Entre enero y mayo de 2026 las exportaciones mexicanas de tequila alcanzaron mil 894 millones de dólares, un incremento de 15.1 por ciento frente al mismo periodo del año anterior. Este resultado contrasta con la caída de 4.2 por ciento en cerveza, que aun así mantuvo el primer lugar con dos mil 538 millones de dólares, y con la contracción de 23.4 por ciento en aguacate, que descendió a mil 448 millones y perdió dos posiciones en el ranking. El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas documentó además descensos en tomate, chiles y azúcar, mientras las berries se mantuvieron en tercer sitio con una leve baja de 1.5 por ciento.

El tequila como amortiguador estructural
El ascenso del tequila no responde únicamente a un repunte coyuntural de demanda. Su posición actual refleja una estrategia de premiumización que ha permitido capturar márgenes superiores en mercados como Estados Unidos y Europa. A diferencia de la cerveza, cuyo volumen depende de cadenas de distribución masiva sensibles a promociones y tipos de cambio, el tequila se beneficia de denominaciones de origen protegidas y de un posicionamiento como bebida de alta gama. Esta diferencia explica por qué, en un entorno de menor dinamismo externo, el destilado logró escalar al segundo lugar del ranking agroalimentario.
Presiones acumuladas sobre los productos estrella
El aguacate ilustra con claridad los límites de modelos de exportación concentrados en un solo mercado. La caída de casi una cuarta parte de su valor se vincula tanto a saturación temporal de la oferta californiana como a variaciones en los costos de logística y a episodios de rechazo por residuos de plaguicidas. Las berries, aunque más diversificadas geográficamente, también registraron una contracción, lo que sugiere que el factor común no es solo la demanda estadounidense sino también la apreciación del peso y el encarecimiento de insumos importados. El sector bovino, en cambio, mostró un crecimiento modesto de 2 por ciento, limitado por las restricciones sanitarias al ganado en pie.
Intereses enfrentados entre productores y distribuidores
Los grandes grupos tequileros con capacidad de envejecimiento y marca propia han sido los principales beneficiarios del repunte, mientras los pequeños destiladores enfrentan cuellos de botella en el suministro de agave maduro. En el caso del aguacate, los empacadores medianos reportan márgenes comprimidos por contratos de largo plazo firmados con cadenas minoristas estadounidenses, que ahora exigen volúmenes estables a precios más bajos. Los productores de cerveza, por su parte, observan con preocupación la posible entrada de competidores craft importados que aprovechan la desaceleración del segmento masivo.
Riesgos de concentración y dependencia climática
La actual jerarquía exportadora deja expuesto al sector a choques específicos. Una helada prolongada en Jalisco o un brote de enfermedad en los agaves podría revertir rápidamente la ventaja del tequila. Del mismo modo, la dependencia del aguacate de Michoacán respecto a un solo comprador principal aumenta la vulnerabilidad ante cambios regulatorios fitosanitarios o arancelarios. El informe del GCMA no cuantifica estos riesgos, pero los datos de exportación sugieren que la diversificación de destinos y productos sigue siendo insuficiente.
Los datos de los primeros cinco meses de 2026 indican que el tequila ha funcionado como estabilizador parcial del complejo agroexportador. Sin embargo, la sostenibilidad de este rol depende de que la industria logre ampliar sus mercados más allá de Norteamérica y de que los demás productos emblemáticos recuperen competitividad mediante mejoras en trazabilidad y valor agregado. De lo contrario, el contraste entre un destilado en ascenso y el resto de la canasta en retroceso podría repetirse en ciclos cada vez más cortos.
