La Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México fijó para finales de 2026 la entrega de los llamados “Pasos UTÓPICOS”, el proyecto de renovación de 12 pasos a desnivel ubicados sobre Calzada de Tlalpan. La fecha representa un nuevo punto de referencia para una intervención que fue vinculada al Mundial de Futbol de 2026, pero que ahora incorpora una ambición mucho más amplia: convertir espacios de tránsito y conexión peatonal en instalaciones con servicios públicos, actividades culturales, deportivas, educativas y económicas.
El anuncio aparece en el Segundo Informe de Gobierno de la Ciudad de México, mientras el avance físico conocido revela una ejecución desigual. De acuerdo con la información difundida, dos bajopuentes cercanos al Metro San Antonio Abad ya tienen concluida la instalación de infraestructura y se encuentran próximos a reabrir. En contraste, otros diez pasos permanecían cerrados durante el recorrido realizado por el diario EL UNIVERSAL. La distancia entre ambos datos es el primer elemento que debe observarse: el proyecto no enfrenta únicamente el reto de terminar una obra, sino el de demostrar que la transformación prometida puede operar de manera simultánea en 12 puntos con necesidades distintas.
El dato decisivo no es la fecha, sino la escala de lo que se pretende entregar
Los pasos a desnivel han sido presentados inicialmente como parte de la renovación urbana asociada a la llegada del Mundial. Sin embargo, el programa descrito por la Sobse los coloca dentro del Sistema de Cuidados Públicos. En los espacios se prevé instalar una sala de las infancias para niñas y niños de 4 a 12 años, un comedor popular con alimentos a 11 pesos, lavanderías populares gratuitas, talleres sobre corresponsabilidad doméstica, servicios de rehabilitación y áreas de cuidado personal.
También se contempla un área de las Siemprevivas con orientación psicológica, una Casa de Día y una Casa de las 3Rs o de los Cuidados. La oferta se complementaría con gimnasio urbano, juegos pintados en el piso, costales de box, dispositivos para la práctica de defensa personal de mujeres, sensores de sentadillas, bicicletas fijas capaces de recargar celulares, cabinas antiestrés y de aislamiento sonoro, además de galerías mundialistas.
La amplitud del catálogo modifica la naturaleza del proyecto. Ya no se trata sólo de pintar, iluminar, cubrir o limpiar los pasos inferiores. Se trata de instalar una red de servicios en espacios que históricamente han sido percibidos como zonas de paso, deterioro o inseguridad. Esa transformación puede producir un beneficio urbano relevante, pero también eleva el nivel de exigencia. Una infraestructura de cuidados no se mide por la apariencia de sus muros, sino por sus horarios, personal, mantenimiento, protocolos de seguridad, accesibilidad y capacidad de responder a una demanda constante.

Doce puntos, dos avances: el riesgo de que la obra termine por fragmentos
El balance disponible es concreto: de los 12 pasos prometidos, dos estaban listos o prácticamente listos y diez continuaban cerrados. El dato no permite calcular por sí solo un porcentaje completo de avance, porque una obra puede tener trabajos estructurales más complejos en unos puntos que en otros. Pero sí muestra una concentración importante de la ejecución en dos ubicaciones y deja abierta la pregunta sobre el calendario real de las diez restantes.
La proximidad del Mundial agrega presión. Un evento internacional puede acelerar decisiones, liberar presupuesto y atraer atención pública, pero también puede favorecer entregas parciales orientadas a la imagen urbana. La apuesta de la administración consiste en presentar los pasos como una experiencia urbana integral, no como simples corredores renovados. Si para finales de 2026 sólo se logra concluir la parte visible de la infraestructura, pero los servicios no funcionan de manera estable, la obra quedará reducida a una escenografía de temporada.
La experiencia de los dos espacios situados en el cruce de Calzada San Antonio Abad con Alfredo Chavero y Calle José María Roa Bárcenas ofrece una señal mixta. Se reportaron instalaciones terminadas, iluminación, limpieza y vigilancia, mientras los trabajadores todavía realizaban labores de soldadura en estructuras de láminas rosas y moradas. Servicios Metropolitanos confirmó el 11 de agosto que ambos bajopuentes estaban próximos a reabrir. La secuencia muestra que la apertura física y la puesta en funcionamiento no necesariamente ocurren al mismo tiempo.
