Banamex calcula que la Copa del Mundo de 2026 generará 25 mil puestos de trabajo permanentes en México entre mayo y julio, dentro de un total de 150 mil empleos formales impulsados por el torneo. Solo el 16 % de esas plazas perdurará tras el silbatazo final del 19 de julio, mientras el resto se extinguirá con el fin del evento.

El hospedaje será el sector más beneficiado, seguido por alimentos y bebidas y el transporte terrestre de pasajeros. La derrama económica estimada alcanza 36 mil 487 millones de pesos nominales, que elevarán el PIB real de 2026 apenas 0.1 puntos porcentuales. Esta contribución marginal confirma que el efecto macroeconómico de un Mundial suele ser limitado y transitorio cuando los partidos se concentran en pocas sedes.
Impacto real y lecciones históricas
Aunque el estudio destaca un aumento temporal en turismo y servicios, la evidencia internacional muestra resultados muy dispares según la capacidad instalada previa de cada país. En México, donde se jugarán solo 13 partidos, el impulso se concentrará en tres ciudades y difícilmente se traducirá en un cambio estructural del mercado laboral. Banamex prevé que el empleo total crezca 1.6 % en el año, con una tasa de desocupación promedio de 2.7 %.
El verdadero valor radica en los empleos permanentes que queden en el sector turístico una vez concluido el torneo. Sin embargo, su peso relativo sigue siendo pequeño frente a la economía nacional, lo que obliga a matizar el optimismo inicial sobre los grandes eventos deportivos como motores de crecimiento sostenido.
