El dólar estadounidense abrió el 3 de julio de 2026 en 925,24 pesos chilenos, marcando una caída del 0,11% frente al cierre previo de 926,3 pesos. En la última semana registró un avance del 0,26%, aunque en términos interanuales acumula una baja del 5,72%. Las proyecciones de consenso recogidas por Bloomberg sitúan el tipo de cambio entre 820 y 880 pesos por dólar al cierre de 2026, con un escenario base cercano a 840 pesos, siempre que se mantenga la estabilidad política y el precio del cobre permanezca elevado.
La apreciación moderada del peso que anticipan los analistas se sustenta en el giro político hacia la derecha, que ha elevado la confianza empresarial y estimulado la inversión privada. Este factor, combinado con la evolución del cobre, principal exportación chilena, define la trayectoria del tipo de cambio. Una recuperación sostenida de los precios del metal rojo podría acelerar la fortaleza del peso, mientras que una caída abrupta representaría un riesgo alcista para el dólar.

Efectos sobre exportadores e importadores
La trayectoria descendente del dólar afecta de forma diferenciada a los sectores productivos. Las empresas mineras que exportan cobre ven reducidos sus ingresos en pesos cuando la divisa estadounidense se debilita, lo que presiona sus márgenes y puede retrasar decisiones de inversión en nuevos proyectos. Por el contrario, los importadores de maquinaria, tecnología y bienes de consumo intermedio obtienen ventajas de costo que se trasladan parcialmente a precios finales, beneficiando a cadenas de retail y a sectores manufactureros dependientes de insumos externos.
El análisis de datos históricos muestra que cada caída de 50 pesos en el tipo de cambio reduce en aproximadamente 1,2 puntos porcentuales el superávit comercial minero, según estimaciones del Banco Central de Chile entre 2018 y 2024. Esta relación explica por qué grandes productores como Codelco y Antofagasta Minerals han ajustado sus planes de expansión en periodos de apreciación sostenida del peso.
Perspectiva de los inversionistas extranjeros
Los fondos de inversión y las multinacionales evalúan el escenario de apreciación del peso como una señal de menor riesgo país. La entrada de capitales en sectores como energía renovable y tecnología ha aumentado un 18% en los primeros meses de 2026 respecto al mismo período del año anterior, de acuerdo con datos de la agencia de promoción de inversiones. Sin embargo, esta mayor confianza depende de que el programa de reformas mantenga coherencia fiscal y evite incrementos imprevistos en la carga tributaria.
Un punto de fricción surge entre el Banco Central, que prioriza la estabilidad del tipo de cambio para controlar la inflación importada, y el Ministerio de Hacienda, que busca aprovechar la apreciación para reducir el costo de la deuda externa. Esta tensión ya se manifestó en 2025 cuando el ente emisor intervino de forma discreta para moderar la velocidad de caída del dólar.
Riesgos estructurales y escenarios alternativos
El principal riesgo radica en una reversión abrupta de los precios del cobre. Si la demanda china se debilita más de lo previsto, el metal podría caer por debajo de 3,8 dólares la libra, empujando el tipo de cambio por encima de 900 pesos nuevamente. Otro factor de incertidumbre es la posible fragmentación del apoyo político al gobierno de derecha, que podría retrasar reformas estructurales y erosionar la confianza empresarial.
En un escenario de alta volatilidad global, la apreciación proyectada del peso podría limitarse a 870 pesos en lugar de los 840 estimados. Las empresas que no cubran su exposición cambiaria mediante derivados enfrentarán pérdidas operativas significativas, tal como ocurrió durante la crisis de suministros de 2022.
La evolución del tipo de cambio chileno hacia 2026 dependerá, en última instancia, de la capacidad del país para mantener el equilibrio entre disciplina fiscal, precios del cobre favorables y un marco político predecible. Cualquier desviación en estos tres pilares alterará la banda proyectada de 820-880 pesos y modificará las decisiones de inversión de los principales actores económicos.
