El Perú se prepara para debatir el rumbo de dos minerales considerados clave para la transición energética mundial. El próximo Foro Internacional “Uranio y Litio: Pilares del Liderazgo Energético para el Desarrollo Minero, Tecnológico y de Ciudades Inteligentes” reunirá a autoridades, técnicos y representantes del sector para analizar cómo pasar de la extracción a la generación de valor agregado.
El encuentro ocurre en un contexto donde la demanda global de litio para baterías y de uranio para generación nuclear sigue en aumento. Según datos del sector, varios países ya han definido estrategias para retener parte de la cadena productiva dentro de sus fronteras.
Contexto histórico y dilema actual
Durante décadas la minería peruana se centró principalmente en la extracción y exportación de concentrados. Esta dinámica generó ingresos fiscales, pero dejó limitada la formación de industrias locales vinculadas a los minerales. El litio y el uranio reaparecen ahora como posibles excepciones, siempre que se definan políticas que impulsen investigación, manufactura y servicios tecnológicos.
El país cuenta con reservas de ambos elementos. Sin embargo, el desarrollo de proyectos enfrenta obstáculos regulatorios, sociales y de infraestructura que han postergado decisiones concretas en el pasado.
El rol del uranio en el debate
El uranio ha permanecido fuera de la discusión pública durante años debido a percepciones asociadas a usos militares. En los últimos tiempos, organismos estatales han vinculado su aprovechamiento a aplicaciones pacíficas como medicina nuclear, irradiación de alimentos y generación de electricidad limpia.
El reactor RP-10, ubicado en el Centro Nuclear de Huarangal, opera desde hace décadas bajo supervisión del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN). Técnicos consideran que esta instalación podría ampliarse hacia la producción de radioisótopos y otros servicios de alto valor si se aprueba un marco normativo específico.

Limitaciones del enfoque solo en litio
Especialistas coinciden en que la sola existencia de reservas de litio no garantiza desarrollo industrial. Países con recursos similares han requerido inversiones en tecnología, formación de personal y alianzas público-privadas para capturar valor más allá de la exportación de materia prima.
El litio se asocia principalmente a baterías y movilidad eléctrica, mientras que el uranio abre posibilidades en sectores como la salud, la agricultura de precisión y la producción de materiales avanzados. Integrar ambos minerales en una estrategia común exige coordinación entre el Ministerio de Energía y Minas, Produce y el IPEN.
Instrumentos legales pendientes
El Decreto Supremo que declaró al litio y al uranio como minerales críticos y estratégicos marcó un primer paso. Sin embargo, autoridades del sector reconocen que se requiere una ley del Congreso con incentivos, plazos y mandatos de coordinación interinstitucional para dar continuidad a largo plazo.
Experiencias previas, como la Ley 23560 impulsada desde el IPEN, demostraron que marcos normativos específicos pueden generar efectos concretos en la actividad nuclear. El foro busca sentar las bases para avanzar en esa dirección.
Desafíos institucionales y de capital humano
La transición de exportador de minerales a productor de tecnología implica reformas en la relación entre universidades, centros de investigación y empresas. El Centro Nuclear de Huarangal dispone de infraestructura y personal técnico, pero su expansión dependerá de financiamiento sostenido y de programas de formación a veinte años.
Analistas advierten que sin una política de Estado estable, el riesgo de repetir ciclos de extracción sin valor agregado permanece. La discusión actual busca evitar ese escenario mediante una hoja de ruta que incluya tanto aspectos energéticos como industriales.
El foro representa una instancia para contrastar posiciones técnicas y definir próximos pasos concretos en la gestión de estos recursos.
