Intención de compra de vivienda cae al 20 %

El estudio de Fotocasa revela que el 20 % de los españoles que no compraron vivienda en los últimos doce meses planea hacerlo en los próximos cinco años. Esta cifra representa una reducción de tres puntos respecto a 2025 y coincide con el aumento del grupo que descarta por completo cualquier adquisición a medio o largo plazo, que pasó del 49 % al 52 %. La falta de ahorro suficiente se consolida como el principal obstáculo, citado por el 38 % de los encuestados, dos puntos más que en el primer semestre de 2025.

El ahorro insuficiente redefine las expectativas

La directora de Estudios de Fotocasa, María Matos, señala que no se trata de una pérdida del deseo de comprar, sino de un ajuste ante un mercado cada vez más tensionado. Esta interpretación cobra sentido cuando se observa que los jóvenes de 25 a 34 años siguen liderando las intenciones de compra con un 44 %, aunque el porcentaje haya bajado desde el 48 % del año anterior. El grupo de 18 a 24 años mantiene prácticamente la misma proporción, en torno al 38 %, mientras que a partir de los 55 años la intención cae hasta el 8 %.

El precio elevado de la vivienda actúa como segundo gran condicionante: un 28 % de los encuestados afirma que los precios frenan directamente su intención de compra y otro 28 % considera que las viviendas quedan fuera de su capacidad económica. En cambio, las condiciones hipotecarias pierden relevancia como barrera, mencionadas solo por el 11 % de los consultados, frente al 13 % de 2025 y al 18 % de 2024. Esta evolución sugiere que el acceso al crédito ha dejado de ser el factor determinante para muchas familias.

Perspectivas de compradores jóvenes frente a bancos

Los jóvenes de entre 25 y 34 años constituyen el segmento más relevante para el mercado futuro. Sin embargo, la encuesta se realizó en febrero de 2026, antes del repunte de tipos de interés registrado en junio, lo que podría modificar aún más las expectativas. Desde el punto de vista de las entidades financieras, la menor importancia concedida a las condiciones hipotecarias indica que los préstamos ya no representan el principal filtro, pero también refleja que muchos potenciales compradores ya se han autoexcluido por falta de ahorros iniciales.

Los promotores inmobiliarios, por su parte, enfrentan un escenario donde la demanda potencial sigue siendo sólida en términos absolutos, aunque más selectiva. El aumento del porcentaje de personas que descartan comprar a largo plazo hasta el 52 % sugiere que una porción creciente de la población ha interiorizado la imposibilidad de acceder a la propiedad en el corto o medio plazo, lo que podría derivar en un mayor recurso al alquiler durante más años.

El ajuste de expectativas no elimina la presión estructural

Una primera observación relevante es que la reducción de tres puntos en la intención de compra no implica necesariamente una caída proporcional en transacciones futuras. Muchos de quienes mantienen la intención de comprar en cinco años lo hacen con horizontes más largos y requisitos más estrictos, lo que podría traducirse en una demanda más cualificada pero de menor volumen anual. Esta dinámica favorece a quienes ya poseen ahorros o estabilidad laboral, mientras que amplía la brecha para quienes dependen exclusivamente de ingresos salariales medios.

Una segunda consideración apunta a la evolución del mercado de alquiler. Si el porcentaje de personas que descartan la compra sigue creciendo, la presión sobre el mercado de arrendamiento se intensificará, especialmente en grandes ciudades donde los precios de venta ya superan con creces la capacidad de ahorro de los hogares jóvenes. Este efecto secundario no aparece directamente en la encuesta, pero resulta coherente con el aumento de quienes sitúan la compra fuera de su alcance económico.

Riesgos de un mercado más selectivo

El descenso en la intención de compra entre los mayores de 55 años, aunque pequeño, añade un elemento adicional: este grupo suele contar con mayor capacidad de ahorro y patrimonio acumulado. Su menor interés podría reflejar una saturación del mercado de segunda residencia o una preferencia por mantener liquidez ante la incertidumbre económica. Si este comportamiento se consolida, el volumen de transacciones en segmentos de precio medio-alto podría verse afectado de manera desproporcionada.

Por último, la encuesta confirma que la falta de ahorro es el factor más persistente y en aumento. Cualquier política pública orientada a facilitar el acceso a la vivienda deberá abordar directamente este cuello de botella, ya sea mediante incentivos al ahorro, avales públicos o mecanismos de compra compartida. De lo contrario, la brecha entre intención declarada y capacidad real de compra seguirá ampliándose, independientemente de la evolución de los tipos de interés.

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