El calendario escalonado para vincular las líneas de telefonía celular de prepago con la CURP representa una de las intervenciones regulatorias más relevantes del mercado móvil mexicano durante 2026. La medida, atribuida a la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT), busca reducir el anonimato de los números utilizados en actividades como fraude, extorsión y secuestro virtual. Su impacto, sin embargo, dependerá menos de la existencia del registro que de la forma en que las empresas verifiquen la identidad, protejan la información y atiendan a las personas que enfrenten dificultades para completar el trámite.
El calendario distribuye los vencimientos según el último dígito de la línea: el plazo para las terminaciones en 0 venció el 15 de agosto; después corresponden las terminaciones en 1, el 31 de agosto; en 2, el 15 de septiembre; en 3, el 30 de septiembre; en 4, el 15 de octubre; en 5, el 31 de octubre; en 6, el 15 de noviembre; en 7, el 30 de noviembre; en 8, el 15 de diciembre, y en 9, el 31 de diciembre de 2026. La posibilidad de registrarse antes de la fecha asignada reduce la concentración de solicitudes, pero también exige que la población reciba información clara y verificable.
Un esfuerzo contra el anonimato criminal
El principal beneficio esperado es una mayor capacidad para relacionar una línea telefónica con una persona responsable. En investigaciones sobre llamadas de extorsión o fraudes, la identificación del titular puede aportar una pista inicial y facilitar la coordinación entre autoridades, operadores y víctimas. El registro también podría elevar el costo operativo de quienes utilizan múltiples líneas desechables para contactar a sus objetivos, especialmente si las compañías aplican controles consistentes sobre altas, reposiciones y cambios de titularidad.
La medida, por sí sola, no elimina los delitos cometidos mediante teléfonos móviles. Una línea registrada puede ser prestada, robada, utilizada por una tercera persona o contratada con información ajena. Además, los delincuentes pueden recurrir a llamadas por internet, equipos importados, números extranjeros o mecanismos de suplantación. La vinculación, por tanto, debe entenderse como una herramienta de trazabilidad y no como una solución automática. Su eficacia dependerá de que las autoridades conviertan los datos en investigaciones oportunas y de que existan protocolos para distinguir al titular formal del usuario real.

Para el mercado, el esquema puede favorecer una actualización de los registros de clientes de prepago. Las empresas tendrán incentivos para depurar líneas inactivas, corregir inconsistencias y mejorar sus procesos de atención. Esa información podría ayudar a reducir usos fraudulentos de cuentas y a fortalecer mecanismos de recuperación cuando un usuario pierde su equipo. También puede impulsar una relación más formal entre operadores y consumidores, aunque ese resultado no está garantizado si el trámite se convierte en una barrera para mantener el servicio.
La suspensión puede profundizar la brecha digital
El riesgo más inmediato recae sobre quienes no completen la vinculación dentro del plazo. La CRT informó que las líneas no registradas serán suspendidas temporalmente y que, en el caso de las terminadas en 0, la aplicación se realizaría gradualmente durante las 72 horas posteriores al vencimiento. La autoridad también señaló que el número no se cancela y que puede reactivarse después del registro. Aun así, una interrupción puede afectar actividades esenciales: comunicación con familiares, banca móvil, autenticación de cuentas, acceso a servicios públicos, trabajo informal y contacto con escuelas o centros de salud.
La afectación será potencialmente mayor para personas con poca conectividad, adultos mayores, habitantes de comunidades rurales, migrantes, usuarios con discapacidad y quienes dependen de un solo teléfono para varias tareas. Que la plataforma de la compañía no consuma datos móviles, incluso durante una suspensión o cuando no haya saldo, reduce una dificultad concreta, pero no resuelve todos los obstáculos. El usuario todavía puede carecer de una identificación vigente, enfrentar fallas en la cámara del equipo, no comprender el proceso de validación o necesitar asistencia presencial.
También existe un problema de asimetría entre el número de líneas y la capacidad de atención. Si una parte importante de los usuarios espera hasta los últimos días, los centros de servicio pueden registrar saturación, tiempos de espera prolongados y respuestas inconsistentes. Esto sería especialmente delicado para las terminaciones en 9, cuyo vencimiento está previsto para el 31 de diciembre, una fecha que coincide con un periodo de movilidad, vacaciones y menor disponibilidad de algunas oficinas. La recomendación de adelantar el trámite es razonable, pero requiere campañas permanentes, mensajes accesibles y canales de soporte que no dependan exclusivamente de internet.
