Ciudad de México, 19 ago (EFE).- Scotiabank prevé que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) resistirá las tensiones comerciales y políticas de los próximos meses, pero advierte que México enfrenta una tarea más compleja que preservar el acuerdo: convertir su papel exportador en una fuente más amplia de valor agregado. La lectura del banco parte de una paradoja conocida en la economía mexicana: el país ha consolidado su posición como principal socio comercial de Estados Unidos, aunque ese dinamismo todavía se concentra en pocas regiones e industrias y no se traduce con la misma fuerza en crecimiento interno.
Durante la presentación de sus “Perspectivas del futuro de Norteamérica”, Eduardo Suárez, director de Estudios Económicos de Scotiabank, sostuvo que México debe mantener paciencia en la negociación comercial con Washington y evitar aceptar con prisa condiciones menos favorables. El diagnóstico del banco es que empresas y gobiernos estatales estadounidenses dependen de la integración productiva con México y Canadá, un factor que, a su juicio, ayuda a sostener la arquitectura del tratado incluso en momentos de presión arancelaria.

Un tratado bajo presión, pero con bases firmes
Rodolfo Mitchell, director de Análisis Económico y Sectorial del banco, coincidió en que el T-MEC probablemente sobrevivirá a la actual tensión política, aunque anticipó que las elecciones intermedias en Estados Unidos pueden elevar temporalmente el tono proteccionista. Ese matiz es relevante porque sugiere que el riesgo no está tanto en una ruptura inmediata del acuerdo como en episodios de fricción capaces de retrasar inversiones, encarecer decisiones empresariales y reabrir disputas sectoriales.
Scotiabank reconoce que, pese al ruido arancelario, México sigue ganando participación en el mercado estadounidense. Sin embargo, advierte que solo cerca de una tercera parte de los estados mexicanos aprovecha plenamente esta coyuntura. La concentración territorial del beneficio explica, según el banco, por qué el impulso exportador no se derrama con suficiente amplitud sobre la economía nacional y por qué el país mantiene tasas de crecimiento promedio cercanas al 1 %.
La ventaja exportadora sigue muy concentrada
El banco citó como ejemplos de aprovechamiento exitoso los clústeres automotrices del Bajío, el polo aeroespacial de Querétaro y el avance de Yucatán, pese a su distancia de la frontera norte. La comparación deja ver que la integración comercial no depende solo de la geografía inmediata con Estados Unidos, sino también de capacidad logística, formación técnica, coordinación empresarial y condiciones locales de inversión.
Scotiabank identificó además entre cinco y seis industrias que concentran entre 70 % y 75 % de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos, entre ellas maquinaria, electrónica, automotriz, alimentos y manufacturas especializadas. Dentro de ese grupo, el banco ve una oportunidad particularmente fuerte en servidores, equipo de cómputo, almacenamiento de datos y otros bienes vinculados con inteligencia artificial, un segmento que puede elevar el contenido tecnológico de la producción mexicana si el país logra escalar más allá del ensamblaje.
La presentación del banco indicó que la participación de las máquinas automáticas para procesamiento de datos habría pasado del 14 % al 21 % entre 2025 y 2026, mientras la industria automotriz redujo su peso aproximado del 24 % al 20 %. El cambio sugiere una reconfiguración de la canasta exportadora, todavía en fase inicial, pero con potencial para reordenar prioridades industriales si se consolida la demanda global de infraestructura digital.
Del ensamblaje al contenido tecnológico
Mitchell advirtió, no obstante, que México participa todavía sobre todo como ensamblador en varios de esos productos y necesita avanzar hacia la fabricación de componentes de mayor valor agregado, como ocurrió históricamente en la industria automotriz. Esa transición no depende solo de la apertura comercial: requiere proveedores nacionales más robustos, mejores programas de formación de ingenieros y la creación de nuevos clústeres que articulen cadenas locales de suministro con estándares internacionales.
El principal obstáculo, añadió, es que las condiciones internas no alcanzan aún para sostener ese salto. México arrastra déficits en infraestructura hídrica, eléctrica y de transporte, además de rezagos en educación, conectividad y seguridad. En términos prácticos, esas carencias elevan costos, limitan la instalación de proyectos más sofisticados y reducen la capacidad del país para competir por inversiones de alto contenido tecnológico frente a otros destinos de Norteamérica y Asia.
Para Scotiabank, el futuro del bloque norteamericano también exige una estrategia conjunta en energía abundante y competitiva, desarrollo de minerales críticos, fortalecimiento de las cadenas de semiconductores y definición de reglas sobre almacenamiento, propiedad y uso de datos. En ese marco, México aparece con una ventana de oportunidad clara, pero condicionada: aprovechar el acceso privilegiado al mercado estadounidense requerirá menos dependencia del simple ensamble y más capacidad para convertir integración comercial en productividad, innovación y empleo de mayor calidad.
