La logística sostiene el packaging

En la cadena del packaging, la logística dejó de ser un área de apoyo para convertirse en el punto donde se miden, en tiempo real, las fallas y las fortalezas de toda la operación. Así lo resume Hernán, responsable del sector, cuando advierte que en ese negocio “si te hacen la pregunta de dónde está el material, ya perdiste”. La frase condensa una lógica de trabajo en la que anticiparse vale más que reaccionar, y donde una demora en la entrega puede comprometer tanto a la planta como al cliente final.

Su función, explica, es servir de nexo entre la oferta y la demanda. Eso implica responder a dos exigencias simultáneas: cumplir con el cliente externo, que define la continuidad comercial, y con el cliente interno, que es la planta productiva. En esa coordinación intervienen planificación, producción, comercial y calidad, con la logística como articuladora de información, inventarios, espacios, materia prima y equipos. El desafío no es solo mover materiales, sino sostener la disponibilidad necesaria para que la producción no se interrumpa.

El último eslabón bajo presión

La jerarquía del área cambió con el aumento de la complejidad operativa. En los últimos años, logística ganó peso en las reuniones de gestión y pasó a ocupar un lugar central frente a ingenierías, producción y planificación. Ese protagonismo tiene un costo: cuando una materia prima importada no llega a destino en la fecha prevista, la explicación final recae sobre logística, aunque el origen del problema esté más atrás en la cadena. La consecuencia es directa: el sector termina absorbiendo la responsabilidad visible de procesos que involucran a varias áreas.

Ese carácter de “último eslabón” también redefine la forma de decidir. Si un insumo se retrasa, no solo se afecta el cronograma; también se activa una secuencia de preguntas sobre inventarios, proveedores, liberaciones aduaneras y capacidad instalada. En una industria donde los tiempos son ajustados, la logística opera como una defensa contra el error acumulado y como una alarma cuando la previsión no alcanzó. Su valor, en ese sentido, no está únicamente en ejecutar, sino en detectar a tiempo las grietas de la operación.

Automatización y servicio al cliente

La incorporación de tecnología modificó de raíz la atención al cliente y la gestión interna. Hernán destaca el papel de la inteligencia artificial para resolver consultas de manera inmediata, sin pasar por múltiples intermediarios. Antes, un problema de entrega podía depender de que el operador avisara al área comercial y esta al vendedor; hoy, un bot puede informar demoras, alternativas de entrega y disponibilidad de stock en cuestión de segundos. Lo que antes exigía búsquedas manuales en distintos depósitos, ahora se resuelve con sistemas automáticos que reducen tiempos y errores.

La misma lógica alcanza a las entregas de larga distancia y al reparto urbano, donde la automatización acortó tareas que podían llevar horas. En una operación como la del packaging, el beneficio no es solo la velocidad: también mejora la consistencia de la respuesta y disminuye la exposición a fallas humanas en etapas repetitivas. Para el cliente, eso se traduce en previsibilidad; para la empresa, en capacidad de sostener promesas comerciales más exigentes.

Resistencia interna y decisiones críticas

La transformación tecnológica no se incorpora sin fricción. En los equipos conviven perfiles con trayectorias distintas y eso genera ritmos diferentes de adopción. Según el responsable logístico, quienes tienen más años suelen mostrar mayor resistencia al cambio, mientras que los más jóvenes incorporan con más naturalidad herramientas como PDA o sistemas de registro digital. La clave, sostiene, está en entender el origen de esa resistencia y acompañar el proceso con supervisión, aprendizaje y práctica diaria.

Ese enfoque es especialmente importante en la operación de planta, donde una nueva herramienta puede parecer un obstáculo al principio y, con el tiempo, convertirse en un modo más preciso de evitar errores de picking. La transición no se resuelve solo con capacitación formal: exige que antes de bajar una innovación al equipo, el área la conozca en profundidad. En logística, la adopción tecnológica no se mide por su novedad, sino por su capacidad real para ordenar el trabajo cotidiano.

Las decisiones más delicadas aparecen en la logística inversa y en la gestión de distancias. La planta está a 600 kilómetros del centro de distribución, y ese trayecto forma parte del día a día operativo. A eso se suma el circuito cerrado de economía circular, en el que el material reciclado retirado del cliente vuelve a la planta. La flota disponible debe alcanzar para abastecer al cliente externo, sostener al cliente interno y minimizar costos, en coordinación con comercio exterior para consolidar cargas. Cuando la capacidad no alcanza, la empresa debe decidir rápido entre incumplir una entrega, frenar producción o asumir multas por demoras.

Competir por servicio

Frente a los productos importados, la competencia por precio es desigual. El menor costo laboral del exterior obliga a buscar ventaja en otro terreno, y la logística aparece como una herramienta central para sostener esa diferencia. Cumplir con las 48 horas desde la fecha del pedido se vuelve parte de la propuesta de valor y, al mismo tiempo, una condición para preservar clientes en un mercado donde el precio por sí solo no alcanza. La eficiencia logística deja de ser un atributo interno y pasa a formar parte de la estrategia comercial.

El caso muestra cómo una función históricamente asociada al transporte y al almacenamiento se expandió hasta abarcar decisiones de negocio, continuidad productiva y relación con el cliente. En un entorno con mayor presión por tiempos, trazabilidad y costos, logística no solo mueve mercadería: define qué tan confiable resulta la empresa frente al mercado. Por eso, más que un área de cierre, hoy actúa como una de las piezas que ordenan toda la cadena del packaging.

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