La Secretaría de Hacienda reportó que los ingresos tributarios del gobierno federal disminuyeron 1.4% en términos reales durante los primeros cinco meses de 2026 respecto al mismo periodo de 2025. Esta contracción, que pasó de 2.41 billones a 2.47 billones de pesos ajustados por inflación, se explica principalmente por la caída del 5.8% en la recaudación del Impuesto Sobre la Renta, mientras que el IVA y el IEPS mostraron incrementos que solo compensaron parcialmente la pérdida.
El descenso del ISR se vinculó directamente a menores pagos en las declaraciones anuales de personas morales y físicas. Aunque el aumento real de salarios y la resiliencia del empleo formal elevaron la retención por sueldos, este efecto no alcanzó a revertir la tendencia negativa. Al mismo tiempo, el consumo de los hogares sostuvo el IVA, que creció 3.3% real, y el IEPS, que avanzó 6.9% gracias al mayor uso de combustibles, tabaco y bebidas saborizadas.

Antecedentes de la estructura fiscal mexicana
México mantiene una dependencia histórica del ISR como principal fuente de ingresos tributarios. En los últimos diez años, este impuesto ha representado en promedio cerca del 55% de la recaudación total. La caída observada en 2026 coincide con un patrón que ya se presentó en 2019 y 2023, cuando la desaceleración de utilidades empresariales redujo los pagos de declaraciones anuales. El contexto actual añade el efecto de un tipo de cambio más bajo, que disminuyó la valuación en pesos de las importaciones y, por tanto, los impuestos asociados.
La resiliencia del consumo interno que impulsó el IVA refleja la recuperación del poder adquisitivo de los hogares tras los incrementos salariales reales registrados entre 2024 y 2025. Sin embargo, este mismo dinamismo no se tradujo en mayor actividad empresarial que elevara el ISR, lo que sugiere una distribución desigual de los beneficios del crecimiento económico.
Impacto en las finanzas públicas y el gasto
Una reducción sostenida de los ingresos tributarios obliga al gobierno a ajustar su programación de gasto. El informe de Hacienda ya muestra que la inversión física en vivienda y servicios comunitarios creció apenas 6%, mientras que la destinada a infraestructura educativa alcanzó 19.2%. Ambas cifras podrían verse limitadas en el segundo semestre si la tendencia del ISR persiste. En ejercicios anteriores, recortes similares afectaron programas de mantenimiento de carreteras y becas estudiantiles en entidades federativas con menor capacidad de generar ingresos propios.
El menor tipo de cambio también redujo en 26 mil millones de pesos los ingresos por impuestos a las importaciones respecto a lo presupuestado. Esta brecha presiona la meta anual de balance fiscal y puede obligar a mayor uso de deuda interna, elevando los costos de financiamiento del sector público en un momento en que las tasas de interés permanecen elevadas.
Consecuencias en el mediano y largo plazo
Si la tendencia de menor captación de ISR se mantiene, el margen para políticas contracíclicas se reducirá. Un ejemplo claro es el fondo de estabilización de ingresos petroleros, que ya ha sido utilizado en periodos de volatilidad. Con menos recursos tributarios, la capacidad de absorber choques externos, como una nueva caída del precio del petróleo o una desaceleración de las exportaciones manufactureras, quedaría comprometida.
En el ámbito social, la menor disponibilidad de recursos puede traducirse en menor inversión en salud y educación en estados con alta dependencia de participaciones federales. La experiencia de 2020 demostró que recortes en estos rubros incrementaron la desigualdad regional, especialmente en el sureste del país, donde los ingresos propios cubren menos del 20% del presupuesto estatal.
A nivel estructural, la composición actual de la recaudación, con un IEPS impulsado por consumo de combustibles, genera incentivos contradictorios con los objetivos de transición energética. El crecimiento de 5.4% en el IEPS de gasolinas y diésel indica que la demanda de estos productos sigue elevada, lo que podría retrasar metas de reducción de emisiones si no se complementa con políticas de movilidad eléctrica más agresivas.
La fiscalización reforzada que elevó la recaudación de IVA ofrece una vía para mitigar la caída del ISR, pero requiere tiempo para madurar. Las acciones de cruce de información entre plataformas digitales y el SAT han mostrado resultados en otros países de América Latina, como Chile, donde la brecha de cumplimiento bajó tres puntos porcentuales en cuatro años. Aplicar esquemas similares en México podría estabilizar los ingresos sin necesidad de elevar tasas impositivas.
En conclusión, la disminución observada en 2026 no es un evento aislado sino reflejo de vulnerabilidades estructurales que afectan tanto la estabilidad macroeconómica como la provisión de servicios públicos. Las decisiones que se tomen en los próximos meses determinarán si el país logra diversificar sus fuentes de ingreso o si continúa expuesto a ciclos de volatilidad tributaria.
