el viernes que su administración comenzó a trabajar en un “nuevo acuerdo” comercial con México, una declaración que eleva la presión sobre el proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Sin embargo, no se presentó un documento, un calendario formal ni una propuesta que confirme la sustitución del tratado vigente.
La declaración se produce mientras Washington negocia por separado con México y Canadá cambios en la relación comercial de América del Norte. El secretario mexicano de Economía, Marcelo Ebrard, sostuvo que ambos países están cerca de alcanzar “acuerdos sustantivos”, aunque evitó anticipar una fecha de conclusión y subrayó que las conversaciones aún permanecen abiertas.
Un nuevo lenguaje para una negociación en curso
“También estamos comenzando un nuevo acuerdo con México. Un acuerdo mucho mejor para Estados Unidos”, dijo Trump durante sus declaraciones. El mandatario añadió que busca obtener condiciones más favorables tanto con México como con Canadá, en línea con su prioridad de reducir los desequilibrios comerciales que considera perjudiciales para la economía estadounidense.
La expresión utilizada por Trump debe interpretarse con cautela. Hasta ahora, no existe un tratado bilateral firmado ni un anuncio oficial sobre la terminación del T-MEC. El acuerdo trilateral continúa siendo el marco jurídico que regula el comercio entre los tres países, mientras los gobiernos discuten ajustes sectoriales y posibles entendimientos dentro del proceso de revisión.
La diferencia entre una revisión, un acuerdo bilateral y un nuevo tratado tiene consecuencias legales y económicas. Una modificación puntual puede negociarse mediante mecanismos existentes, pero la sustitución formal del T-MEC requeriría negociaciones específicas, aprobación legislativa y procedimientos de entrada en vigor. Ninguno de esos pasos ha sido anunciado.

El T-MEC sigue vigente, pero enfrenta una revisión incierta
El futuro del tratado quedó sujeto a mayor incertidumbre después de que Estados Unidos descartara extenderlo por un periodo completo de 16 años y planteara revisiones anuales hasta 2036. Ese esquema abre la puerta a que Washington utilice cada revisión para exigir cambios en las condiciones de acceso al mercado, las reglas de producción o los compromisos asumidos por sus socios.
Para México, el desafío consiste en evitar que las negociaciones bilaterales debiliten la integración regional que sostiene buena parte de sus exportaciones manufactureras. Para Estados Unidos, el objetivo declarado es modificar las reglas para incentivar una mayor producción dentro de su territorio y atender el déficit comercial con México. Esas prioridades pueden coincidir en algunos sectores, pero también generar costos para empresas y consumidores.
Reglas de origen, acero y automóviles
Las conversaciones incluyen reglas de origen, acero, aluminio, automóviles, seguridad económica, medidas comerciales aplicadas bajo la sección 232 de la legislación estadounidense y condiciones de acceso al mercado. Las reglas de origen son especialmente sensibles porque determinan qué proporción de un producto debe fabricarse en América del Norte para recibir los beneficios arancelarios del T-MEC.
En la industria automotriz, un cambio en esos requisitos podría obligar a fabricantes y proveedores a modificar sus cadenas de suministro, trasladar operaciones o sustituir insumos. El impacto no se limitaría a las armadoras: también alcanzaría a empresas de autopartes, trabajadores, transportistas y regiones industriales que dependen del comercio transfronterizo.
México busca reducir los efectos de los aranceles estadounidenses sobre el acero, el aluminio y los vehículos fabricados en el país. Ebrard señaló que el gobierno ya planteó sus posiciones ante Washington y que intenta preservar la competitividad de las plantas instaladas en territorio mexicano. No obstante, todavía no hay condiciones definitivas que permitan afirmar que los automóviles mexicanos enfrentarán un arancel específico como consecuencia directa del anuncio de Trump.
Ebrard reporta avances sin fijar una fecha
El secretario de Economía describió el estado de las negociaciones con una valoración positiva. Aseguró que México ha presentado numerosos elementos y que existe una expectativa “razonable, optimista” sobre el resultado. También afirmó que se han registrado “muchos avances”, pero rechazó establecer una fecha concreta para cerrar los acuerdos porque hacerlo mientras continúan las conversaciones sería irresponsable.
La posición mexicana refleja una combinación de confianza y cautela. El gobierno considera posible alcanzar entendimientos en temas relevantes, pero todavía debe resolver diferencias sobre aranceles, reglas de origen y acceso al mercado. La ausencia de un texto final impide evaluar si los avances anunciados representan concesiones recíprocas o únicamente coincidencias parciales.
Canadá puede alterar el equilibrio regional
Las negociaciones con Canadá constituyen un factor adicional. Washington mantiene conversaciones con Ottawa para modificar sus condiciones comerciales, y cualquier acuerdo entre ambos países podría convertirse en referencia o instrumento de presión para la negociación con México. Ebrard afirmó que México observa con simpatía los avances canadienses, aunque aclaró que necesita conocer los términos definitivos antes de valorar sus efectos.
El gobierno mexicano también ha rechazado la idea de competir directamente con Canadá por obtener mejores condiciones. Cada país mantiene intereses y estrategias propias, pero los tres comparten cadenas productivas, inversiones y un mismo marco comercial. Una concesión otorgada a uno de los socios podría alterar la posición negociadora de los otros y modificar la distribución regional de costos y beneficios.
La ronda de septiembre será la próxima prueba
La siguiente ronda de negociaciones entre México y Estados Unidos está prevista para la primera semana de septiembre. Ese encuentro permitirá comprobar si los avances mencionados por Ebrard pueden traducirse en compromisos concretos y si Washington presenta detalles sobre el llamado “nuevo acuerdo”. También será relevante observar el resultado de las conversaciones entre Estados Unidos y Canadá.
Por ahora, el escenario confirmado es limitado: el T-MEC continúa vigente, los gobiernos negocian posibles ajustes y México reporta avances sustantivos sin anunciar un pacto definitivo. Lo que aún no está determinado es si esos entendimientos modificarán formalmente el tratado, si permanecerán como acuerdos bilaterales o si terminarán incorporándose a una revisión trilateral. La ronda de septiembre será el primer indicio concreto sobre el alcance real de la iniciativa anunciada por Trump.
