La crisis política en torno a Gianni Infantino sumó este miércoles un nuevo frente con la petición pública de dimisión lanzada por Noel Mooney, presidente ejecutivo de la Federación de Fútbol de Gales (FAW). La demanda llega después del intento fallido de la FIFA de abrir a capital privado parte de los derechos comerciales vinculados a la Copa del Mundo, una maniobra que desencadenó rechazo en varias federaciones europeas y aceleró la erosión del apoyo al dirigente suizo.
Gales fue la primera federación en retirar formalmente su respaldo a la candidatura de Infantino para seguir al frente de la FIFA. La FAW comunicó el 3 de agosto que había perdido la confianza en el presidente por dudas relacionadas con la gobernanza, el liderazgo, la comunicación y la gestión del organismo. La postura galesa no fue un gesto aislado, sino el primer síntoma visible de una ruptura más amplia con sectores del fútbol europeo que venían acumulando reparos desde hace meses.

El proyecto que encendió las alarmas
La controversia se originó por la propuesta de crear FIFA Forward Enterprise (FFE), una nueva estructura comercial diseñada para gestionar activos relevantes y competiciones del organismo. El plan contemplaba vender cerca del 20% de esa compañía a inversores privados en una operación valorada en miles de millones de dólares. En el entorno federativo, la idea fue interpretada como un cambio de modelo con implicaciones profundas: no solo por el volumen económico, sino por el riesgo de trasladar a un actor externo influencia sobre una parte sensible del negocio mundial del fútbol.
Mooney endureció todavía más su mensaje en declaraciones recogidas por medios británicos. Reconoció la trayectoria de Infantino en la UEFA y la FIFA, pero sostuvo que el intento de poner parte del Mundial en manos de capital privado marca un punto de quiebre. En términos políticos, el planteamiento del dirigente galés es relevante porque combina crítica institucional y juicio personal: no cuestiona únicamente una decisión concreta, sino la capacidad del presidente para seguir articulando consensos dentro de una organización que depende, por diseño, del respaldo de sus miembros.
La retirada no frenó el desgaste
Ante la oposición internacional, Infantino anunció el 31 de julio que el proyecto no seguiría adelante. El presidente de la FIFA admitió que la propuesta había generado divisiones y que ya no respondía al objetivo inicial de unir al fútbol mundial. Esa marcha atrás, sin embargo, no cerró el conflicto. En lugar de amortiguarlo, confirmó que la discusión había alcanzado una magnitud suficiente como para obligar a rectificar, algo que rara vez fortalece a una dirección ya cuestionada.
Después de Gales, otras federaciones europeas, entre ellas Inglaterra, Escocia y la República de Irlanda, retiraron o anunciaron el retiro de su apoyo a Infantino. En los últimos días, Israel también se sumó a esa lista, mientras aumentan las críticas dentro de organismos internacionales. La secuencia es importante porque muestra un patrón: ya no se trata de una protesta aislada por el plan financiero, sino de una pérdida de confianza acumulativa en la forma en que la FIFA está siendo conducida.
La sombra sobre la reelección
El escenario se complicó todavía más con la salida de Kevin Lamour, director de operaciones de la FIFA, quien había cuestionado públicamente el proyecto de inversión privada. Reuters informó que su salida profundizó la oposición a Infantino y que dirigentes de distintas confederaciones han expresado preocupación por la gestión del organismo. Esa dimisión añade un elemento sensible: cuando una controversia alcanza a altos cargos ejecutivos, el problema deja de ser solo político y pasa a ser también operativo, porque expone fracturas internas en la cadena de mando.
Por ahora, Infantino mantiene su intención de buscar la reelección para un nuevo periodo. En mayo confirmó que será candidato en las elecciones previstas para 2027. La fecha límite para presentar candidaturas es el 18 de noviembre de 2026 y la votación está programada para marzo de 2027. La pérdida creciente de apoyos puede convertir ese proceso en uno de los más difíciles de su presidencia, no solo por el número de federaciones que se han desmarcado, sino porque el debate ya no gira únicamente en torno a una operación comercial cancelada, sino a la credibilidad del liderazgo que la impulsó.
