CDMX.- México ha reforzado su papel como una economía relevante en el comercio internacional, pero ese dinamismo todavía no se refleja de forma amplia entre las pequeñas y medianas empresas. En 2025, el país alcanzó un récord de 664 mil 837 millones de dólares en exportaciones de mercancías; sin embargo, solo 16% de las pymes participa en esa actividad, de acuerdo con Ignacio Detmer, CEO y cofundador de Koywe.
El dato, expuesto por la firma especializada en pagos internacionales, coloca en el centro un problema que va más allá del volumen exportador: la capacidad operativa para cobrar, convertir divisas y conocer con certeza el dinero que realmente llega a destino. Para compañías con menos estructura financiera, esa diferencia puede definir si una operación internacional resulta viable o no.

La brecha entre exportar y poder cobrar
De acuerdo con la Secretaría de Economía, las pymes generan más del 50% del Producto Interno Bruto y cerca del 70% del empleo formal en México, pero su presencia en el comercio exterior sigue siendo reducida. Koywe sostiene que la limitación principal no es la falta de interés por vender fuera del país, sino el acceso a infraestructura de pagos internacionales ágil, transparente y accesible.
Detmer señaló que la competitividad internacional ya no depende únicamente de la calidad del producto o servicio, sino también de la capacidad de mover recursos entre países con rapidez y a un costo razonable. Cuando esa capa financiera falla, dijo, las empresas más pequeñas son las que enfrentan mayores obstáculos para escalar.
Visibilidad limitada y tiempos largos
Uno de los puntos más delicados es la trazabilidad. Koywe estima que más de 60% de las empresas no puede seguir con claridad el estado de sus pagos internacionales, el tipo de cambio aplicado ni el monto final que recibirá el destinatario. Esa falta de visibilidad complica la planeación financiera y eleva la incertidumbre en operaciones que suelen ser críticas para la continuidad del negocio.
A ello se suma el tiempo de liquidación. Según datos de la industria citados en el reporte, una transferencia bancaria internacional puede tardar entre tres y siete días hábiles en completarse. En ese lapso, las empresas operan sin certeza sobre cuándo tendrán disponibles los recursos, lo que puede retrasar pagos a proveedores, tensionar el flujo de efectivo y reducir la respuesta ante cambios del mercado.
Un reto de infraestructura, no solo de tamaño
El diagnóstico de Koywe apunta a una paradoja conocida en economías abiertas: el comercio crece más rápido que los sistemas diseñados para sostenerlo. México ha consolidado su peso exportador, pero la participación de las pymes no avanza al mismo ritmo porque los costos, la opacidad y los plazos de los pagos siguen actuando como barreras de entrada.
En ese contexto, la discusión ya no gira únicamente en torno a incentivos para exportar, sino a la modernización de la infraestructura financiera que acompaña cada transacción. Para las empresas de menor tamaño, la diferencia entre participar o quedarse fuera puede depender menos de la demanda externa que de la posibilidad real de cobrar sin fricciones, con información suficiente y en tiempos previsibles.
Detmer cerró con una advertencia de fondo: si México quiere ampliar la base de compañías que venden al exterior, tendrá que construir un sistema financiero que reduzca barreras históricas y permita operar globalmente con mayor certeza, eficiencia y confianza.
