La recuperación de oficinas reordena el mercado corporativo

La absorción de 196 mil 799 metros cuadrados de espacio nuevo en oficinas Clase A durante el segundo trimestre de 2026 confirma un cambio relevante en el mercado inmobiliario corporativo de la Ciudad de México. El dato, divulgado por Héctor Klerian, director ejecutivo de la firma que realizó la medición, aparece en un momento marcado por la incertidumbre macroeconómica y por la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC. Su importancia no radica únicamente en el volumen contratado, sino en lo que revela sobre las decisiones de las empresas después de varios años de ajustes laborales, cautela financiera y redefinición del uso de los espacios de trabajo.

La cifra sugiere que una parte de la demanda empresarial dejó de concentrarse exclusivamente en reducir superficies y comenzó a buscar oficinas de mayor calidad, ubicación estratégica y capacidad para atraer y retener personal. En el segmento Clase A, la competencia no se limita al precio por metro cuadrado. También involucra conectividad, infraestructura tecnológica, eficiencia energética, seguridad, servicios y flexibilidad para modificar la distribución interior. Por ello, una recuperación de la absorción puede beneficiar primero a los edificios mejor preparados, mientras los inmuebles obsoletos enfrentan una presión creciente para renovarse o cambiar de uso.

Del ajuste pospandemia a una demanda más selectiva

El mercado de oficinas de la capital todavía arrastra las consecuencias de la pandemia. La expansión del trabajo híbrido llevó a numerosas compañías a revisar sus contratos, compartir escritorios y disminuir áreas subutilizadas. El resultado fue una etapa de desocupación elevada y de negociaciones más favorables para los inquilinos. Sin embargo, la reducción general de superficie no significó la desaparición de la oficina. En muchos sectores, especialmente en servicios financieros, consultoría, tecnología, telecomunicaciones y operaciones corporativas, el espacio físico siguió siendo necesario para reuniones, capacitación, coordinación de equipos y atención a clientes.

La transformación consistió en cambiar la función de la oficina. Antes podía medirse por el número de escritorios permanentes; ahora su valor depende también de la capacidad para facilitar colaboración y construir una cultura organizacional. Una empresa puede ocupar menos metros que antes y, al mismo tiempo, requerir salas de reunión mejor equipadas, áreas comunes más eficientes o espacios que permitan concentrar a los empleados en determinados días. Esa combinación ayuda a explicar por qué la recuperación puede coexistir con una disciplina estricta sobre los costos inmobiliarios.

El desempeño de la Clase A también debe leerse con cuidado. Que se absorba espacio nuevo no implica que todo el inventario de oficinas esté recuperándose al mismo ritmo. Las empresas suelen trasladarse hacia edificios que ofrecen mejores condiciones operativas, incluso cuando el mercado total permanece en proceso de normalización. El movimiento puede ser, por tanto, una redistribución de la demanda: algunos corredores y desarrollos captan inquilinos, mientras edificios antiguos pierden competitividad.

El T-MEC introduce una variable decisiva

La revisión del T-MEC añade un componente estratégico al escenario. El tratado influye en las cadenas de suministro, las decisiones de inversión y la relación productiva de México con Estados Unidos y Canadá. Aunque el dato de oficinas corresponde al segundo trimestre y no permite atribuir la absorción a una sola causa, la actividad corporativa suele reaccionar anticipadamente a las expectativas sobre comercio, manufactura, logística y servicios especializados.

Si la revisión preserva condiciones previsibles para las empresas, la Ciudad de México puede mantener su papel como centro de dirección, administración y servicios avanzados para compañías nacionales y multinacionales. Las operaciones relacionadas con comercio exterior, cumplimiento normativo, asesoría legal, finanzas y gestión de proveedores pueden requerir equipos corporativos estables, aun cuando las plantas y centros logísticos se encuentren en otras entidades. En ese escenario, la oficina capitalina funcionaría como una plataforma de coordinación de inversiones distribuidas por el país.

El riesgo contrario también es relevante. Una negociación prolongada o conflictiva podría retrasar decisiones de expansión, congelar contrataciones y llevar a las compañías a postergar mudanzas o nuevas ocupaciones. El mercado inmobiliario no depende solamente de los metros disponibles; depende de la confianza empresarial para comprometerse con contratos de varios años. Por eso, el volumen observado representa una señal positiva, pero no elimina la exposición a factores externos ni garantiza una recuperación lineal durante los siguientes trimestres.

