Reportes económicos revelan estancamiento en México

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) difundió la semana pasada siete indicadores que abarcan abril, mayo y la primera quincena de junio de 2026, comparados con el mismo periodo de 2025. Aunque cada cifra por separado resulta técnicamente correcta, su lectura conjunta cuestiona la narrativa de un crecimiento sólido y sostenido.

Actividad económica general y manufacturas

El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) registró un avance anual de 2.2% en abril. Sin embargo, el acumulado de enero a abril apenas alcanza 0.7%. Este ritmo reducido sugiere que el repunte puntual no se traduce en una tendencia clara de recuperación. El Indicador Mensual Oportuno de la Actividad Manufacturera (IMOAM) anticipa una contracción de 0.1% en mayo, lo que confirma el estancamiento del sector fabril.

Las exportaciones totales alcanzaron 72 mil millones de dólares, un incremento de 32.6% anual. El impulso proviene principalmente de manufacturas no automotrices, mientras que las ventas de vehículos permanecieron prácticamente estables. Este detalle adquiere relevancia ante la revisión del T-MEC que inicia el 1 de julio, pues la industria automotriz representa uno de los sectores más expuestos a posibles cambios en las reglas de origen.

Construcción, servicios y comercio

La Encuesta Nacional de Empresas Constructoras (ENEC) reporta un crecimiento de apenas 0.4% en abril, muy por debajo del 10.2% que muestra el IGAE para el mismo mes. Además, las empresas constructoras redujeron 2.5% su personal. Un sector que presume expansión mientras despide trabajadores difícilmente puede considerarse en fase expansiva.

La Encuesta Mensual de Servicios (EMS) indica una caída de 2.1% anual en abril. El transporte se contrajo 8.1% y los restaurantes y hoteles 8.4%. Estos rubros reflejan debilidad en el consumo de servicios, que suele anticipar cambios en el ciclo económico. En contraste, la Encuesta Mensual sobre Empresas Comerciales (EMEC) muestra avances de 9.4% en el mayoreo y 4.5% en el menudeo, siendo el comercio el único componente que presenta un desempeño claramente positivo.

Mercado laboral y calidad del empleo

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de mayo reporta una tasa de desempleo de 2.8%, superior al 2.4% observado en marzo y diciembre de 2025. Aunque la cifra ajustada estacionalmente se ubica en 2.7%, el dato principal confirma que la generación de puestos formales no mejora. La informalidad subió a 55.2% y las condiciones críticas de ocupación alcanzaron 38.7%.

En términos absolutos se perdieron 281 mil plazas formales de nómina, mientras el autoempleo creció en 428 mil personas. La distribución salarial resulta aún más reveladora: 46.6% de los ocupados percibe hasta un salario mínimo, 31.4% entre uno y dos, y apenas 0.8% recibe más de cinco salarios mínimos. Estos números indican que el mercado laboral mexicano genera principalmente empleos de subsistencia antes que posiciones productivas de mayor valor agregado.

Inflación y componentes volátiles

El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) de la primera quincena de junio se situó en 3.55% anual, por debajo del 4.51% registrado un año antes. Sin embargo, la inflación subyacente permanece en 4.12%. La desaceleración observada se explica casi exclusivamente por la caída de precios en algunos productos agrícolas: el jitomate bajó 23.98%, el chile poblano 28.33% y el huevo 4.51% en solo quince días. Esta dependencia de factores estacionales y volátiles reduce la certidumbre sobre la trayectoria futura de los precios.

Los datos que las autoridades destacan —crecimiento económico, récord exportador, baja tasa de desempleo e inflación a la baja— resultan ciertos en términos agregados. No obstante, el desglose de cada indicador muestra que la producción industrial no despega, las exportaciones automotrices enfrentan riesgos por la revisión del T-MEC, el empleo se precariza y la desinflación depende de choques de oferta en alimentos. La lectura integral de los reportes sugiere que la economía mexicana atraviesa una fase de estancamiento con heterogeneidad sectorial, más que un proceso de expansión vigorosa y equilibrada.

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