La economía mexicana registró un crecimiento trimestral de 1.5 por ciento entre abril y junio de 2026, tras la caída de 0.6 por ciento observada en el primer trimestre, de acuerdo con la estimación preliminar del Producto Interno Bruto (PIB) divulgada por el INEGI el 30 de julio. El rebote elevó la tasa anual a 2.1 por ciento en el segundo trimestre, frente al avance de 0.4 por ciento del periodo enero-marzo.
El resultado supone una recuperación relevante en las cifras de corto plazo, aunque su lectura requiere cautela. La expansión fue impulsada principalmente por los servicios, que aportaron alrededor de 0.9 puntos porcentuales al crecimiento trimestral. La actividad industrial contribuyó con cerca de 0.5 puntos y el sector agropecuario con 0.1 puntos, según el desglose citado en el análisis.

Un contraste marcado entre trimestres
La fuerte diferencia entre ambos trimestres no necesariamente describe un cambio permanente en la trayectoria de la economía. Parte de la volatilidad puede estar asociada a hechos extraordinarios que los métodos de ajuste estacional no están diseñados para eliminar, precisamente porque no se repiten con una periodicidad previsible.
Entre esos factores figura el operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho” y entonces líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. El episodio derivó en la suspensión de clases durante varios días en siete entidades y en la quema de más de 80 tiendas de conveniencia, entre otras afectaciones. La interrupción de actividades comerciales, educativas y de movilidad habría generado un impacto concentrado en el primer trimestre, más que una pérdida estructural de capacidad productiva.
El INEGI utiliza estándares internacionales para construir las series desestacionalizadas, que permiten comparar periodos consecutivos sin el efecto habitual de vacaciones, ciclos agrícolas o fechas de consumo. Sin embargo, un evento de seguridad excepcional no forma parte de esos patrones recurrentes. Por ello, la caída inicial y el rebote posterior pueden amplificar la percepción de un deterioro y una recuperación que, en parte, responden a una base de comparación atípica.
Importaciones anticipadas y efecto de base
Otro elemento que pudo distorsionar la comparación fue el aumento de importaciones procedentes de países sujetos a nuevos aranceles desde el 1 de enero de 2026. Durante el último trimestre de 2025, varias empresas habrían adelantado compras para evitar el pago de esos gravámenes. El fenómeno fue especialmente visible en el mercado automotor chino, donde distribuidoras habrían importado inventarios suficientes para atender ventas durante un periodo prolongado.
El adelantamiento de importaciones incrementó los servicios vinculados con transporte, almacenamiento, distribución y comercialización a finales de 2025. Esa actividad dejó una base elevada para el primer trimestre de 2026 y ayudó a explicar un desempeño más débil al inicio del año. Al normalizarse el flujo, la comparación del segundo trimestre también favoreció el repunte. La secuencia ilustra por qué una tasa trimestral aislada no basta para definir la fortaleza subyacente de la economía.
Estados Unidos y manufactura sostienen el avance
Aun con esas distorsiones, el crecimiento acumulado ofrece señales favorables. México avanzó 1.4 por ciento en el primer semestre frente al mismo periodo de 2025, y las perspectivas apuntan a que el crecimiento anual podría aproximarse a 1.2 por ciento, cerca del doble del resultado del año pasado. El desempeño se ha apoyado en la ausencia de un primer año de gobierno, etapa que históricamente ha coincidido con una pérdida de dinamismo, así como en la expansión de Estados Unidos.
La fortaleza del mercado estadounidense beneficia particularmente a México por su integración comercial y por la recuperación del ciclo manufacturero global. Tras la pandemia, el gasto de los hogares se desplazó hacia servicios y experiencias, como viajes, restaurantes y espectáculos, lo que redujo la demanda relativa de bienes durante varios años. El actual repunte manufacturero abre un canal adicional para las exportaciones mexicanas.
Servidores de inteligencia artificial, con bajo contenido nacional
Las exportaciones manufactureras no automotrices han ganado atención, especialmente las relacionadas con servidores y equipos electrónicos destinados a Estados Unidos. Un reporte reciente del Financial Times señaló que la ampliación de operaciones de fabricantes taiwaneses en Ciudad Juárez ha colocado a México como un participante relevante en la expansión de infraestructura para inteligencia artificial. Según ese análisis, los servidores ya superaron a los automóviles como principal producto de exportación del país.
La expansión, sin embargo, no equivale automáticamente a una mayor capacidad de crecimiento interno. La producción de servidores es altamente automatizada, genera relativamente pocos empleos locales y depende en buena medida de componentes importados. El propio diario identificó restricciones en la fabricación local de piezas, disponibilidad de ingeniería especializada e incertidumbre comercial.
El economista Gerardo Leyva, profesor de la Universidad Iberoamericana y exdirector de Estudios Económicos del INEGI, ha advertido además que el contenido extranjero de las exportaciones vinculadas con inteligencia artificial alcanza 71 por ciento. La proporción supera el 47.2 por ciento estimado para las exportaciones automotrices. Si las importaciones de insumos avanzan casi al mismo ritmo que las ventas externas, México opera principalmente como plataforma de ensamblaje y tránsito, con un valor agregado nacional limitado.
El dato del segundo trimestre reduce el riesgo de un año de bajo crecimiento, pero no resuelve los obstáculos de fondo. Para acercarse de manera sostenida al crecimiento promedio de 2.3 por ciento registrado durante las tres décadas previas a 2018, México necesitaría ampliar proveedores nacionales, formar personal técnico especializado, elevar la inversión productiva y reducir las interrupciones que afectan la actividad regional. El rebote es una noticia favorable; convertirlo en una tendencia dependerá de que la mayor integración exportadora se traduzca en más producción, empleo y contenido nacional.
