La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y el municipio de Tepetlaoxtoc sostienen que el tigre de Bengala Kenzo fue abatido el 2 de julio tras atacar al personal durante un operativo de captura en una barranca. Según el informe oficial, un veterinario disparó un dardo sedante y el felino cargó contra él, lo que obligó a un elemento de seguridad a intervenir con disparos letales para proteger la vida del médico.
Discrepancias en fechas y protocolos
La versión oficial contrasta con las denuncias de AZCARM, que cuestiona el uso inmediato de armas de fuego y exige una necropsia independiente para determinar el número de impactos y la distancia de los disparos. Además, persiste una inconsistencia: la presidenta municipal reportó la fuga el 27 de junio, mientras el comunicado de Profepa la ubica el 28. Esta diferencia alimenta dudas sobre la precisión de los registros oficiales.

El caso expone fallas estructurales en los PIMVS: la responsabilidad del escape recae exclusivamente en el refugio “Animal Experience”, clausurado por deficiencias en jaulas. Sin embargo, la ausencia de protocolos claros para grandes depredadores fuera de cautiverio revela una brecha entre la capacidad de respuesta institucional y los riesgos reales que entraña el manejo de fauna exótica en predios privados.
Repercusiones institucionales
AZCARM solicita deslindar responsabilidades administrativas o penales si se comprueba negligencia. El episodio obliga a revisar no solo los métodos de contención, sino también los estándares de seguridad exigidos a quienes mantienen especies de alto riesgo en instalaciones no especializadas. La falta de consenso sobre el operativo deja abierta la necesidad de auditorías independientes que fortalezcan la trazabilidad y la rendición de cuentas en contingencias similares.
