Hoy No Circula: orígenes y efectos en la movilidad urbana

El programa Hoy No Circula, que este miércoles 1 de julio restringe la circulación de vehículos con engomado rojo, placas terminadas en 3 y 4, y hologramas 1 y 2 en la Ciudad de México y 18 municipios del Estado de México, forma parte de una política ambiental de más de tres décadas. Su origen se remonta a 1989, cuando la capital mexicana enfrentaba niveles críticos de ozono y partículas contaminantes que superaban con frecuencia los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Las autoridades optaron entonces por una medida de emergencia que limitaba el uso de automóviles un día a la semana según el último dígito de la placa, con el objetivo inmediato de reducir emisiones vehiculares durante los episodios de alta contaminación.

Con el paso de los años el esquema evolucionó. En 1999 se introdujo el sistema de hologamas de verificación, que clasifica los vehículos según su antigüedad y nivel de emisiones. Esta modificación permitió diferenciar entre unidades más contaminantes y aquellas que cumplen normas más estrictas, aunque también generó debates sobre la equidad del programa. Los vehículos con holograma 00 y 0, así como los eléctricos e híbridos, quedan exentos, lo que refleja un intento de incentivar la renovación del parque vehicular.

El impacto ambiental del programa puede medirse a través de series históricas de calidad del aire. Datos de la Red de Monitoreo Atmosférico de la Ciudad de México muestran que los días de restricción registran reducciones promedio del 8 al 12 por ciento en concentraciones de dióxido de nitrógeno y partículas finas, aunque estos beneficios se diluyen cuando el crecimiento del parque vehicular compensa las reducciones por día. Un estudio del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático publicado en 2022 concluyó que, sin Hoy No Circula, los niveles de ozono en la zona metropolitana habrían sido un 15 por ciento superiores durante la última década.

En el ámbito de la salud pública, las restricciones vehiculares han contribuido a disminuir la incidencia de enfermedades respiratorias agudas. Hospitales del sector público en Iztapalapa y Ecatepec reportaron una baja del 7 por ciento en consultas por asma infantil durante periodos de aplicación estricta del programa entre 2018 y 2023. Sin embargo, el efecto no es uniforme: zonas con mayor densidad de transporte público informal siguen presentando concentraciones elevadas de contaminantes, lo que indica que la medida por sí sola no resuelve los problemas estructurales de movilidad.

Desde una perspectiva económica, el programa genera costos directos e indirectos. Los conductores afectados deben recurrir a transporte alternativo o reorganizar sus horarios, lo que incrementa el gasto en taxis, aplicaciones de movilidad y tiempo de traslado. Un análisis del Colegio de México estimó que las restricciones diarias representan una pérdida equivalente al 0.3 por ciento del producto interno bruto de la zona metropolitana por concepto de productividad laboral. Al mismo tiempo, el esquema estimula la demanda de vehículos con holograma 0 o eléctricos, favoreciendo a ciertos segmentos del mercado automotriz y a la industria de recarga.

La dimensión social revela desigualdades persistentes. Los vehículos más antiguos, que suelen pertenecer a hogares de menores ingresos, enfrentan mayores probabilidades de restricción. En municipios como Nezahualcóyotl y Chimalhuacán, donde el ingreso promedio es inferior al de alcaldías centrales, la proporción de autos con holograma 1 y 2 supera el 60 por ciento. Esta situación obliga a muchos trabajadores a depender de transporte público saturado o a incurrir en gastos adicionales, amplificando brechas de acceso a oportunidades laborales y educativas.

A largo plazo, Hoy No Circula actúa como catalizador de cambios en la planeación urbana. La exención de vehículos eléctricos ha coincidido con un aumento del 340 por ciento en la venta de estos automóviles entre 2019 y 2025 en la Ciudad de México. Gobiernos locales han respondido con incentivos fiscales y ampliación de infraestructura de carga, aunque la red sigue concentrada en zonas de altos ingresos. Al mismo tiempo, el programa ha impulsado debates sobre la necesidad de fortalecer el transporte masivo, como la ampliación de líneas del Metro y la mejora de sistemas de autobús de tránsito rápido.

El futuro del esquema enfrenta desafíos relacionados con el cambio climático y la electrificación. Si el parque vehicular sigue creciendo al ritmo actual, las reducciones porcentuales logradas por las restricciones diarias podrían resultar insuficientes para cumplir metas nacionales de reducción de emisiones al 2030. Expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente sugieren que medidas complementarias, como la restricción permanente de vehículos sin verificación actualizada o el establecimiento de zonas de bajas emisiones, serían necesarias para mantener la eficacia del programa en las próximas décadas.

En síntesis, Hoy No Circula trasciende su función inmediata de control diario de circulación. Su trayectoria ilustra cómo una política de emergencia puede transformarse en herramienta de gestión ambiental de largo plazo, con efectos que abarcan desde la calidad del aire hasta la distribución de oportunidades económicas y sociales en la megalópolis. La efectividad sostenida dependerá de su capacidad para adaptarse a un parque vehicular en transformación y a las exigencias de una población que demanda tanto movilidad eficiente como entornos más saludables.

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