El tigre de Bengala Kenzo escapó el 27 de junio de un predio privado en Tepetlaoxtoc, Estado de México. Fue localizado con vida el 2 de julio en una barranca, pero falleció durante su traslado. La Profepa confirmó que se aplicaron dardos sedantes y que un elemento de seguridad disparó para proteger al veterinario cuando el animal intentó atacarlo. Hasta ahora no existe dictamen que precise si la muerte se debió a las heridas de bala, a la sedación o a una combinación de factores.

La dependencia federal gestiona una necropsia externa con la UNAM para determinar el número exacto de impactos, el calibre de las balas y las dosis de anestesia aplicadas. Esta medida busca establecer responsabilidades técnicas y evitar que las versiones preliminares circulen como hechos concluyentes.
Falta de protocolos claros
El caso revela vacíos en los procedimientos de contención de fauna silvestre en libertad. Disparar primero al suelo y luego al animal, sin confirmación inmediata del efecto de los dardos, expone tanto al personal como al ejemplar a riesgos evitables. La ausencia de un dictamen científico hasta la fecha impide valorar si el operativo cumplió estándares mínimos de seguridad.
Clausura y responsabilidades pendientes
Animal Experience México fue clausurado tras detectarse jaulas no autorizadas y obras en proceso. Se aseguraron nueve ejemplares. El procedimiento administrativo sigue abierto. La necropsia de la UNAM será el elemento clave para decidir si la fuga y la muerte derivan de fallas estructurales del centro o de errores durante la captura.
Hasta que se publiquen los resultados, cualquier afirmación que atribuya la muerte exclusivamente a las balas o a la sedación carece de sustento técnico. La investigación debe priorizar datos objetivos sobre especulaciones para reforzar futuros operativos de rescate de fauna.
