El gobernador de Nuevo León, Samuel García, recorrió este 8 de agosto los trabajos del Puente La Virgen y el Puente Nuevo, dos infraestructura vial sobre el río Santa Catarina que forman parte del paquete de movilidad asociado al poniente de Monterrey. Acompañado por el subsecretario de Infraestructura, José Francisco Ibargüengoytia, el mandatario revisó avances que, de acuerdo con las autoridades estatales, alcanzan 87% en La Virgen y 92% en el Puente Nuevo.

Según la información difundida por el gobierno estatal, ambos pasos peatonales buscan beneficiar de manera directa a unas 3 mil personas al día, en una zona donde convergen oficinas, departamentos y servicios vinculados a la torre Rise. La administración sostiene que la intervención no se limita a resolver un cruce específico, sino a ordenar el acceso peatonal hacia el sistema de transporte masivo que se desarrolla en el área.
Una obra ligada al nuevo eje de movilidad
Durante la supervisión, García recordó que la Línea 4 del Metro pasará por ese corredor y afirmó que el proyecto ferroviario registra 94% de avance en estaciones y trazo general. En ese contexto, la habilitación de puentes peatonales adquiere relevancia porque funciona como conexión de última milla: si los usuarios no pueden llegar con seguridad a las estaciones, el impacto del sistema de transporte se reduce. Esa lógica explica que el gobierno haya insistido en la remodelación de ocho puentes peatonales en la zona, además de los dos principales.
El Puente Nuevo tendrá 206 metros lineales, un claro central de 160 metros y una altura total de 50 metros. Su función será facilitar los traslados de peatones entre las avenidas Morones Prieto y Constitución, a la altura de la estación Obispado. El Puente La Virgen, por su parte, servirá para conectar a transeúntes que se desplazan de Morones Prieto hacia Constitución, dos vialidades que concentran un flujo constante de vehículos y personas en el sur de Monterrey.
Espacio peatonal y presión urbana
Además de los puentes, el gobierno anunció el acondicionamiento de dos parques lineales de casi 7 kilómetros junto a la infraestructura vial. La promesa oficial es que esos espacios permitan caminar, ejercitarse o permanecer en familia en una franja urbana históricamente dominada por la movilidad automotor y por el riesgo de separación física entre una margen y otra del río. La apuesta combina transporte, espacio público y accesibilidad, una fórmula que suele aparecer en proyectos metropolitanos, pero que en la práctica depende de su integración real con banquetas, accesos y seguridad peatonal.
El anuncio también refleja la prioridad política que el actual gobierno ha dado al sistema de movilidad en la capital regia y su zona metropolitana. Al presentar los avances como parte de un solo corredor, la administración busca mostrar resultados simultáneos en obra civil, transporte público y rehabilitación urbana. La lectura de fondo es clara: el valor de estos puentes no está sólo en su ingeniería, sino en la manera en que pueden reducir tiempos de traslado, ordenar cruces y conectar sectores que hoy dependen de pasos limitados o inseguros.
Con la supervisión de este viernes, la obra entra en una fase avanzada, aunque todavía pendiente de conclusión y prueba operativa. El reto para el gobierno estatal será entregar no sólo una infraestructura terminada, sino un sistema funcional que responda a la demanda diaria estimada y sostenga la promesa de una movilidad más segura sobre uno de los corredores urbanos más transitados de Monterrey.
