En mayo de 2026 el crédito vigente de la banca comercial al sector privado registró un crecimiento real anual de 1.7%, apenas superior al 1.5% de abril. El saldo alcanzó 7.41 billones de pesos. Aunque el dato marca una ligera mejora, el ritmo sigue lejos de los incrementos de doble dígito observados entre 2023 y principios de 2025. Esta evolución refleja un cambio estructural en la dinámica crediticia mexicana que merece un análisis más amplio que el simple registro mensual.

Antecedentes de la desaceleración
Entre 2023 y comienzos de 2025 el crédito comercial creció con fuerza gracias a la recuperación postpandemia, el aumento del empleo formal y tasas de interés aún contenidas. A partir de la segunda mitad de 2025 la tendencia se invirtió. La desaceleración coincidió con la moderación del PIB, la pérdida de dinamismo en la creación de empleos formales y el endurecimiento de las condiciones financieras. Los datos de Banxico muestran que los tres grandes segmentos —consumo, vivienda y empresas— redujeron su ritmo de expansión, aunque con intensidades distintas.
El crédito al consumo mantuvo mayor resiliencia, impulsado por tarjetas y financiamiento automotriz. En cambio, el financiamiento a empresas y personas físicas con actividad empresarial acumuló ya varios meses de contracción real. Sectores como minería, electricidad y medios masivos registraron caídas superiores al 25% anual, lo que revela una selectividad creciente de la banca ante riesgos sectoriales específicos.
Impacto en el consumo y el mercado interno
El crecimiento de 7% en el crédito al consumo tiene efectos directos sobre la demanda agregada. Las familias mexicanas utilizan cada vez más tarjetas y préstamos de nómina para sostener el gasto cotidiano. Esta dependencia puede amplificar el consumo en el corto plazo, pero también eleva el riesgo de sobreendeudamiento cuando el empleo formal se estanca. Un ejemplo claro aparece en el segmento automotriz, donde el crédito creció 10.9%: las ventas de vehículos nuevos se sostienen gracias al financiamiento, pero una eventual desaceleración del empleo podría traducirse rápidamente en morosidad.
A nivel social, el mayor acceso al crédito de consumo permite a sectores de ingresos medios mantener cierto nivel de vida. Sin embargo, cuando el crecimiento del crédito se concentra en bienes duraderos y no en inversión productiva, el efecto multiplicador sobre el empleo tiende a ser limitado. La recuperación observada en mayo no modifica sustancialmente esta estructura.
Efectos en vivienda y acumulación de patrimonio
El crédito hipotecario creció apenas 1% real anual. Aunque la cifra es positiva respecto a abril, sigue siendo muy inferior a los ritmos previos. La vivienda representa el principal mecanismo de acumulación de riqueza para la clase media mexicana. Una expansión lenta del financiamiento hipotecario reduce la capacidad de las nuevas generaciones para acceder a la propiedad y frena la formación de capital familiar a largo plazo.
En ciudades medianas donde el empleo formal depende de la industria manufacturera, la menor disponibilidad de crédito hipotecario puede traducirse en menor movilidad laboral y en presiones sobre el mercado de renta. El Banco de México ha señalado que las tasas de interés siguen elevadas; por tanto, la ligera mejora de mayo probablemente responde más a una base de comparación baja que a un cambio estructural en la demanda.
Repercusiones en la inversión empresarial
La contracción persistente del crédito a empresas (-0.9%) constituye el dato más preocupante. Las compañías mineras, generadoras de energía y empresas de medios registraron las mayores caídas. Esta selectividad bancaria puede interpretarse como una señal de prudencia, pero también implica que proyectos de inversión en sectores estratégicos enfrentan mayores restricciones de financiamiento. Cuando las empresas recurren menos al crédito bancario, tienden a posponer expansiones o a financiarse con recursos propios, lo que reduce el ritmo de modernización tecnológica.
La expectativa de la Asociación de Bancos de México de un crecimiento del PIB de 1.4% para 2026 refleja precisamente este escenario de baja inversión. Un círculo vicioso se configura: menor crédito reduce inversión, menor inversión frena el empleo y el empleo débil limita la demanda de crédito. Romper esta dinámica requiere tanto estímulos macroeconómicos como mejoras en la percepción de riesgo sectorial.
Perspectivas de largo plazo
La ligera recuperación de mayo no altera la tendencia estructural de menor intermediación bancaria. Si el crédito sigue creciendo por debajo del PIB nominal, la relación crédito/PIB tenderá a estabilizarse o incluso a bajar, alejándose del proceso de profundización financiera que México necesita. Este fenómeno afecta la capacidad del sistema financiero para canalizar ahorro hacia inversión productiva y puede incrementar la dependencia de fuentes de financiamiento externas o informales.
En términos de estabilidad financiera, la morosidad aún no muestra deterioro significativo, pero la concentración del crecimiento en consumo y la contracción en empresas configuran un perfil de riesgo asimétrico. Los reguladores y la propia banca tendrán que vigilar si la recuperación observada en mayo se consolida o se revierte en los próximos trimestres, especialmente ante un entorno externo que sigue siendo incierto.
