El T-MEC, vigente desde julio de 2020, reemplazó al TLCAN con ajustes profundos que reflejan la economía actual. Aunque ambos buscan eliminar aranceles, el nuevo tratado eleva los requisitos de contenido regional en sectores estratégicos y añade capítulos ausentes en el acuerdo de 1994.

En la industria automotriz, el porcentaje de componentes fabricados en Norteamérica pasó de 62.5 % a 75 %, y se exige que entre 40 % y 45 % del vehículo sea ensamblado por trabajadores que perciban al menos 16 dólares por hora. Esta medida busca proteger empleos mejor pagados, pero aumenta costos para las armadoras.
Comercio digital y protección laboral
El T-MEC incorpora un capítulo específico sobre comercio electrónico que prohíbe aranceles a productos digitales y regula la localización de datos. Además, incluye un mecanismo de respuesta rápida que permite sancionar directamente a plantas que violen derechos sindicales, algo que el TLCAN solo contemplaba en acuerdos paralelos de menor fuerza.
Ambiente y vigencia limitada
Las normas ambientales son más concretas, con disposiciones contra pesca ilegal y contaminación marina. Sin embargo, la cláusula de revisión cada seis años y la vigencia de 16 años introducen inestabilidad. La decisión de la administración Trump de rechazar la renovación automática añade riesgo de consultas anuales y posibles fricciones comerciales antes de 2036.
Estos cambios modernizan el marco comercial, pero trasladan parte de la certidumbre que ofrecía el TLCAN hacia un esquema más condicionado a revisiones políticas periódicas.
