Jackson Hole, la hora de Warsh

Kevin Warsh llega al simposio de Jackson Hole bajo presión para despejar las dudas sobre la independencia de la Reserva Federal, su criterio para fijar tipos de interés y el alcance de la cooperación monetaria internacional. Su próxima intervención será observada como una prueba de credibilidad después de mensajes que, según los autores Marco Buti y Marcello Messori, han dejado incertidumbre sobre la orientación del banco central estadounidense.

El primer foco es su argumento de que la inteligencia artificial puede elevar la productividad, contener la inflación y permitir una política monetaria más flexible. Warsh ha asociado esa posibilidad con la postura de Donald Trump, favorable a recortes en los tipos oficiales. Buti y Messori cuestionan esa lectura: sostienen que la inversión masiva en IA podría estar alimentando una burbuja especulativa y que, aun si se materializaran ganancias de productividad, estas tenderían a elevar la tasa de interés natural y los rendimientos de largo plazo.

La discusión incorpora además el doble déficit estadounidense. Los autores señalan que el deterioro fiscal y de cuenta corriente, junto con una inflación por encima del objetivo del 2% de la Fed, ayuda a explicar los elevados rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo. Bajo esas condiciones, argumentan, el mandato de estabilidad de precios exigiría una postura restrictiva antes que una expansión monetaria.

29 de julio: una conferencia sin claridad

La segunda conferencia de prensa de Warsh, el 29 de julio, profundizó las preguntas. El Comité Federal de Mercado Abierto mantuvo los tipos sin cambios, con tres votos disidentes, una situación inusual tan pronto en el mandato de un nuevo presidente. Warsh debía explicar la lógica de la decisión y la pauta para los siguientes pasos, pero sus intervenciones sobre el procedimiento y su reiteración del objetivo de inflación del 2% no ofrecieron, según el análisis, una guía concreta sobre la función de reacción de la Fed.

Warsh planteó que los mercados pueden proporcionar la imagen “verdadera” de las expectativas de crecimiento e inflación y advirtió contra intervenciones discrecionales que distorsionen esas señales. Esa visión se aparta del énfasis que los bancos centrales han dado durante décadas a la transparencia. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, ha defendido que incluso en un contexto incierto los mercados requieren una orientación básica para entender cómo responderá la autoridad monetaria.

Sintra y la intervención sobre el yen

A principios de julio, durante el Foro de Sintra del BCE, Warsh afirmó que los ataques estadounidenses a la gobernanza global no impedirían la cooperación entre los principales bancos centrales. Poco después, el Tesoro pidió una intervención para respaldar al yen: para evitar efectos adversos sobre los rendimientos de la deuda pública estadounidense, Scott Bessent instruyó a la Fed a vender euros en vez de dólares, sin aviso previo a las autoridades europeas.

La operación se realizó mediante la Reserva Federal de Nueva York como agente del Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro. Pero intervenciones futuras de mayor escala que empleen las reservas propias de la Fed requerirían autorización del FOMC. La posición de Warsh ante ese eventual escenario será central para evaluar su compromiso con la cooperación internacional y su margen frente a la Casa Blanca.

La tensión se produce mientras miembros de la Fed afrontan presión política, incluidos nuevos ataques de seguidores de Trump contra la gobernadora Lisa Cook, pese al fallo de la Corte Suprema que le permite continuar en el cargo. Con las elecciones de mitad de mandato en el horizonte, Jackson Hole pondrá a prueba si Warsh puede defender la independencia institucional de la Reserva Federal ante un conflicto político abierto.

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