La protección de datos será la prueba decisiva
El procedimiento en línea contempla proporcionar el número telefónico, fotografiar por ambos lados una identificación oficial vigente y realizar una validación de identidad mediante la cámara del celular. La CRT afirma que el registro es gratuito, que las empresas recaban y protegen la información y que la cámara funciona como una prueba de vida sin almacenar datos biométricos. Estas precisiones son relevantes, pero no eliminan la necesidad de supervisión independiente.
El riesgo no se limita a que una base de datos sea vulnerada. También puede producirse un uso excesivo de la información, una retención durante más tiempo del necesario, accesos internos no autorizados o transferencias que el usuario no comprenda. La fotografía de una identificación contiene datos suficientes para facilitar suplantaciones si se filtra o se comparte fuera del propósito original. La prueba de vida, por su parte, requiere reglas técnicas claras: debe explicarse qué se captura, qué se descarta, durante cuánto tiempo se conserva cualquier registro de la operación y quién puede consultarlo.
Otro escenario de riesgo es la proliferación de páginas falsas. La urgencia asociada a una fecha límite crea condiciones favorables para mensajes que soliciten documentos, códigos de autenticación o pagos. El hecho de que el trámite sea gratuito debería convertirse en una advertencia práctica frente a cualquier cobro, pero no todos los usuarios podrán distinguir una plataforma legítima de una copia. Por ello, los operadores y la CRT tendrían que reforzar la autenticación de sus portales, publicar direcciones oficiales de forma visible y advertir sobre fraudes vinculados con el registro.
Una regla uniforme con casos difíciles
La limitación de hasta 10 líneas por persona busca evitar concentraciones injustificadas, mientras que las empresas no tienen ese límite. La diferencia reconoce que una compañía puede administrar numerosas líneas por razones operativas, pero abre preguntas sobre los controles aplicables a pequeños negocios, repartidores, trabajadores independientes y familias que comparten la responsabilidad de varios números. El criterio de titularidad debe ser suficientemente preciso para evitar que una persona registre líneas que en realidad utiliza otra, o que un error administrativo provoque la suspensión de un número esencial.
En el caso de menores de edad, el registro corresponde a padres o tutores. Esa solución facilita la responsabilidad legal, aunque puede generar dificultades cuando el adolescente usa una línea que fue adquirida por un familiar, cuando existe custodia compartida o cuando el tutor no puede acudir a un centro de atención. También será necesario resolver los casos de personas fallecidas, cambios de titularidad, líneas adquiridas de segunda mano y números utilizados temporalmente por trabajadores o estudiantes.
Los usuarios de pospago no necesitan realizar nuevamente el procedimiento, de acuerdo con la información difundida por la CRT, porque su línea ya está asociada a su nombre desde la contratación. Esta diferencia puede simplificar la aplicación de la medida, pero también puede generar confusión entre clientes que cambiaron de prepago a pospago, conservaron el número mediante portabilidad o tienen más de una línea bajo modalidades distintas. Una comunicación imprecisa podría llevar a algunos usuarios a entregar datos innecesariamente o, en sentido contrario, a omitir un registro que sí les corresponde.
Lo que debe vigilarse después del vencimiento
La aplicación gradual de las suspensiones ofrece una oportunidad para detectar errores antes de que se conviertan en exclusiones permanentes. Las autoridades y las compañías deberían publicar información sobre el número de líneas afectadas, los tiempos promedio de reactivación, las quejas recibidas y las causas más frecuentes de rechazo. Sin esos indicadores, será difícil evaluar si las interrupciones corresponden a incumplimientos reales o a fallas en las plataformas y en la verificación de identidad.
También conviene mantener mecanismos de apelación para quienes consideren que su línea fue suspendida injustamente. Un proceso de recuperación que exija repetir varias veces la carga de documentos puede agravar el problema, sobre todo para quienes ya perdieron la conectividad. La existencia de atención telefónica, presencial y digital, con personal capacitado y criterios homogéneos, será determinante para que la medida no castigue de manera desproporcionada a los usuarios con menos recursos.
El registro puede aportar valor en seguridad pública si se combina con investigación, protección de datos y rendición de cuentas. Si se aplica únicamente como una obligación administrativa, sus costos recaerán sobre usuarios legítimos sin garantizar una reducción significativa de los delitos. El calendario que concluirá el 31 de diciembre de 2026 permitirá observar si la identificación de líneas mejora la respuesta ante el fraude y la extorsión, pero también si genera nuevas vulnerabilidades. La señal más importante no será cuántos números fueron vinculados, sino si el sistema logra ofrecer mayor seguridad sin convertir la conectividad básica en un servicio condicionado a trámites inaccesibles o a una exposición innecesaria de la identidad.
