El programa Alimentación para el Bienestar cerró el ciclo Primavera-Verano 2025 con volúmenes sin precedentes en la compra de maíz y frijol. Las cifras superaron los máximos de los últimos siete años y alcanzaron a cerca de 66 mil pequeños productores en distintas regiones del país. Este resultado se atribuye al esquema de adquisición directa que elimina intermediarios y canaliza recursos de manera más eficiente hacia los agricultores.
El maíz representó el mayor volumen con 752 mil 282 toneladas, cifra superior a las 743 mil 726 toneladas de 2019 y a las 704 mil 626 de 2020. En el caso del frijol, el acopio llegó a casi 196 mil toneladas, rebasando el récord anterior de 192 mil 387 toneladas registrado en 2021. Ambos productos concentraron una inversión social que supera los 10 mil millones de pesos.
Distribución regional de los apoyos
Los estados con mayor participación en el acopio de maíz fueron Chiapas, que aportó 29.5 por ciento del volumen, seguido de Jalisco con 20.7 por ciento, Guerrero con 10.8 por ciento, Michoacán con 8.4 por ciento y el Estado de México con 6.2 por ciento. En total, 39 mil 483 productores recibieron 5 mil 418.8 millones de pesos por este cultivo.
Para el frijol, Zacatecas concentró 55 por ciento de las entregas, Durango 24.7 por ciento, Chihuahua 7.5 por ciento, Nayarit 6.4 por ciento y San Luis Potosí 2.5 por ciento. Más de 26 mil 401 productores y productoras obtuvieron 5 mil 288.1 millones de pesos en este rubro.

Directriz presidencial y soberanía alimentaria
La operación se alineó con las instrucciones de la presidenta Claudia Sheinbaum de reforzar la soberanía alimentaria y mejorar las condiciones de los pequeños productores. El esquema de compra sin intermediarios busca elevar los ingresos rurales y reducir la dependencia de cadenas de comercialización que históricamente reducen el margen de ganancia del agricultor.
Los resultados colocan al programa en una etapa distinta, donde el apoyo directo se convierte en herramienta para estabilizar la oferta interna de granos básicos. Esta estrategia responde a la necesidad de mantener reservas estratégicas ante posibles fluctuaciones en los mercados internacionales.
Presiones derivadas de la revisión del T-MEC
El balance positivo coincide con advertencias de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas. La organización señaló el 9 de julio que las revisiones anuales del tratado comercial generan incertidumbre para la planeación de ciclos productivos y el acceso a financiamiento. El secretario general Álvaro López Ríos explicó que la decisión de Estados Unidos de no extender la vigencia por 16 años mantiene al sector en un esquema de evaluaciones periódicas que dificulta inversiones de largo plazo.
Además de la revisión del acuerdo, la UNTA mencionó el interés de Washington por reducir su déficit comercial agrícola y modificar reglas de origen, regulaciones y medidas fitosanitarias. Estos factores complican la competitividad de los productores medianos y pequeños que requieren certeza jurídica para tecnificar sus unidades.
Incremento de importaciones de granos
Entre enero y mayo de 2026 México adquirió 19 millones 930 mil toneladas de granos y oleaginosas, el segundo volumen más alto para ese periodo según datos de la ANAM. Las compras de maíz alcanzaron 10.2 millones de toneladas, un aumento de 8.4 por ciento respecto al mismo lapso del año anterior, con un valor de 2 mil 102 millones de dólares.
El crecimiento se concentró principalmente en maíz amarillo, aunque también aumentaron las importaciones de elote blanco. Estados Unidos se mantuvo como el único proveedor de estos volúmenes, lo que refleja la persistente dependencia del mercado externo para cubrir la demanda interna de forraje y consumo industrial.
La combinación de récords en acopio nacional y elevadas importaciones muestra un panorama dual: por un lado, avances en el respaldo directo a productores de pequeña escala; por otro, la necesidad de políticas que reduzcan la vulnerabilidad ante cambios en los flujos comerciales y las condiciones climáticas que afectan la producción local.
