Nearshoring concentra empleo pero agrava desequilibrios regionales

El análisis de Banamex revela que la relocalización de cadenas de suministro ha impulsado el empleo manufacturero de alto valor en México, con un incremento del 16.6 por ciento entre 2018 y 2023 en sectores como electrónica, autopartes, aeroespacial y dispositivos médicos. Este crecimiento superó con creces el 7.4 por ciento registrado en el resto de las manufacturas, lo que representa alrededor de 250 mil nuevos puestos. Sin embargo, la distribución geográfica de estos empleos muestra una marcada tendencia hacia la concentración en estados fronterizos del norte y el Bajío, donde la participación subió del 85.6 al 86.6 por ciento en el mismo periodo.

Esta dinámica genera oportunidades claras para las regiones beneficiadas. Las empresas que se instalan o expanden aprovechan mano de obra calificada, redes de proveedores existentes e infraestructura logística cercana a la frontera con Estados Unidos. En Chihuahua, por ejemplo, Ciudad Juárez concentra el 77.5 por ciento del empleo electrónico estatal, lo que fortalece clusters productivos ya consolidados y permite incrementos salariales en ocupaciones técnicas especializadas.

Al mismo tiempo, el sur y sureste del país experimentan un retroceso relativo: su participación en el empleo de estos sectores pasó del 2.2 al 2.1 por ciento. Esta brecha se explica por la ausencia de condiciones estructurales que atraigan inversiones de alto valor. La falta de energía confiable, conectividad logística limitada y menor disponibilidad de trabajadores con formación técnica específica dificultan que las empresas consideren estas zonas como destinos viables.

Desigualdad territorial y tensiones laborales

La concentración observada puede exacerbar disparidades regionales existentes. Mientras los estados del norte registran mayor demanda de técnicos y ingenieros, lo que presiona al alza los salarios en esos perfiles, las entidades del sur enfrentan estancamiento o incluso pérdida de relevancia en cadenas globales de valor. Esta situación podría traducirse en flujos migratorios internos hacia los polos industriales, incrementando la presión sobre vivienda, servicios públicos y transporte en ciudades como Tijuana o Juárez.

Además, la dependencia de un número reducido de municipios genera vulnerabilidades. Si factores externos como cambios en la política comercial de Estados Unidos o disrupciones en cadenas de suministro afectan a estos clusters, el impacto económico se concentraría en pocas localidades, sin que el resto del país cuente con capacidad de absorción inmediata.

Presión sobre recursos e infraestructura

El nearshoring también plantea desafíos en materia de recursos naturales. Las plantas de manufactura intensiva requieren suministros estables de energía y agua, insumos que ya presentan limitaciones en varias zonas fronterizas. El aumento de la actividad productiva podría acelerar el agotamiento de acuíferos locales o generar conflictos por el uso de electricidad en periodos de alta demanda, elevando costos operativos y riesgos operativos para las propias empresas.

La formación de capital humano representa otro punto crítico. Aunque los sectores analizados demandan personal calificado, la expansión rápida de la oferta educativa técnica en las regiones receptoras no siempre acompasa el ritmo de las inversiones. Esto puede derivar en escasez de talento en el mediano plazo, obligando a las compañías a importar trabajadores o a invertir en programas internos de capacitación que elevan sus gastos.

Incertidumbres en la redistribución futura

El reporte de Banamex subraya que los incentivos fiscales por sí solos difícilmente lograrán atraer manufacturas de alto valor hacia regiones rezagadas. La experiencia histórica muestra que las ventajas acumuladas en los polos existentes —proveedores especializados, experiencia acumulada y proximidad a cruces fronterizos— tienden a reforzarse mutuamente. Sin intervenciones coordinadas en logística, energía y educación técnica, la brecha podría ampliarse en lugar de cerrarse.

Existen además incertidumbres sobre la sostenibilidad del propio fenómeno. El nearshoring no constituye una categoría estadística oficial, por lo que los datos actuales funcionan como indicadores indirectos. Si parte del crecimiento observado corresponde a expansiones de plantas ya instaladas y no a nuevas relocalizaciones, el impulso adicional podría moderarse en los próximos años, alterando las proyecciones de empleo y concentración regional.

En este contexto, las autoridades enfrentan la tarea de diseñar políticas que amplíen los beneficios sin generar cuellos de botella. Fortalecer la infraestructura energética y logística en zonas con potencial productivo, junto con programas de formación alineados a las necesidades de la industria, aparece como condición necesaria para evitar que el nearshoring profundice desequilibrios territoriales ya existentes.

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