La primera gran apuesta: convertir el tránsito en una política de cuidados
El proyecto puede ser significativo para las mujeres, las familias, las personas mayores y quienes realizan tareas domésticas no remuneradas. Una lavandería gratuita, un comedor accesible o una sala para niñas y niños pueden reducir tiempos y costos que recaen de forma desproporcionada en los hogares con menores ingresos. En ese sentido, la ubicación no es secundaria: Calzada de Tlalpan es un corredor de movilidad masiva, conectado con estaciones del Metro y atravesado diariamente por trabajadores, estudiantes y residentes de distintas zonas de la capital.
La lógica tiene una base sólida: si los servicios se colocan cerca de los trayectos cotidianos, aumenta la posibilidad de que sean utilizados. Una persona podría resolver una comida, acceder a orientación psicológica o realizar una actividad física sin desviarse grandes distancias. El valor social no estaría sólo en cada equipamiento, sino en la combinación de varios servicios dentro de un mismo itinerario urbano.
Pero esa misma concentración puede generar conflictos. Los pasos a desnivel no fueron diseñados originalmente como centros comunitarios. La ventilación, la evacuación, los accesos, la circulación peatonal y la separación entre zonas húmedas, áreas infantiles y espacios de ejercicio deben responder a criterios técnicos específicos. El riesgo es que la lista de actividades crezca más rápido que la capacidad del inmueble para alojarlas con seguridad y dignidad.
El segundo desafío es operativo. Un comedor que ofrece alimentos a 11 pesos necesita abasto, personal, supervisión sanitaria y un modelo financiero que explique cómo se sostendrá. Las lavanderías gratuitas requieren agua, electricidad, mantenimiento y reglas de uso. Las áreas de atención psicológica demandan privacidad y profesionales capacitados. Cada servicio abre una obligación presupuestal recurrente que no desaparece cuando concluye la obra civil.
La seguridad no se resuelve con iluminación, aunque la iluminación sea indispensable
Los pasos subterráneos o inferiores suelen concentrar problemas de percepción y seguridad: visibilidad limitada, escasa presencia de personas, deterioro, puntos ciegos y dificultades para pedir ayuda. Por eso, mantenerlos abiertos, limpios, iluminados y vigilados puede modificar de manera inmediata la experiencia de quienes los utilizan. La reapertura de los dos pasos de San Antonio Abad será una prueba temprana para medir si el diseño logra producir mayor confianza.
Sin embargo, la seguridad será sostenible sólo si existe actividad regular. Un espacio ocupado durante distintas horas del día tiende a reducir el aislamiento, pero un equipamiento que cierra temprano puede volver a dejar vacíos los corredores en la noche. La vigilancia también debe estar acompañada por protocolos frente a acoso, violencia de género, emergencias médicas y conflictos entre usuarios. Los costales de box y las áreas de defensa personal pueden ser útiles como instrumentos de autonomía, aunque no sustituyen la prevención institucional ni la atención a víctimas.
La presencia de cabinas antiestrés y de aislamiento sonoro revela un intento por introducir bienestar emocional en el espacio público. Es una propuesta novedosa, pero requerirá reglas de uso, limpieza, supervisión y mecanismos para evitar que las cabinas se conviertan en puntos de riesgo o queden inutilizadas por falta de mantenimiento. La innovación urbana sólo adquiere valor cuando puede ser administrada de forma cotidiana.
El proyecto divide las prioridades entre comerciantes, usuarios y autoridades
Para los usuarios del transporte y los peatones, la principal preocupación inmediata es la duración de los cierres. Diez pasos clausurados implican desvíos, cruces más largos y posibles concentraciones en puntos alternativos. Una intervención diseñada para mejorar la movilidad puede producir temporalmente el efecto contrario, especialmente para personas con discapacidad, adultos mayores, quienes llevan niñas o niños y trabajadores que deben cumplir horarios estrictos.
Los comerciantes establecidos pueden beneficiarse de un mayor flujo peatonal si los pasos se vuelven seguros y atractivos. También podrían enfrentar restricciones durante la obra, cambios en los accesos y nuevas reglas para el uso del espacio. La llegada de galerías y actividades vinculadas con el Mundial puede incrementar la visibilidad de la zona, pero no garantiza que los beneficios económicos se distribuyan entre los negocios locales. Existe una diferencia entre activar un corredor y favorecer a su comunidad comercial.
