PVEM propone fin a seguros obligatorios en telefonía

La senadora Roció Corona Nakamura, del Partido Verde Ecologista de México, presentó una iniciativa que reforma los artículos 102, 185 y 186 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión. El objetivo central es impedir que las operadoras condicionen el acceso a telefonía móvil o internet a la contratación forzosa de seguros, membresías o suscripciones adicionales. De aprobarse, las empresas ya no podrán vincular la prestación del servicio principal a productos que el usuario no solicitó expresamente.

Los datos citados en la exposición de motivos revelan la magnitud del sector: 142.3 millones de líneas móviles activas y 130.5 millones de accesos a internet móvil a marzo de 2025, según el extinto Instituto Federal de Telecomunicaciones. La ENDUTIH 2023 indica que 97 millones de personas usan internet, equivalente al 81.2 % de la población de seis años o más, con la franja de 12 a 17 años alcanzando el 92.4 % de penetración. Estas cifras convierten cualquier cambio normativo en un asunto que afecta directamente a la mayoría de los hogares mexicanos.

Efectos directos sobre el gasto de las familias

La práctica de empaquetar servicios no solicitados eleva artificialmente el ticket promedio mensual. Un usuario que solo busca conectividad se ve obligado a pagar primas de seguro contra robo o membresías de streaming que se renuevan automáticamente. Cuando estos cobros pasan inadvertidos durante varios meses, el impacto acumulado reduce el presupuesto disponible para otros rubros esenciales. La reforma reconocería explícitamente el derecho a rechazar cualquier add-on, lo que, en la práctica, obligaría a las compañías a presentar ofertas desglosadas y transparentes desde el primer contacto comercial.

Empresas que han basado parte de su margen en la venta cruzada obligatoria enfrentarían una reducción inmediata de ingresos por este canal. Sin embargo, la misma medida podría incentivarlas a competir más agresivamente en precio y calidad del servicio principal, ya que perderían la capacidad de ocultar incrementos dentro de paquetes complejos. Esta dinámica suele observarse en mercados donde la regulación prohíbe el tying: la rivalidad se desplaza hacia atributos que el consumidor valora directamente.

Tres implicaciones estructurales para el sector

Primero, la eliminación del condicionamiento obligatorio podría acelerar la adopción de modelos de prepago o planes flexibles sin ataduras. Actualmente, muchos esquemas postpago incluyen cláusulas que dificultan la cancelación de servicios añadidos; la reforma reduciría el margen de maniobra para mantener esos mecanismos. Segundo, los organismos de defensa del consumidor recibirían un instrumento más claro para sancionar prácticas que hasta ahora operaban en zonas grises de la ley. Tercero, la medida envía una señal regulatoria consistente con la tendencia global de fortalecer los derechos digitales del usuario, lo que podría anticipar futuras intervenciones en otros sectores de servicios recurrentes.

Desde la perspectiva de las operadoras, la iniciativa representa un riesgo de erosión de ingresos si no se adapta la estrategia comercial. Algunas compañías argumentan que los seguros y membresías ofrecen valor real y que su inclusión responde a la demanda agregada de ciertos segmentos. No obstante, la distinción clave radica entre oferta voluntaria y requisito de contratación: la primera seguiría permitida, mientras que la segunda quedaría prohibida. Esta diferencia técnica es la que determina si la reforma afecta o no la libertad de oferta.

Perspectivas contrapuestas y posibles respuestas

Los grupos de consumidores y asociaciones de usuarios ven la propuesta como un avance necesario para equilibrar la asimetría de información que caracteriza las relaciones contractuales en telecomunicaciones. Por el contrario, representantes de la industria han señalado en foros previos que limitar la venta cruzada podría encarecer el servicio principal al reducir subsidios cruzados. Ambas posturas contienen elementos válidos: la transparencia beneficia al usuario final, pero las operadoras necesitan márgenes suficientes para mantener inversiones en infraestructura 5G y fibra. El diseño final de la norma determinará si se logra un punto de equilibrio o si se genera un efecto no deseado de menor despliegue de red.

Un escenario plausible es que las empresas migren hacia programas de fidelización opt-in con beneficios claros y cancelación sencilla. En mercados donde ya existen restricciones similares, como ciertos países europeos, se ha registrado un aumento en la competencia por precio del plan base y una reducción de quejas por cobros no reconocidos. México podría seguir esa trayectoria si la reforma se aprueba sin enmiendas que diluyan su alcance.

Riesgos de implementación y tendencias futuras

El principal riesgo radica en la posible aparición de mecanismos alternativos para mantener la vinculación de servicios, como descuentos condicionados que en la práctica funcionen de manera similar al tying actual. La autoridad de competencia y el órgano regulador tendrían que monitorear de cerca las nuevas estructuras tarifarias para detectar estas estrategias. Otro riesgo es que la reforma se limite a la telefonía móvil e internet fijo, dejando fuera otros servicios convergentes como televisión de paga, lo que generaría inconsistencias regulatorias.

A mediano plazo, la tendencia apunta hacia una mayor granularidad en la oferta: planes modulares donde el usuario selecciona únicamente lo que necesita. Esta evolución coincide con el avance de plataformas digitales que permiten activar o desactivar servicios en tiempo real. Si la iniciativa prospera, podría servir como precedente para regular prácticas similares en sectores como seguros médicos o plataformas de streaming, donde la renovación automática también genera controversia. El resultado final dependerá tanto de la redacción precisa de la ley como de la capacidad de supervisión de las autoridades competentes.

Artículos relacionados

Últimos artículos