Propuesta para eliminar IVA a psicólogos: impactos y riesgos

La iniciativa presentada en la Cámara de Diputados para exentar del IVA las consultas psicológicas abre un debate relevante sobre equidad fiscal y acceso a servicios de salud mental en México. Aunque la medida busca equiparar el tratamiento tributario entre psiquiatras y psicólogos, sus efectos potenciales se extienden más allá de la reducción de costos inmediatos y tocan aspectos estructurales del sistema de atención, la recaudación y la calidad del servicio.

Ampliación del acceso para grupos vulnerables

La eliminación del 16% de IVA podría reducir el precio final de cada sesión en un porcentaje significativo, lo que beneficiaría especialmente a estudiantes, trabajadores informales y jóvenes que inician su vida laboral. Datos de la propia iniciativa señalan que el costo actual representa una barrera real para quienes posponen o abandonan la búsqueda de ayuda. Al disminuir esa carga, se espera un incremento en la demanda temprana de atención para ansiedad, depresión y problemas asociados al consumo de sustancias.

Esta mayor accesibilidad podría contribuir a la prevención de casos graves, como lo indica la cifra de 727 suicidios entre niñas, niños y adolescentes en 2024. Si más personas consultan a tiempo, los sistemas de salud podrían registrar una reducción en hospitalizaciones de emergencia y en el uso prolongado de medicamentos psiquiátricos.

Presión sobre la recaudación fiscal

La exención propuesta implica una pérdida directa de ingresos para el erario, aunque el monto exacto depende del volumen actual de consultas privadas. El Servicio de Administración Tributaria tendría que absorber ese impacto en un contexto donde los recursos destinados a salud mental ya son limitados. Sin mecanismos compensatorios claros, existe el riesgo de que otras partidas presupuestales se vean afectadas o de que se busquen aumentos en otros impuestos para equilibrar las cuentas.

Reconfiguración del mercado de servicios psicológicos

Una demanda más alta podría incentivar la apertura de más consultorios y la contratación de profesionales independientes. Sin embargo, también abre la puerta a riesgos de saturación en zonas urbanas y escasez en regiones rurales donde ya existe poca oferta. La falta de regulación adicional sobre tarifas máximas o estándares mínimos de atención podría derivar en un aumento descontrolado de precios por parte de algunos prestadores que busquen recuperar márgenes perdidos por la exención.

Desafíos en la definición y fiscalización

La reforma plantea incluir servicios que requieran título de licenciatura en psicología, pero deja margen para interpretaciones sobre qué actividades entran en esa categoría. Sesiones grupales, evaluaciones ocupacionales o intervenciones en línea podrían generar controversias sobre su exención. Además, la autoridad fiscal necesitaría nuevos protocolos de verificación para evitar que personas sin cédula profesional intenten beneficiarse de la medida, lo que añade complejidad administrativa.

Posibles efectos en la calidad y la formación profesional

El incremento esperado en la demanda podría presionar a las universidades para formar más psicólogos en menor tiempo, con el consiguiente riesgo de bajar estándares de preparación. Por otro lado, una mayor visibilidad de la profesión podría atraer talento y recursos hacia la investigación clínica, siempre que las instituciones públicas y privadas respondan con programas de actualización y supervisión continua.

Incertidumbre sobre resultados a mediano plazo

Experiencias internacionales muestran que la reducción de barreras económicas no siempre se traduce en mejor salud mental poblacional si no se acompaña de campañas de concientización y mejora en la infraestructura pública. En México, la iniciativa no contempla por ahora un aumento paralelo en la oferta de servicios gratuitos o de bajo costo a través del IMSS o ISSSTE, lo que podría limitar su alcance real entre los sectores más desfavorecidos.

El proceso legislativo aún requiere dictamen en comisiones y eventual aprobación en ambas cámaras, por lo que cualquier estimación de impacto permanece sujeta a modificaciones durante el debate parlamentario. La ausencia de estudios de impacto fiscal detallados antes de su presentación añade otra capa de incertidumbre sobre los efectos netos de la reforma.

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