Recuperación del consumo de virgen extra por bajada de precios

El descenso sostenido de los precios del aceite de oliva virgen extra durante 2025 ha permitido que los hogares españoles recuperen niveles de compra que se habían perdido en los años anteriores. Según los datos del Informe Anual de Consumo Alimentario presentado por el Ministerio de Agricultura, el volumen adquirido creció un 33,9 por ciento hasta alcanzar los 138,15 millones de litros. Este repunte no surge de forma aislada, sino que representa la respuesta directa a una etapa prolongada de encarecimiento que alteró los patrones de compra de millones de familias.

Orígenes de la crisis de precios previa

Entre 2022 y 2024 la producción española sufrió tres campañas consecutivas marcadas por sequías extremas en las principales zonas olivareras de Andalucía y Castilla-La Mancha. La reducción de la cosecha provocó que el precio medio del virgen extra superara los 8 euros por litro en los lineales, obligando a muchos consumidores a sustituir este producto por aceites de semillas más económicos. Las cooperativas de Jaén y Córdoba registraron pérdidas de facturación superiores al 40 por ciento en ese periodo, mientras que el consumo per cápita cayó por debajo de los 2 litros anuales en varias comunidades autónomas.

El efecto no se limitó al bolsillo de los hogares. Grandes cadenas de distribución redujeron el espacio en estanterías dedicado al virgen extra y priorizaron marcas blancas de menor calidad. Esta dinámica generó un círculo vicioso en el que la menor visibilidad del producto contribuía aún más a la caída de la demanda.

Respuesta de la demanda ante la corrección de precios

Cuando el precio medio descendió hasta los 5,50 euros por litro a lo largo de 2025, la elasticidad-precio del virgen extra se manifestó con claridad. Los hogares que habían migrado hacia aceites de girasol o de oliva convencional volvieron progresivamente al producto de mayor calidad. El consumo medio por persona alcanzó los 2,95 litros, una cifra que aún se sitúa por debajo de los registros históricos previos a la crisis, pero que marca un punto de inflexión claro.

Este regreso no ha sido uniforme. Las familias con rentas medias-altas han liderado la recuperación, mientras que los hogares de menor poder adquisitivo siguen mostrando mayor sensibilidad al precio y optan por mezclas. La diferencia regional también resulta significativa: Andalucía registra 3,8 litros por habitante frente a los 2,9 litros de la media nacional, lo que refleja tanto la tradición de consumo como la mayor disponibilidad de producto local.

Consecuencias económicas para productores y cooperativas

El aumento del volumen vendido no se ha traducido en mayores ingresos para el sector. El valor total del mercado del virgen extra cayó un 16,2 por ciento hasta los 759,7 millones de euros. Las cooperativas andaluzas, que concentran buena parte de la producción, enfrentan ahora márgenes más ajustados que dificultan las inversiones en modernización de almazaras y en sistemas de riego eficiente. Algunas organizaciones han optado por destinar parte de su cosecha a la exportación a granel, donde los precios internacionales resultan más competitivos, aunque esto reduce el valor añadido que se queda en el territorio.

Al mismo tiempo, la menor facturación ha acelerado procesos de concentración empresarial. Pequeñas almazaras independientes han firmado acuerdos de comercialización con grandes grupos para garantizar salida de su producción, mientras que las cooperativas de segundo grado han reforzado su posición negociadora frente a la distribución.

Impacto en los hábitos alimentarios y la salud pública

El retorno al virgen extra tiene implicaciones que trascienden el ámbito económico. Diversos estudios epidemiológicos han vinculado el consumo regular de este aceite con la reducción de riesgo cardiovascular y con patrones alimentarios más cercanos a la dieta mediterránea. La recuperación observada en 2025 podría contribuir, a medio plazo, a frenar el avance de ciertas patologías crónicas asociadas a dietas ricas en grasas saturadas procedentes de aceites refinados.

Sin embargo, persiste el riesgo de que parte de la población mantenga un consumo intermitente o vuelva a sustituir el producto ante cualquier nuevo repunte de precios. Las campañas de promoción impulsadas por el Ministerio y las organizaciones interprofesionales buscan consolidar el hábito mediante información sobre usos culinarios y beneficios nutricionales, aunque su alcance sigue siendo limitado en comparación con la publicidad de productos ultraprocesados.

Transformaciones en los canales de distribución

Los supermercados y los hipermercados han absorbido el 86,8 por ciento del volumen total vendido, mientras que el canal tradicional ha quedado reducido al 1,1 por ciento. Esta concentración refuerza el poder de negociación de las grandes cadenas frente a productores y envasadores. Varias marcas han desarrollado líneas específicas de virgen extra a precio contenido para captar al consumidor sensible al coste, lo que ha contribuido a democratizar el acceso pero también ha intensificado la presión sobre los márgenes de los fabricantes.

La dependencia de la gran distribución plantea interrogantes sobre la resiliencia del sector ante futuras perturbaciones. Si se produjera una nueva sequía que elevara los precios, la misma estructura que ahora facilita el crecimiento del volumen podría acelerar la pérdida de cuota del virgen extra frente a alternativas más baratas.

Perspectivas de sostenibilidad y política sectorial

A largo plazo, la estabilización de los precios dependerá tanto de la capacidad de adaptación del olivar a condiciones climáticas más secas como de las políticas de apoyo a la modernización. Programas de reconversión varietal y de mejora de la eficiencia hídrica ya se están implantando en varias comarcas andaluzas, aunque sus resultados no serán visibles hasta dentro de varios años. Las ayudas de la Política Agraria Común orientadas a la sostenibilidad podrían jugar un papel determinante si se diseñan para premiar prácticas que reduzcan la vulnerabilidad productiva.

El equilibrio entre volumen y valor seguirá siendo el principal desafío del sector. Si el consumo se consolida en torno a los niveles alcanzados en 2025, las cooperativas tendrán margen para invertir en diferenciación y en certificaciones de calidad que permitan recuperar parte del valor perdido. En caso contrario, el riesgo de una nueva contracción de la demanda ante cualquier incremento de precios permanece latente.

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