El inicio del nuevo ciclo académico en Estados Unidos llega con una señal que inquieta a universidades, empresas y analistas: mientras el número total de solicitantes universitarios sigue creciendo, el interés de los estudiantes extranjeros por iniciar una carrera en el país está retrocediendo. La diferencia no es menor. Durante el ciclo 2025-2026, las solicitudes de alumnos internacionales de primer año cayeron 10%, según Common App, la plataforma de admisión utilizada por más de 1,100 instituciones estadounidenses.
La contracción ocurre en un mercado educativo que, visto en conjunto, mantiene una trayectoria ascendente. Common App registró 1 millón 527 mil 328 aspirantes en 1,146 universidades, un alza de 2% frente a los 1 millón 495 mil 475 del periodo previo. Es decir, las instituciones no enfrentan una caída general de demanda, sino una pérdida concentrada en un grupo que ha sido decisivo tanto para la diversidad de los campus como para sus ingresos.

Una caída concentrada en mercados clave
El descenso tampoco se distribuye de forma homogénea. Los aspirantes procedentes de Asia disminuyeron 11% y los de África, 17%. India, una de las mayores fuentes de estudiantes internacionales para Estados Unidos, registró una reducción de 15%, mientras que Ghana tuvo una baja de 34%. América fue la excepción: las solicitudes desde la región aumentaron 5%. Sin embargo, ese avance regional no alcanza a compensar la pérdida en países que tradicionalmente nutren los programas de ingeniería, ciencias, tecnología y posgrado.
Los datos de solicitudes anticipan una tendencia que ya se observa en las matrículas. El informe Fall 2025 Snapshot, elaborado por el Institute of International Education con apoyo del Departamento de Estado y datos de 828 instituciones, reportó que la inscripción de nuevos estudiantes internacionales cayó 17% en el otoño de 2025 respecto al año anterior. La coincidencia entre ambas mediciones importa porque separa el fenómeno de una fluctuación administrativa: primero caen las llegadas y después disminuye la reserva de futuros alumnos.
La decisión de estudiar en EU incorpora más incertidumbre
El debilitamiento coincide con un endurecimiento de los controles sobre la inmigración legal impulsado por la administración de Donald Trump. Para un estudiante extranjero, elegir universidad no depende solamente de la calidad académica, el costo o las posibilidades de beca. También exige calcular el tiempo de trámite consular, la probabilidad de obtener una visa, las reglas para conservar el estatus migratorio y la posibilidad de terminar el programa sin interrupciones. Cuando esos elementos se vuelven menos previsibles, otros destinos académicos ganan atractivo.
Una modificación especialmente relevante entrará en vigor el 15 de septiembre. Hasta ahora, los portadores de visa F-1 podían permanecer en Estados Unidos bajo el sistema conocido como duration of status: no tenían una fecha fija de salida mientras siguieran inscritos y cumplieran las condiciones de su programa. La nueva regulación sustituye ese esquema por una admisión ligada a la duración establecida del programa, con un máximo de cuatro años.
Quienes necesiten más tiempo deberán solicitar una extensión ante el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos. En apariencia, el cambio introduce un límite administrativo; en la práctica, añade un punto de riesgo a trayectorias formativas que rara vez son lineales. Doctorados, investigaciones de laboratorio, programas clínicos y carreras científicas pueden prolongarse cinco, seis o más años por la propia naturaleza de sus proyectos, no necesariamente por retrasos del estudiante.
El efecto no termina en las aulas
Universidades y organizaciones educativas advierten que la acumulación de controles, citas consulares difíciles de obtener y restricciones de entrada para nacionales de ciertos países puede afectar la percepción internacional de Estados Unidos como destino estable. La competencia global por talento se ha intensificado: Canadá, Reino Unido, Australia y varios países europeos también buscan captar estudiantes que, además de pagar una carrera, pueden integrarse posteriormente a sus mercados laborales y ecosistemas de innovación.
Para muchas universidades estadounidenses, la pérdida tiene una dimensión presupuestaria inmediata. Los alumnos internacionales suelen pagar la matrícula completa o recibir menos ayuda financiera que los estudiantes nacionales. Por ello, Fitch Ratings ha señalado que una reducción sostenida de nuevas inscripciones internacionales puede afectar de manera desproporcionada a ciertas instituciones, especialmente aquellas que ya enfrentan presiones demográficas, menores ingresos por colegiaturas o dependencia de programas de posgrado.
El alcance es mayor que el de las finanzas universitarias. En el año académico 2024-2025, Estados Unidos recibió a 1 millón 177 mil 766 estudiantes internacionales, cerca de 6% de su población universitaria total. Esa comunidad sostiene gastos de vivienda, transporte, alimentación, seguros, servicios locales y actividades vinculadas a los campus. Además, participa en proyectos de investigación y abastece programas especializados donde la demanda de talento supera con frecuencia la oferta local.
Una señal sobre la capacidad de atracción del país
NAFSA, la principal asociación estadounidense de educación internacional, estima que una caída pronunciada de estudiantes extranjeros este otoño podría restar hasta 3 mil 400 millones de dólares a la economía nacional y poner en riesgo cerca de 40 mil empleos. La proyección ilustra que el estudiante internacional no es sólo un consumidor de educación: forma parte de una cadena económica que conecta universidades, ciudades universitarias, empleadores y centros de investigación.
La cuestión de fondo es si Estados Unidos puede endurecer sus procedimientos migratorios sin erosionar el atractivo que durante décadas lo convirtió en el principal destino de formación superior para jóvenes de todo el mundo. La reducción de solicitudes no prueba por sí sola un cambio permanente, pero sí revela que la incertidumbre ya está influyendo en decisiones tomadas mucho antes de que comience el semestre. Recuperar ese flujo requerirá más que llenar vacantes: exigirá restaurar previsibilidad en un sistema donde cada retraso o restricción puede llevar el talento hacia otro país.
