El dólar estadounidense cerró el 2 de julio a 926,64 pesos chilenos, un alza marginal de 0,13% frente al cierre previo de 925,46 pesos. En la semana acumuló un avance de 0,57%, aunque en términos interanuales registra una caída de 4,6%. La volatilidad actual, situada en 1,75%, contrasta fuertemente con la referencia histórica de 11,2%, lo que refleja un mercado cambiario notablemente estable en el corto plazo. Estas cifras, reportadas por Dow Jones y recogidas por Bloomberg, sirven como punto de partida para examinar las fuerzas estructurales que moldearán el tipo de cambio durante los próximos meses.
La apreciación moderada del peso que se anticipa para 2026, con un rango proyectado entre 820 y 880 pesos por dólar y un escenario central cercano a 840, depende de la convergencia de factores políticos y de materias primas. El giro hacia la derecha ha mejorado la confianza empresarial y estimulado la inversión privada, mientras que el precio del cobre continúa actuando como ancla fundamental de la balanza de pagos chilena.

Efectos sectoriales diferenciados
La estabilidad del tipo de cambio reduce la incertidumbre para los importadores de bienes de capital y tecnología, permitiéndoles planificar con mayor precisión sus costos. En contraste, los exportadores no mineros enfrentan márgenes más estrechos cuando el peso se fortalece, lo que puede frenar la diversificación productiva fuera del cobre. Los hogares de ingresos medios perciben un alivio en el precio de productos importados y en el costo de viajes al exterior, aunque la lenta recuperación del empleo limita el efecto expansivo sobre el consumo masivo.
Tres dinámicas estructurales emergentes
La primera dinámica radica en la interacción entre el ciclo político y los flujos de capital. Un programa de reformas que priorice la certidumbre jurídica atrae inversión extranjera directa, lo cual presiona a la baja el tipo de cambio; sin embargo, si las reformas generan resistencias sociales que derivan en paros o bloqueos, la entrada de capitales puede revertirse con rapidez y provocar episodios de depreciación brusca. La segunda dinámica se vincula al precio del cobre: una recuperación sostenida por encima de los 4,5 dólares la libra acelera la apreciación del peso, pero una caída abrupta por desaceleración china o transición energética global eleva el valor del dólar más allá de las bandas proyectadas. La tercera dinámica concierne a la política monetaria del Banco Central. La baja volatilidad actual podría inducir a mantener tasas de interés relativamente altas para anclar expectativas, lo que a su vez refuerza el atractivo del peso, creando un círculo virtuoso siempre que la inflación importada permanezca contenida.
Perspectivas de los distintos actores
Los grandes mineros valoran un peso más fuerte porque reduce el costo en dólares de insumos importados y de la deuda denominada en moneda extranjera. Los pequeños y medianos exportadores agrícolas y manufactureros, en cambio, advierten que una apreciación excesiva erosiona su competitividad frente a proveedores de Perú y Argentina. El gobierno central observa con atención cómo un dólar más bajo alivia la carga del servicio de la deuda pública, que alcanzó 37% del PIB tras la respuesta fiscal de 2021, aunque también reduce los ingresos fiscales medidos en pesos provenientes de la minería. Los sindicatos y organizaciones de consumidores destacan que la estabilidad cambiaria ayuda a moderar la inflación de alimentos y combustibles, pero advierten que la recuperación del empleo sigue rezagada y que cualquier shock externo podría revertir los avances en el mercado laboral.
Riesgos y escenarios alternativos
El principal riesgo reside en una corrección abrupta del precio del cobre por debajo de 3,8 dólares la libra, lo que podría empujar el tipo de cambio por encima de 900 pesos en pocos meses y reavivar presiones inflacionarias. Un segundo riesgo proviene de la polarización política interna: si las reformas estructurales se estancan o se revierten parcialmente, la confianza empresarial podría deteriorarse y provocar salidas de capital que debiliten al peso más allá de las proyecciones de consenso. Un tercer riesgo, de naturaleza externa, es una apreciación global del dólar por endurecimiento de la política monetaria estadounidense, que limitaría el margen de maniobra del Banco Central de Chile y elevaría la volatilidad desde los actuales niveles reducidos hacia rangos más cercanos al promedio histórico.
En conjunto, la trayectoria central apunta a una apreciación moderada del peso, sustentada en la combinación de estabilidad política y precios del cobre favorables. No obstante, la amplitud del rango proyectado entre 820 y 880 pesos refleja la persistencia de incertidumbres que podrían materializarse con rapidez. Los agentes económicos que logren anticipar tanto los impulsos positivos del ciclo del cobre como los riesgos de reversión política o externa estarán mejor posicionados para navegar el entorno cambiario de 2026.
