Multiva y el giro sostenible de la banca en México

La integración de criterios ambientales, sociales y de gobernanza en las instituciones financieras mexicanas responde a una transformación global que se aceleró tras el Acuerdo de París y la posterior adopción de marcos regulatorios en múltiples jurisdicciones. En México, esta tendencia coincide con la necesidad de modernizar infraestructura, ampliar el acceso a energía confiable y atraer inversión extranjera directa en un contexto de nearshoring. Grupo Financiero Multiva ha situado estos factores en el centro de su estrategia, no como respuesta reactiva a presiones regulatorias, sino como elemento estructural de su modelo de negocio.

Antecedentes del financiamiento verde en México

Durante la última década, el sistema bancario mexicano experimentó un cambio gradual desde enfoques tradicionales de riesgo crediticio hacia evaluaciones que incorporan externalidades ambientales y sociales. La emisión de los primeros bonos verdes corporativos en 2015 marcó un punto de inflexión, aunque el volumen permaneció limitado hasta que instituciones de segundo piso y organismos multilaterales ofrecieron estructuras de garantía y fondeo preferencial. Multiva aprovechó este entorno para ampliar su cartera de proyectos en infraestructura, energía renovable y agronegocios, sectores que requieren plazos largos de maduración y una comprensión precisa de riesgos físicos y de transición.

Al cierre de 2025, la cartera verde de la institución alcanzó 1.465 millones de pesos, con operaciones estructuradas junto a Energiá Real y Banverde. Estas transacciones no solo representan desembolsos puntuales, sino que establecen precedentes para la replicación de estructuras contractuales que vinculan desembolsos a métricas verificables de reducción de emisiones o mejora en eficiencia hídrica. La experiencia acumulada permite a Multiva ofrecer condiciones más competitivas a clientes que demuestran alineación con objetivos de descarbonización, creando un círculo virtuoso entre rentabilidad y impacto medible.

La gobernanza como palanca de diferenciación

La creación de un Comité de Sostenibilidad y la designación de “champions” internos en cada área operativa reflejan una decisión deliberada de institucionalizar la variable ASG más allá de los reportes anuales. Este modelo reduce el riesgo de que las políticas queden confinadas a departamentos especializados y favorece su incorporación en la originación de crédito, la gestión de tesorería y la relación con clientes. La decisión de destinar el 13 % de la posición de tesorería a bonos etiquetados con criterios ASG, alineados con los Principios de Bonos Verdes de la ICMA, demuestra coherencia entre el discurso y la gestión de activos propios.

Desde noviembre de 2024, Multiva coordina el Comité de Sostenibilidad de la Asociación de Bancos de México, siendo la primera institución de categoría A en asumir ese rol. Esta posición le otorga influencia directa sobre la agenda regulatoria y de autorregulación del sector, permitiéndole promover estándares que posteriormente podrá aplicar con ventaja competitiva. La publicación del segundo Informe de Sostenibilidad 2025 consolida esta trayectoria al presentar indicadores cuantitativos sobre huella operativa, diversidad laboral y exposición a riesgos climáticos.

Impactos en la captación de inversión y la resiliencia económica

La movilización de capital hacia proyectos de infraestructura y energía bajo criterios ASG tiene efectos multiplicadores sobre la competitividad del país. Empresas que acceden a financiamiento con costos ajustados por desempeño ambiental pueden acelerar la modernización de sus procesos productivos, lo que a su vez mejora su posición frente a cadenas de suministro internacionales que exigen verificaciones de trazabilidad y reducción de emisiones de alcance 3. En sectores como el inmobiliario y la movilidad, las condiciones de financiamiento más favorables para activos certificados contribuyen a elevar los estándares de construcción y operación, reduciendo la vulnerabilidad ante eventos climáticos extremos.

A nivel macro, el posicionamiento de Multiva como referente en banca sostenible puede facilitar la alineación de flujos de capital privado con los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo y las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional. Cuando una institución de tamaño intermedio demuestra que la integración de criterios ASG es compatible con rentabilidad sostenida, se reduce la percepción de que la sostenibilidad representa un costo adicional y se incrementa la probabilidad de que otras entidades sigan trayectorias similares.

Efectos sociales y de inclusión a largo plazo

El pilar social de la estrategia de Multiva, centrado en bienestar laboral, diversidad e inclusión, genera impactos que trascienden la organización interna. Una cultura organizacional que valora estas dimensiones suele traducirse en menor rotación de personal y mayor capacidad de innovación en productos financieros dirigidos a segmentos subatendidos. En el mediano plazo, esto puede contribuir a cerrar brechas de acceso al crédito en zonas rurales o entre microempresas lideradas por mujeres, siempre que los criterios de elegibilidad incorporen variables de impacto social verificables.

La articulación entre el financiamiento estructurado y los objetivos de desarrollo regional también puede mitigar riesgos de conflictividad social asociados a grandes proyectos de infraestructura. Cuando las operaciones crediticias exigen evaluaciones de impacto social y planes de manejo de stakeholders, se reduce la probabilidad de retrasos por oposición comunitaria o litigios ambientales, mejorando la predictibilidad de los retornos para todos los participantes.

Riesgos y condiciones para la consolidación

El avance de Multiva enfrenta desafíos estructurales comunes al sector: disponibilidad de datos confiables para la medición de impactos, estandarización de taxonomías verdes y capacidad técnica interna para evaluar proyectos complejos. La dependencia de marcos voluntarios como los Principios de Bonos Verdes puede limitar la comparabilidad entre instituciones si no se complementa con regulaciones más prescriptivas por parte de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Además, la transición hacia una economía baja en carbono requiere que los modelos de riesgo incorporen escenarios de estrés climático con horizontes de 10 a 30 años, algo que aún está en etapa temprana en la mayoría de las entidades mexicanas.

No obstante, la combinación de una estructura de gobernanza transversal, una cartera verde ya cuantificable y el liderazgo sectorial en el Comité de Sostenibilidad de la ABM coloca a Multiva en una posición favorable para influir en la dirección que adopte el resto del sistema. Si logra traducir esta ventaja en productos estandarizados y métricas transparentes, su experiencia podría servir como referencia para acelerar la adopción de prácticas responsables en un sector que administra una porción significativa del ahorro nacional y del crédito productivo del país.

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