México acelera turismo y expone nuevos riesgos

El nuevo récord turístico anunciado por la Secretaría de Turismo confirma una fortaleza relevante para la economía mexicana: el país sigue atrayendo viajeros aun en un entorno internacional adverso, con inflación global, vuelos más caros y señales de enfriamiento en mercados emisores clave. Que entre enero y junio hayan llegado 51.1 millones de viajeros internacionales y 24.5 millones de turistas extranjeros habla de una base de demanda más amplia de lo que se pensaba. También sugiere que la marca México conserva capacidad de resiliencia frente a la volatilidad externa, algo valioso para una industria que depende de percepciones, conectividad y seguridad.

El dato más importante no es sólo el volumen, sino la composición del flujo. El crecimiento de 4.6 por ciento en turistas extranjeros y la derrama de 18 mil 780 millones de dólares muestran que el turismo no se está sosteniendo únicamente por visitas de paso o cruces fronterizos, sino por una actividad que todavía genera gasto y empleo en alojamiento, transporte, alimentos y servicios vinculados. En regiones con alta dependencia turística, este desempeño puede traducirse en ocupación hotelera más estable, mayor rotación en negocios locales y una recuperación fiscal indirecta por vía del consumo y la formalización de actividades.

Sin embargo, el mismo balance obliga a leer con cautela el tipo de expansión que se está consolidando. El aumento de 7.7 por ciento en viajeros internacionales contrasta con una derrama que apenas crece 0.5 por ciento anual, lo que sugiere una presión sobre el gasto promedio o una mayor presencia de visitantes de menor poder adquisitivo. Si la llegada de personas crece más rápido que el ingreso generado por cada una, el sector puede entrar en una fase de volumen alto pero rentabilidad contenida, especialmente en destinos que dependen de la temporada alta y de servicios con márgenes reducidos.

La debilidad del mercado estadounidense introduce otro factor de riesgo. Estados Unidos sigue siendo el principal origen de visitantes para México y, por tanto, cualquier deterioro en su capacidad de gasto, en la disponibilidad de vuelos o en la confianza del consumidor tiene un efecto inmediato sobre destinos de playa, ciudades fronterizas y corredores de negocios. La propia Sectur reconoce una disminución del turismo aéreo global y una contracción de los visitantes de larga distancia; eso vuelve más vulnerable al país frente a cambios en tarifas aéreas, tipo de cambio, inflación externa o tensiones en la conectividad.

El comportamiento de los cruceristas y de ciertos mercados emisores ofrece una lectura más matizada. La llegada de 6.6 millones de cruceristas con un gasto de 575 millones de dólares refleja una dinámica útil para puertos y economías locales, pero también limitada en derrama por visitante. Los aumentos desde Colombia, Brasil, Japón, Suiza y Australia muestran que México puede diversificar algo su cartera, aunque esos avances siguen siendo insuficientes para compensar una eventual desaceleración de Estados Unidos. En términos estratégicos, el reto es evitar que el crecimiento dependa de nichos que aportan visibilidad estadística, pero no necesariamente estabilidad financiera.

Junio, además, coincidió con el arranque del Mundial de Futbol 2026, un evento que puede impulsar la afluencia, pero también distorsionar la comparación anual. Parte del incremento observado podría responder a una concentración temporal de viajes, no necesariamente a una tendencia sostenida. Eso obliga a vigilar los siguientes trimestres para separar el efecto calendario del cambio estructural. Si el repunte se diluye cuando pase la efervescencia del torneo, el sector deberá revisar si su expansión descansa en un ciclo excepcional o en una mejora real de competitividad.

Hay también una lectura territorial. El turismo no beneficia por igual a todo el país. Los destinos con aeropuertos saturados, presión inmobiliaria o alta informalidad pueden absorber el crecimiento con costos crecientes: más demanda de agua, residuos, movilidad y seguridad pública, sin que la derrama se distribuya de forma equitativa. En cambio, las plazas con menor infraestructura pueden quedar fuera del boom si no logran conectividad y promoción suficiente. El récord, por sí solo, no garantiza desarrollo balanceado; puede incluso profundizar desigualdades entre corredores consolidados y regiones con menor capacidad para capitalizar visitantes.

La otra incógnita es la calidad del empleo que produce esta expansión. Más viajeros no siempre significan mejores salarios ni mayor formalidad. Si el crecimiento se apoya en servicios de bajo valor agregado, la economía turística puede seguir siendo importante en volumen, pero frágil ante shocks externos. Por eso el dato positivo debe leerse junto con la necesidad de invertir en capacitación, infraestructura, seguridad y conectividad aérea, además de reglas claras para ordenar el desarrollo urbano en destinos que ya operan cerca de su límite.

El mensaje de fondo es alentador, pero no complaciente: México está aprovechando mejor que otros países una coyuntura internacional difícil, aunque todavía enfrenta la prueba de convertir afluencia en valor sostenido. El próximo tramo no dependerá sólo de seguir atrayendo más personas, sino de elevar el gasto por visitante, diversificar mercados y evitar que el crecimiento turístico termine concentrando beneficios y trasladando costos sociales y ambientales a las mismas comunidades que sostienen la industria.

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