Desde la perspectiva de la administración pública, el proyecto permite vincular obra, cuidados, cultura, deporte y promoción urbana dentro de una sola intervención. Esa integración puede mejorar la coordinación entre dependencias y hacer más visible una política de cuidados que a menudo permanece dispersa. La controversia aparecerá si los anuncios superan la información disponible sobre presupuesto, contratos, responsables operativos y metas verificables para cada uno de los 12 puntos.
La ciudadanía necesita conocer no sólo cuándo se entregará cada paso, sino bajo qué condiciones. Será relevante publicar calendarios por ubicación, porcentajes de avance, costos de operación, horarios de servicio, mecanismos de queja y evaluaciones de uso. Sin esos datos, la discusión quedará atrapada entre la imagen de modernización y la experiencia concreta de quienes deben cruzar diariamente por la zona.
El Mundial puede acelerar la obra, pero no debe definir su vida útil
La fecha de finales de 2026 coincide con un momento de alta exposición internacional para la Ciudad de México. Esa coincidencia puede facilitar recursos y coordinación, pero también crea un incentivo para priorizar intervenciones visibles antes del evento. El criterio más importante debería ser la continuidad posterior. Las galerías mundialistas pueden atraer visitantes durante unas semanas, mientras que una lavandería, una sala infantil o una casa de día deberán atender necesidades durante años.
Una política pública madura tendría que separar dos calendarios: el de la entrega de la infraestructura y el de la consolidación de los servicios. El primero puede verificarse mediante obras terminadas y permisos; el segundo exige indicadores de atención, satisfacción, seguridad, mantenimiento y cobertura. Sin esta distinción, una inauguración podría presentarse como éxito aunque las instalaciones permanezcan subutilizadas o funcionen con horarios irregulares.
También será necesario revisar la accesibilidad universal. Los pasos a desnivel deben servir a personas con discapacidad motriz, visual y auditiva, no únicamente a peatones sin limitaciones físicas. Rampas adecuadas, señalización táctil, rutas libres de obstáculos, sanitarios accesibles y sistemas de orientación son componentes centrales, sobre todo en un proyecto que pretende ser parte de un sistema de cuidados públicos.
La prueba comenzará después de la inauguración
El futuro del programa dependerá menos de la estética rosa y morada de las estructuras que de su capacidad de permanecer abierto, seguro y útil. La primera tendencia previsible es una evaluación intensa de los dos pasos reabiertos: si registran flujo estable y los servicios muestran demanda, la administración tendrá argumentos para consolidar el modelo en las diez ubicaciones restantes. Si aparecen cierres, fallas de mantenimiento o problemas de seguridad, la promesa de una red integral perderá credibilidad rápidamente.
El segundo escenario es una operación desigual. Algunos pasos podrían convertirse en centros comunitarios activos y otros limitarse a corredores decorados, dependiendo del entorno, la afluencia y la disponibilidad de personal. Esa desigualdad sería especialmente problemática porque el proyecto se comunica como un sistema. Una red pública no se evalúa por su punto más exitoso, sino por la consistencia de sus servicios.
Entre los riesgos más concretos están el retraso de los diez pasos pendientes, el aumento de costos, la falta de presupuesto operativo, el deterioro de instalaciones de uso intensivo, la saturación de los servicios gratuitos y la discontinuidad administrativa después del Mundial. También existe un riesgo de desplazamiento simbólico o económico si la renovación eleva el atractivo del corredor sin proteger a los usuarios y comerciantes que ya lo sostienen.
La fecha de finales de 2026, por tanto, debe entenderse como un compromiso verificable y no como el cierre del debate. El proyecto tiene la oportunidad de demostrar que una obra de movilidad puede convertirse en infraestructura social, pero para ello deberá probar tres cosas: que los 12 puntos pueden entregarse con estándares homogéneos, que los servicios cuentan con financiamiento y personal permanentes, y que la seguridad se construye con actividad, mantenimiento y atención pública. La verdadera evaluación comenzará cuando termine la ceremonia y los habitantes de Tlalpan tengan que decidir, todos los días, si esos espacios forman parte útil de su recorrido o siguen siendo sólo una promesa urbana.