Más actividad inmobiliaria, pero con beneficios desiguales

La mayor absorción puede activar una cadena económica que incluye construcción, mantenimiento, administración de inmuebles, seguridad, limpieza, transporte, restaurantes y servicios profesionales. Cuando una empresa ocupa un edificio, su impacto se extiende a los negocios que atienden diariamente a trabajadores y visitantes. En corredores corporativos, un aumento sostenido de la presencia laboral puede fortalecer la demanda de comercio y servicios que habían perdido clientes durante la etapa de menor ocupación.

El efecto sobre el empleo, sin embargo, debe distinguir entre ocupación física y creación de puestos. Una oficina más llena no significa necesariamente que las compañías estén contratando al mismo ritmo. Parte de la absorción puede provenir de reubicaciones, consolidaciones o mejoras de instalaciones. La señal más sólida aparecería si el crecimiento de espacios ocupados se acompaña de nuevas inversiones, ampliación de equipos y contratos de servicios de mayor duración.

También existen consecuencias urbanas. La recuperación de zonas corporativas puede reducir la subutilización de infraestructura y mejorar la vitalidad de áreas que habían quedado vacías durante buena parte de la semana. Pero si el regreso se concentra en pocos corredores, aumentarán las presiones sobre vialidades, transporte público, estacionamientos y servicios urbanos. La planeación debe considerar que una oficina de alta calidad no puede evaluarse de forma aislada: su rendimiento depende de la accesibilidad y del tiempo que los trabajadores necesitan para llegar a ella.

El nuevo criterio de valor: eficiencia y adaptación

La demanda posterior a la pandemia ha elevado la importancia de los costos operativos. Un edificio eficiente en consumo de energía, agua y climatización puede ofrecer a las empresas una ventaja financiera y reputacional. Esa exigencia tiene una dimensión práctica: las compañías enfrentan objetivos ambientales, presiones de inversionistas y mayores expectativas de sus empleados. Un inmueble que reduce gastos y facilita la certificación de metas sostenibles puede resultar más atractivo que otro con una renta nominalmente menor, pero con costos de operación elevados.

La tecnología es otro factor de selección. La calidad de la conectividad, la seguridad digital, los sistemas de acceso y la capacidad para operar reuniones híbridas forman parte de la infraestructura básica de la oficina contemporánea. En edificios antiguos, la actualización puede requerir inversiones importantes. Los propietarios tendrán que decidir si modernizan sus activos, ofrecen esquemas más flexibles o exploran conversiones hacia vivienda, hoteles, educación o servicios médicos. No todos los inmuebles podrán reconvertirse con facilidad, pero la presión competitiva hará más costosa la inacción.

La flexibilidad contractual también puede definir quién captura la recuperación. Las empresas buscan evitar compromisos rígidos cuando las condiciones económicas siguen sujetas a cambios. Los operadores que combinen contratos adaptables, espacios compartidos y servicios administrados pueden captar a compañías en crecimiento o a equipos que necesitan instalarse rápidamente. En cambio, los edificios dependientes de arrendamientos largos y superficies tradicionales podrían perder participación aunque se encuentren en ubicaciones reconocidas.

Una recuperación que todavía exige cautela

El dato de 196 mil 799 metros cuadrados ofrece una base para el optimismo, pero debe analizarse junto con la disponibilidad, los precios, la duración de los contratos y la distribución geográfica de la demanda. Una absorción elevada puede coexistir con descuentos, incentivos o tasas de vacancia todavía significativas si una gran cantidad de inventario continúa entrando al mercado. La calidad de la recuperación se medirá por su estabilidad, no por un solo trimestre.

La perspectiva más probable es la de un mercado dividido. Los edificios Clase A con buena conectividad, servicios integrales y eficiencia operativa podrían consolidar la demanda, mientras los inmuebles menos competitivos enfrentarán una transición más lenta. Las empresas, por su parte, mantendrán una estrategia híbrida: requerirán oficinas para actividades de alto valor, pero examinarán con mayor rigor cada metro contratado. Esa disciplina puede contener el crecimiento de la superficie total aun cuando aumente la ocupación de los espacios mejor ubicados.

Para la Ciudad de México, el reto será convertir esta recuperación inmobiliaria en una señal de inversión productiva y no únicamente en un repunte temporal de transacciones. La evolución del T-MEC, el desempeño económico, la movilidad y la capacidad de los edificios para adaptarse definirán el siguiente capítulo. El mercado está mostrando que la oficina no desapareció; está adquiriendo una función más especializada. La pregunta decisiva será si esa nueva demanda logra sostenerse y distribuir sus beneficios más allá de los corredores corporativos de mayor valor.

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