El peso mexicano cerró con una depreciación de 0.15% y extendió a dos sesiones su racha negativa, en una jornada dominada por la cautela de los inversionistas antes de la publicación de las minutas más recientes de la Reserva Federal y por el repunte de la aversión al riesgo ante el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Al cierre de los negocios, la moneda se ubicó en 17.0596 unidades por dólar, después de haber alcanzado el viernes 16.9717, su mejor nivel desde mediados de 2024. El movimiento confirmó que, aun tras su reciente fortaleza, el tipo de cambio sigue sensible a cambios en las expectativas sobre tasas de interés y a cualquier señal de tensión geopolítica que afecte a los mercados energéticos.
La tensión en Medio Oriente pesó sobre el mercado
La incertidumbre aumentó luego de que el presidente estadounidense Donald Trump afirmara que no existen conversaciones con Teherán y que el estrecho de Ormuz permanecía abierto, en contraste con declaraciones de autoridades iraníes que habían señalado un cierre de esa ruta marítima clave para el comercio petrolero. Esa discrepancia elevó la percepción de riesgo en torno al suministro de crudo y ayudó a sostener el alza en los precios internacionales del energético, un factor que también reavivó preocupaciones sobre la inflación global. En paralelo, el dólar estadounidense operó en un rango acotado, presionado por la menor convicción de que la Reserva Federal adopte un tono más restrictivo en el corto plazo.

El frente macroeconómico de Estados Unidos añadió información mixta a la sesión. La producción industrial creció en julio, aunque por debajo de lo previsto, dato que refuerza la lectura de una economía que sigue avanzando, pero sin suficiente tracción como para modificar de inmediato la postura de la Fed. El miércoles se divulgarán las minutas del encuentro de junio del banco central estadounidense, documento que los operadores seguirán de cerca para detectar señales sobre la trayectoria de las tasas de interés. El mercado ha ido ajustando sus apuestas hacia la idea de que los costos de financiamiento se mantendrán sin cambios el próximo mes y hasta el cierre del año, en un entorno donde la inflación y el crecimiento ya no avanzan con la misma intensidad que a inicios del ciclo.
La Bolsa Mexicana también cedió terreno
La presión no se limitó al mercado cambiario. La Bolsa Mexicana de Valores cerró con pérdidas y el índice S&P/BMV IPC retrocedió 0.50%, hasta 63,933.69 puntos, con lo que acumuló su cuarta sesión consecutiva a la baja. El volumen operado siguió débil, una característica habitual del verano pero que también refleja una menor convicción direccional en el mercado accionario local: apenas se negociaron 102.6 millones de acciones, cerca de la mitad del promedio diario cercano a 200 millones. Entre los valores más castigados destacaron Cemex, con una caída de 3.64% a 18.29 pesos, y Volaris, que cedió 3.59% a 12.63 pesos. La combinación de un entorno externo incierto y un mercado doméstico con menor participación suele amplificar los movimientos, incluso cuando no existe un detonante local único de gran magnitud.
En el mercado de deuda, la subasta semanal de valores gubernamentales mostró una demanda más firme por los plazos cortos de los Cetes, reflejada en menores rendimientos, mientras que los instrumentos de vencimiento más largo registraron alzas, a la espera de las minutas de la Fed y de Banco de México. El ajuste más relevante se observó en el Cete a 28 días, cuyo rendimiento bajó 25 puntos base para ubicarse en 6.15%, su menor nivel desde marzo de 2022. Ese comportamiento sugiere que los inversionistas siguen privilegiando liquidez y visibilidad de corto plazo, al tiempo que mantienen cautela sobre el rumbo de la política monetaria en ambos lados de la frontera. Para México, la lectura de estas señales es especialmente sensible por la estrecha integración comercial y financiera con Estados Unidos, donde cualquier variación en tasas, inflación o energía termina filtrándose con rapidez al tipo de cambio y a los activos locales.
