Río Negro suspende Calcatreu

El Gobierno de la provincia argentina de Río Negro ordenó este jueves la paralización de las tareas en la mina de oro y plata Calcatreu, ubicada en la Patagonia y operada por la canadiense Patagonia Gold, tras detectar incumplimientos en los compromisos de contratación de mano de obra local. La decisión reaviva el debate sobre el alcance de las inversiones extractivas en territorios donde las administraciones provinciales buscan que la actividad minera deje empleo efectivo y no solo renta exportadora.

Según informó el Ejecutivo rionegrino, la empresa no estaría respetando el acuerdo que la obligaba a incorporar al menos un 80% de trabajadores de la propia provincia. La medida fue comunicada como una respuesta directa a compromisos asumidos con la provincia, el municipio de Ingeniero Jacobacci y la comunidad local, en una zona donde la minería ha sido presentada por las autoridades como una vía para dinamizar una economía con pocas alternativas productivas.

“La decisión marca una posición clara: Río Negro acompaña las inversiones y el desarrollo productivo, pero no va a permitir que se avance desconociendo acuerdos destinados a garantizar empleo, capacitación y oportunidades reales para los rionegrinos”, señaló el Gobierno provincial en un comunicado. La expresión oficial subraya que la disputa no se limita a una cuestión administrativa, sino que toca uno de los puntos más sensibles de la relación entre las provincias y las compañías mineras: la licencia social para operar.

Calcatreu se encuentra a unos 80 kilómetros de Ingeniero Jacobacci, en el norte del Macizo de Somuncurá, una meseta volcánica de gran valor ambiental y territorial. La mina, que comenzó su fase de producción y exportación de oro en mayo pasado, emplea a unas 200 personas y tiene una vida útil proyectada hasta 2033. Esa combinación de horizonte productivo relativamente corto y alta expectativa local hace que la composición de su plantilla adquiera un peso político mayor al habitual.

La suspensión también expone el margen de maniobra de los gobiernos provinciales frente a proyectos estratégicos que recién entran en etapa comercial. Para Río Negro, la exigencia de empleo local funciona como una condición mínima para sostener el respaldo institucional a una actividad que suele generar tensiones entre promesas de desarrollo, impacto territorial y distribución de beneficios. Para la empresa, en cambio, el conflicto plantea el riesgo de que un incumplimiento laboral derive en demoras operativas y en mayores costos reputacionales en un país donde la expansión minera depende tanto de la inversión como de la aceptación social.

En ese contexto, la medida adoptada por la provincia deja abierta una negociación que probablemente gire en torno a plazos, porcentajes de contratación y mecanismos de verificación. Más allá del caso puntual, la resolución de Río Negro puede ser leída como una señal hacia otras compañías del sector: en la Patagonia, el avance de la minería ya no se mide solo por permisos y producción, sino por la capacidad de demostrar que el empleo local prometido se cumple con precisión verificable.

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