El peso mexicano cerró junio con una depreciación mensual de 0.91%, rompiendo la racha de dos meses consecutivos de apreciación. La divisa terminó en 17.4986 unidades por dólar, tras ceder 2.65 centavos el último día hábil del mes.

La caída respondió principalmente a factores externos. El aumento de tensiones entre Estados Unidos e Irán, junto con la incertidumbre arancelaria, impulsó una ola global de aversión al riesgo que llevó a los inversionistas a abandonar activos emergentes. Gabriela Siller, de Banco Base, recordó que el 82% de las operaciones del peso ocurren fuera de México y dependen en gran medida del carry trade.
Ancla de largo plazo debilitada
Aunque el peso acumula una apreciación de 2.83% en lo que va del año, la productividad mexicana ha perdido dinamismo. Este deterioro reduce el soporte estructural de la moneda y sugiere que cualquier nuevo shock externo podría generar presiones más persistentes sobre el tipo de cambio.
Rango probable y riesgos inmediatos
Para los próximos días, Felipe Mendoza, de EBC Financial Group, estima que el peso oscilará entre 17.36 y 17.58 pesos por dólar. La combinación de un déficit fiscal elevado y la revisión del T-MEC limita el margen alcista y aumenta la sensibilidad a datos de empleo de Estados Unidos.
En síntesis, la depreciación de junio confirma que la fortaleza reciente del peso sigue atada más a flujos especulativos que a fundamentos internos sólidos, dejando a la moneda expuesta ante cualquier deterioro adicional del entorno global.
