El anuncio de Santander México sobre un crecimiento proyectado del 35% en su cartera de financiamiento para vehículos eléctricos e híbridos en 2026 no surge de manera aislada. Desde 2022, el mercado mexicano de electromovilidad ha registrado una expansión acelerada impulsada por la llegada de más de 170 modelos con algún grado de electrificación y una reducción progresiva de precios que ha llevado unidades por debajo de 500 mil pesos al alcance de un segmento más amplio de compradores. Esta evolución responde a una combinación de factores: mayor disponibilidad de infraestructura de recarga —que crece a un ritmo anual del 26%—, incentivos fiscales estatales y federales, y un cambio cultural en el que los consumidores valoran tanto el ahorro operativo como la reducción de emisiones.
El contexto histórico revela que, hasta hace pocos años, la penetración de vehículos electrificados en México se limitaba principalmente a flotillas corporativas y clientes de altos ingresos en la Ciudad de México y Monterrey. Sin embargo, datos de la Electro Movilidad Asociación muestran que entre 2022 y el primer trimestre de 2026 las ventas de vehículos eléctricos e híbridos enchufables aumentaron un 262%. Entre enero y abril de 2026 ya se comercializaron 78 mil 700 unidades, equivalentes al 12.7% del total de vehículos ligeros vendidos en el país. Este ritmo indica que la electrificación ha dejado de ser una tendencia marginal para convertirse en un segmento consolidado del mercado automotriz.

El papel de la banca resulta determinante en esta transición. Actualmente, cerca del 50% de las unidades sostenibles que se adquieren en México se financian mediante crédito bancario. Santander México, que el año pasado colocó 26 mil unidades por un monto cercano a 10 mil millones de pesos, ha identificado un perfil de cliente con menor riesgo crediticio: personas disciplinadas en el manejo de sus finanzas y con mayor sensibilidad ambiental. Esta observación tiene fundamento empírico; los bancos que han segmentado su cartera verde reportan tasas de morosidad inferiores al promedio del sector automotriz tradicional, lo que incentiva a otras instituciones a replicar estrategias similares.
Impacto en el sector bancario y la competencia
La proyección de Santander de mantener un crecimiento sostenido del 35% anual en este segmento obligará a sus competidores a ajustar sus propias ofertas. Instituciones como BBVA y Banorte ya han lanzado productos con tasas preferenciales para vehículos híbridos y eléctricos, mientras que fintechs especializadas comienzan a ofrecer esquemas de financiamiento 100% digital con tiempos de aprobación reducidos. Este efecto de competencia puede traducirse en condiciones más favorables para el consumidor: plazos más largos, enganches menores y seguros vinculados al ahorro de combustible. A largo plazo, la estandarización de criterios de riesgo para activos verdes podría derivar en la creación de un mercado secundario de créditos automotrices sostenibles, similar al que existe en Europa para bonos verdes.
Efectos en la infraestructura y el territorio nacional
Uno de los retos identificados por Santander es ampliar la penetración del financiamiento fuera de los principales centros urbanos. Actualmente, la demanda de vehículos electrificados comienza a observarse en ciudades intermedias donde la infraestructura de carga crece de manera gradual. Si el banco logra colocar productos en estas zonas, se generará un círculo virtuoso: más vehículos incrementan la necesidad de cargadores, lo que a su vez atrae inversión privada en estaciones de servicio. Este proceso podría reducir la brecha de movilidad sostenible entre el centro y la periferia del país, contribuyendo a una descentralización económica que beneficie a estados como Querétaro, Aguascalientes y Yucatán, donde ya se registran incrementos notables en ventas de modelos híbridos.
Desde una perspectiva ambiental, el aumento del 35% proyectado por Santander equivaldría a evitar la emisión de decenas de miles de toneladas de CO2 anualmente, considerando que cada vehículo eléctrico o híbrido enchufable ahorra en promedio hasta 55 mil pesos en combustible al año. Sin embargo, este beneficio depende de que la matriz energética mexicana mantenga o incremente su componente renovable; de lo contrario, el impacto neto en emisiones se vería atenuado. Aquí radica una implicación de política pública: el financiamiento bancario debe ir acompañado de regulaciones que aseguren que la electricidad utilizada provenga cada vez más de fuentes limpias.
Consecuencias económicas y laborales a mediano plazo
El dinamismo del segmento verde también tiene efectos multiplicadores en la cadena de valor automotriz. Las armadoras que han establecido alianzas con Santander —como las mencionadas en la conferencia de prensa— ven facilitado el acceso de sus clientes a unidades de alta gama, lo que acelera la rotación de inventarios y justifica inversiones en nuevas líneas de ensamblaje. Esto puede traducirse en la creación de empleos especializados en mantenimiento de baterías, instalación de cargadores y desarrollo de software de gestión energética. Al mismo tiempo, el sector de refacciones tradicionales enfrentará una contracción gradual, obligando a talleres mecánicos a reconvertirse hacia servicios de diagnóstico electrónico y reparación de sistemas de alto voltaje.
En el ámbito social, la democratización del acceso al financiamiento verde puede modificar patrones de consumo y movilidad. Familias de clase media que antes optaban por vehículos compactos de combustión interna ahora tienen incentivos económicos para elegir híbridos, reduciendo su huella de carbono individual y, en algunos casos, accediendo a carriles preferenciales o exenciones de tenencia en ciertas entidades. No obstante, persiste el riesgo de exclusión: quienes residen en zonas sin infraestructura de carga o con ingresos inestables seguirán dependiendo de tecnologías convencionales, lo que podría acentuar desigualdades territoriales si no se implementan esquemas de subsidio cruzado o programas de leasing social.
Perspectivas de consolidación y riesgos sistémicos
A cinco años vista, el crecimiento sostenido del crédito verde podría representar entre el 15% y el 20% de la cartera automotriz total de los principales bancos mexicanos. Esta proporción no es menor: implica que las instituciones financieras deberán desarrollar modelos de riesgo específicos que incorporen variables como la vida útil de las baterías, el valor residual de los vehículos y la volatilidad de los precios de los minerales críticos. Un choque externo —como una interrupción en el suministro de litio o un aumento abrupto en las tasas de interés— podría generar un problema de activos tóxicos similar al observado en otros sectores durante crisis anteriores.
En conclusión, la estrategia de Santander México refleja una lectura acertada del momento que atraviesa la movilidad en el país. El éxito de esta apuesta dependerá tanto de la capacidad del banco para expandirse territorialmente como de la existencia de políticas públicas coherentes que acompañen la transición energética. Si ambos elementos convergen, México podría consolidarse como un mercado relevante de electromovilidad en América Latina; de lo contrario, el crecimiento del 35% proyectado quedaría limitado a nichos urbanos y no lograría generar los efectos sistémicos que el sector requiere.
